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Fútbol

Superclásico de Libertadores: el Boca de Gustavo Alfaro

Boca volverá a enfrentarse al River de Gallardo, nueve meses después de uno de los golpes más duros de su historia.

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296 días después de la derrota frente a River en el Santiago Bernabéu en la final de la Copa Libertadores, Boca volverá a enfrentarse en el escenario continental al enigma indescifrable que durante el último lustro encarnó el equipo de Marcelo Gallardo. La caída en uno de los partidos más importantes de su historia provocó un cisma en el club. Un renovado Xeneize afrontará una abrupta revancha que promete repetirse durante los próximos años a nivel internacional: la diferencia entre los dos grandes argentinos con respecto al resto del continente es abismal.

Guillermo Barros Schelotto agotó el crédito de su idolatría con el fracaso madrileño. Varios referentes también. Ozymandias, rey de reyes, en decadencia mientras el rival de toda la vida festeja en un desierto convertido en tierra fértil. El tercer cachetazo Millonario forzó una renovación total de un club destinado al naufragio. Como símbolo, alcanza un breve repaso del once titular de aquella convulsionada definición: apenas cuatro jugadores -Esteban Andrada, Julio Buffarini, Carlos Izquierdoz y Sebastián Villa- siguen formando parte del plantel.

Tras el cimbronazo, Boca reconstruyó su estructura. El primer paso fue la contratación de Nicolás Burdisso como director deportivo. Su intervención fue determinante para evitar que Daniel Angelici contratara a Antonio Mohamed. “Si Burdisso no llegaba, hoy yo sería el técnico de Boca. No llegué por él”, confesó el propio Turco durante su efímera tercera etapa como técnico del Globo.

El elegido de Burdisso fue Gustavo Alfaro. Lechuga se había ganado el corazón del hincha de Huracán a fuerza de resultados pero la oferta que llegó desde La Boca era imposible de desechar. Aquel Boca golpeado representaba su segunda oportunidad de dirigir a un grande argentino tras su breve etapa en San Lorenzo. La apuesta era arriesgada: “Boca no tiene purgatorio, es cielo o infierno. Es ganar y salir campeón“, declaró en su presentación del 2 de enero.

Tras la turbulencia natural de la derrota en Madrid, sobrevivió a la histeria de los primeros seis meses con un plantel desbalanceado incapaz de adaptarse a su propuesta. Disimuló las falencias estructurales con remiendos, aunque su Boca era un equipo sin identidad. Recuperó a Mauro Zárate y a Bebelo Reynoso, ambos postergados por Barros Schelotto. Alfaro cumplió con sus objetivos inmediatos: clasificó a octavos de final de Copa Libertadores, clasificó a la edición 2020 y alcanzó la final de la Copa de la Superliga. La derrota frente a Tigre, inmerecida por su trámite, empañó su producción por el sabor amargo de otra final perdida.

Sabía que esto requería su tiempo, es lo que traté de ganar en el primer semestre. Pateaba la pelota para adelante mientras trataba de ir sembrando una identidad, que sea adquirida con el tiempo”

Gustavo alfaro

De Lechuga a El Profesor en nueve meses, primero unió al vestuario y después consiguió edificar un equipo a su imagen y semejanza en su segundo semestre. Dotó de identidad, un símil Falcionismo 2.0, a un plantel convencido de su propuesta. En cualquier cancha, ante cualquier rival, en cualquier escenario, el Boca de Alfaro aplica su plan camaleónico con eficacia porque cree en sus mandamientos mientras desde afuera cuestionan su estética en un nuevo capítulo de la confusa discusión entre quienes no diferencian jugar bien de jugar lindo.

Nueve meses después, consiguió rejuvenecer a un equipo hundido. Del innegociable 4-3-3 de Guillermo al pragmatismo de Alfaro para, por ejemplo, sobrevivir en el Monumental con un once disminuido en un clásico inconveniente cuyo peligro era concreto: perder podía minar la moral del plantel y dinamitar las bases del Alfarismo.

Allí hubo tiempo de necesidad de conocimiento mutuo, de pruebas, de ensayos, de situaciones. Después estuvo un mercado en el medio donde buscamos perfiles y eso nos permitió empezar a tener otra identidad de equipo, más emparentada a lo que uno quiere y a lo que yo creo que es Boca”

Quería recuperar esos valores porque sé que esos son los valores intrínsecos y necesarios para pelear una Libertadores. No la vas a ganar con estética, obviamente necesitás el talento pero la Copa la ganás con hombría, con inteligencia, solidaridad, generosidad y hambre”, reflexionó después de imponerse a Liga de Quito en cuartos de final de la Libertadores.

El desenlace, aunque injusto, se decidirá en menos de un mes: el cielo o el infierno, no hay término medio para un ciclo cuyo destino dependerá del resultado de las semifinales. Alfaro lo sabe. “Qué finito es el fútbol para que dos partidos te digan si tu trabajo es bueno o malo. Pero sé que es así, eso se va a definir de acuerdo a si pasamos a River o no. De nada sirve todo lo anterior”. River, el estigma Xeneize de los últimos años, será su prueba de fuego. La final antes de la final.

La era de la madurez

“En mi primera conferencia dije que quería recuperar la mística histórica de lo que es Boca. Este club siempre estuvo emparentado a ese tipo de fragor popular, la intensidad, la hombría, de equipo que se planta. Y eso no se consigue de un día para el otro, es todo un aprendizaje. Eso es madurez también”

Gustavo alfaro, después del 3-0 frente a Liga de Quito por los cuartos de final de la copa libertadores.

Marcelo Gallardo aterrizó en La Bombonera para la primera final de la Copa Libertadores con una inédita línea de cinco que sorprendió a Guillermo Barros Schelotto. River fue arrollador durante 26 minutos hasta la lesión de Cristian Pavón, una paliza táctica que demostró la diferencia sustancial entre la influencia de ambos técnicos. Guillermo ajustó con el ingreso de Darío Benedetto y, renunciando por primera vez a su 4-3-3, emparejó el trámite.

Guillermo fue campeón del fútbol argentino sostenido sobre las individualidades de uno de los mejores planteles de América pero falló en los cruces coperos, demostrando su principal falencia: la previsibilidad de su formación plasmaba su incapacidad para generar un impacto desde la pizarra. De la otra vereda, el contraste de un Gallardo que potencia, anímica y futbolísticamente, a su equipo a partir de sus decisiones desnudó aún más sus defectos.

En contraposición a Guillermo, e incluso a Rodolfo Arruabarrena, Alfaro asumió en Boca y rápidamente demostró su maniobrabilidad para gestionar jugadores de perfiles disímiles y formaciones distintas con pequeños retoques tácticos dependiendo del rival, del escenario y del contexto. Durante su segundo semestre, con jugadores polifuncionales capaces de cubrir diferentes posiciones sobre el campo, probó diferentes variantes hasta alcanzar su mejor versión. Hoy Boca es un equipo imprevisible para el rival.

Con el orden, la solidez y el sacrificio como banderas, Alfaro fue construyendo certezas de atrás para adelante. Afianzó a Esteban Andrada como indiscutido bajo los tres palos, edificó una defensa cada vez más amalgamada con Lisandro López como pilar, probó alternativas hasta recuperar al mejor Iván Marcone y construyó un mediocampo en el que todos juegan y todos corren. Acopló a los refuerzos, sentó en el banco a pesos pesados y recurrió a las inferiores para encontrar las piezas que le faltaban para su once ideal.

El sistema

Después de múltiples exámenes, el laboratorio de Alfaro entregó una conclusión: la formación que mejor se ajusta a este Boca es el 4-1-4-1. Lechuga recurrió al sistema en sus últimos partidos grandes: en la serie de cuartos de final frente a Liga de Quito, en el Superclásico en el Monumental por la Superliga y en el clásico frente a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro.

El triángulo en el mediocampo es la clave del once de Alfaro. Después de una estrepitosa caída en su rendimiento, Marcone se reencontró con su mejor nivel cuando volvió a jugar como único cinco, con Mac Allister y Capaldo por delante como interiores. Uno de los refuerzos que más rindió con la camiseta de Boca en el último lustro y uno de los pocos productos de las inferiores que se logró afianzar en primera, dos box to box modernos cuyo despliegue marca el ritmo acompasado del entramado colectivo que impera en Boca.

Tras destacarse por ambos flancos, Alexis brilló como interior donde juega y hace jugar gracias a su calidad y su inteligencia, pero donde también raspa gracias a su entrega. Con mayor libertad, puede soltarse para darle la estocada final a la defensa con un pase filtrado para encontrar al nueve o con su propia conducción. Mac Allister es la síntesis del Alfarismo.

Boca en defensa

La propuesta es simple: todos corren y todos meten. El primer mandamiento de Alfaro es evidente: todos tienen tareas defensivas. El compromiso y el sacrificio son imprescindibles en un equipo en el que cada una de sus piezas está convencida de su tarea. Existe un mérito insondable de Alfaro en conseguir que incluso los más díscolos se hayan adaptado a su estricto régimen.

El nueve -Wanchope, Hurtado o Soldano- es el primer defensor. También es el único que queda por delante de la línea de la pelota, tapando la proyección de los centrales, cuando el rival tiene la posesión.

Boca se repliega automáticamente, por detrás de la mitad de la cancha, con un semblante pasivo hasta que el oponente se planta en campo contrario. Según OPTA, Boca es el 14º equipo en la Superliga en secuencias presionadas y 11º en pases por acción defensiva. Incluso la diferencia en Copa Libertadores con respecto a River es grande, una cabal demostración de la actitud defensiva de los protagonistas de la semifinal.

La pasividad de Boca dura hasta que el rival pone un pie en la parcela Xeneize: el interior correspondiente a cada sector -Mac Allister si atacan por la izquierda, Capaldo si atacan por la derecha- se activa y ejerce una presión automática sobre quien transporta la pelota. La presión en campo propio es permanente y ninguno de los involucrados se entrega al ridículo: recupera su posición y se reagrupa para mantener la línea.

Durante su etapa pasiva, los cinco mediocampistas tapan líneas de pase. Los dos volantes por afuera custodian que los laterales no pasen al ataque y, si los centrales intentan un pelotazo, Lisandro López y Carlos Izquierdoz despejan la amenaza. Con un equipo rocoso que se cierra bien atrás, López e Izquierdoz se lucen en el juego aéreo. Otro mérito de Alfaro: potenciar las virtudes de sus piezas desde lo estructural.

Si el adversario consigue saltar líneas y empieza a avanzar, Boca retrocede. El de Alfaro es un equipo corto que se abroquela, sin conceder espacios, en torno al área de Esteban Andrada. El objetivo es uno solo: que el área sea un terreno inexpugnable.

Es complejo sostener el andamiaje, sin fisuras, durante noventa minutos. Con un plantel convencido de que la fórmula es la indicada para este momento, Boca lo consigue. La concentración permanente de todos sus eslabones para no incurrir en errores es un mérito que suele subestimarse.

Ante cualquier error o distracción, aparece un Andrada colosal. Con apenas un gol en contra en el semestre, es la gran figura Xeneize. Con naturalidad y sencillez resuelve las acciones más complejas en partidos de trámites diversos: puede sostener a Boca en partidos ampliamente desfavorables como frente a Banfield o intervenir en un puñado de situaciones aisladas en juegos que su equipo domina sin problemas.

Andrada se afianza como uno de los mejores arqueros de América gracias a su completo repertorio: rápido de reflejos, inteligente para resolver a partir de su ubicación, con sobriedad en el juego aéreo, buena lectura para anticipar como líbero en situaciones extremas y con una precisa pegada para ubicar a sus compañeros en posiciones favorables en ataque. La única incógnita en torno a su figura, consolidada como indiscutido en el arco azul y oro, es su respuesta en situaciones críticas: falló en la final de la Copa de la Superliga y dejó dudas en la final en Madrid frente a River. Andrada en particular y Boca en general aprobar el examen mental.

Boca en ataque

El complemento lógico de su faceta defensiva es el contragolpe como recurso ofensivo. Boca roba en campo propio y se lanza al ataque. Marcone es el primer pase, rápido en busca de uno de los dos interiores para desatar el caos. El talento individual que Alfaro tiene a disposición marca la diferencia. En ese esquema sólido y ordenado, el mismo mediocampo que se inmola en defensa tiene las virtudes necesarias para lastimar gracias a su manejo, su despliegue, su pegada y su jerarquía.

De los nombres propios que Alfaro escoja dependerá el semblante de Boca. El triángulo en la mitad de la cancha debería salir de memoria: Marcone de cinco con Alexis y Capaldo como interiores. Las incógnitas de cara al Superclásico de semifinales se suscitan en los flancos.

En la derecha, la posible ausencia de Eduardo Salvio truncó la planificación ideal de Alfaro. Las variantes son dispares. Franco Soldano, nueve improvisado en la posición, podría repetir como en la visita al Monumental por la Superliga con la intención de ser el foco de los pelotazos para sortear la asfixiante línea de presión Millonaria.

Si bien Sebastián Villa, relampagueante pero falible en la definición, sería la opción lógica para reemplazar a Salvio por características naturales, la disciplina de Soldano podría inclinar la balanza en su favor. En ataque, el objetivo de su presencia es generar situaciones frente a Casco. El ejemplo que encarna la idea es el gol que Nelson Haedo Valdez le convirtió a River en Paraguay.

Sea Soldano o Villa, cualquiera de los dos tendrá que hacer el esfuerzo de retroceder para evitar la superioridad que suele generar Milton Casco en ataque.

En la izquierda, donde el elegido también tendrá que replicar su entrega para retroceder con Gonzalo Montiel, Bebelo Reynoso parece haberle ganado la pulseada a Mauro Zárate. El ex Talleres le aportará mayor caudal futbolístico, juntándose con Mac Allister, para marcar el pulso e intentar arrebatarle la pelota a River y manejar los tiempos del partido a un rival que, en la intensidad de la transición, es letal. Reynoso, además, mostró mayor ductilidad para entorpecer las líneas de pase rivales. Zárate, con más gol y mayor proyección ofensiva, parece relegado.

El plan de Boca es sencillo pero efectivo. Wanchope Ábila es el nueve indiscutido tras la salida de Darío Benedetto. Recuperado de la lesión pero con poco rodaje, su influencia en la propuesta de Alfaro es determinante. Cada intervención suya, batallando con los centrales rivales, oxigena a un equipo que lo busca como salida. Ábila responde, imponiéndose gracias a su poderío físico, ejerciendo como válvula de escape ganando tiempo para que la línea de cuatro mediocampistas por delante de Marcone se sume al ataque.

La receta

Alfaro asumió en Boca sabiendo que River es la deuda pendiente de un club que durante los últimos cinco años fue campeón local y protagonista internacional. Sin embargo, Gallardo fue un enigma sin solución. La iniciativa más audaz, de igual a igual, que plantearon Arruabarrena y Barros Schelotto no funcionó. Boca no parece estar en condiciones de plantear un partido de ida y vuelta, golpe por golpe, frente a River.

Desde que desembarcó en La Boca, utilizó sus nueve meses como banco de prueba para parir el equipo que afrontará el desafío más exigente de su carrera, un duelo que definirá el destino de su ciclo en Boca.

El plan funcionó, en el apartado defensivo, por la Superliga. Limitar a River a un ataque posicional es la mejor opción para condicionar al mejor equipo de América. Con el retorno de Wanchope Ábila, Boca tendrá un salto de calidad en el puesto de nueve. Si Salvio finalmente es titular, la estrategia que aplicó Alfaro en el 0-0 podría ganar mayor sustancia y conseguir que sea efectiva desde la jerarquía de los nombres propios. La salida de Daniele De Rossi, con Marcone en su posición y Alexis como interior, le permitirá a Boca buscar a Mac Allister a espaldas de Enzo Pérez.

Salir a atacar a este River es prácticamente suicida. Racing, el último campeón argentino, puede dar fe. La mejor apuesta para el Boca de Alfaro es cerrarse atrás para cortar las líneas de pase, limitar los pasillos interiores, bajarle el ritmo al partido y provocar los centros a un área en donde Izquierdoz y López deberían imponerse a Borré y Suárez. En definitiva, Boca tendrá que repetir el escenario que más incomoda a River para evitar someterse a la transición con espacios en la que el conjunto de Gallardo se luce. Con el juego aéreo a su favor y la pelota parada como una de sus grandes ventajas con respecto a su acérrimo enemigo, el Xeneize apostará por un plan tan falible como cualquier otro.

Dos incógnitas se erigen en torno al Xeneize. ¿Cómo reaccionará, el equipo en general y Alfaro en particular, si se encuentra en desventaja? La segunda, más previsible: Boca tendrá que resolver el factor emocional y anímico del peso de su historia reciente cuando se mida nuevamente a la bestia negra que estropeó su último lustro.

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Fútbol

Lado Baldo S01E01: Los días de Román

Juan Román Riquelme hizo gozar durante tres años al Villarreal de España.

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Juan Román Riquelme es el mejor jugador de la historia del Villarreal. Mientras combate en otras trincheras, viajamos al pasado para recorrer aquellos años inolvidables. 

Invitados

Rodolfo Arruabarrena, referente histórico del Villarreal que compartió equipo con Riquelme. 

Javier Pérez (@javperez11), periodista de El País. 

Abrahán Guirao (@TurboLover1984), integrante del podcast Riquelmes y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Unai Macias (@UnaiMacias), periodista e integrante del podcast Riquelme y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Los momentos inolvidables de Román en Villarreal:

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Fútbol

El desembarco del súper-agente Bragarnik en el fútbol español

El representante argentino compró Elche, un club endeudado pero con un buen activo futbolístico

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Bragarnik

El escueto comunicado de prensa no dice mucho más que las formalidades del caso, pero resulta suficiente para darle el puntapié inicial a un nuevo proyecto en el fútbol español. “El Elche CF SAD comunica a todos los accionistas y a los aficionados en general que TENAMA INVERSIONES SL y SCORE CLUB 2019 SL, grupo inversor liderado por el empresario argentino Christian Bragarnik, han cerrado el acuerdo sobre la compraventa del paquete accionarial mayoritario del club. Con la mencionada operación, ambas partes esperan dotar al Elche CF SAD de los recursos necesarios para la estabilidad y crecimiento del Club”, cuentan. Así, se confirmó el desembarco: el súper-agente del fútbol argentino abrió sus oficinas en el sudeste ibérico.

El acuerdo se selló en las primeras horas de diciembre, pero la negociación se inició en el verano europeo y tuvo un punto llamativo en septiembre, en la previa de un partido de la selección argentina en Elche: Bragarnik apareció en un palco privado del estadio Martínez Valero junto a Daniel Angelici, presidente de Boca.

Por entonces, se sabía que el poderoso agente llevaba varias semanas en España negociando su entrada al club de Alicante. El hombre que llevó a Diego Maradona a Dorados de Sinaloa y que influyó en la posterior contratación por parte de Gimnasia y Esgrima se juntó con José Sepulcre, el máximo accionista del club ilicitano, y fue tejiendo una alianza hasta llegar al acuerdo definitivo. Eso sí, en el mercado de pases ya había dado un primer paso futbolístico: llevó al paraguayo Danilo Ortíz (exRacing, Godoy Cruz, Banfield y Dorados) con un acuerdo de “mínimo costo salarial” y “sin comisiones de por medio, y colaboró con dos millones de euros para poder inscribir el plantel en las oficinas de la Liga. Un claro mensaje de quién se hacía cargo de las contrataciones y el artilugio perfecto para saltar el control económico impuesto sobre el club de Segunda división.

Los principales reportes de la prensa española destacan una operación de 22 millones de euros por el 70% de las acciones de Sepulcre y el supuesto acuerdo ante dos causas que ponían en jaque la economía del club: la posible decisión de recuperación de dinero público de la Comisión Europea (4.1 millones de euros) y la causa judicial con la mercantil Eventos Petxina, que hasta noviembre tenía el derecho del 50% de los traspasos de Elche.

La gran incóngita es si Bragarnik llega solo junto al abogado Ricardo Pini (estuvo cerca de comprar Girona en 2015) o si también se suma Angelici como socio del grupo Score Club 2019. Este último termina su mandato como presidente de Boca este año y quedaría libre de poder sumarse al proyecto. Algo está claro: ya no causaría sorpresa.

Hoy con traje de “súper-agente” y ya con un pie en España, la carrera de Bragarnik tuvo su clic desde un videoclub, más allá de haber tenido un contacto efímero con el fútbol de ascenso, donde integró planteles e hizo inferiores como un volante de marca que sufría de las continuas lesiones. Trabajó en un supermercado chino, fue telefonista en una red de farmacias y después tuvo un videoclub, donde grababa partidos enteros y contaba con una envidiable videoteca. Un día armó un video de un jugador para un representante y después no paró más.

¿Qué objetivos tiene Bragarnik a corto plazo? El club necesita oxígeno en sus arcas y algo más de puntos en la tabla de Segunda. Al momento de la compra, Elche marcha séptimo, 27 puntos y a 12 del líder Cádiz. En la división de plata hay cierta paridad en el primer pelotón, con Almería, Huesca, Fuenlabrada y los siempre complicados Girona y Zaragoza dando pelea. Atrás de ese grupo está Elche, que tendría apuntar a tres o cuatro contrataciones clave durante el mercado invernal para apuntarle al ascenso o, al menos, a los playoffs (suben directo los dos primeros y del 3° al 6° buscan una tercera plaza).

Con el arribo de Bragarnik se produce la segunda inversión argentina en 2019 en el fútbol de España. El primero fue Antonio Caselli, quien tomó las riendas del Burgos CF, de Segunda B. Caselli desembarcó a mitad de 2019 y el consejo ya está presidido por Franco, su hijo. En la última asamblea no solo aprobaron el ejercicio anterior sino que también dieron luz verde al presupuesto más ambicioso de la historia reciente del club. Caselli invertirá 4.3 millones de euros y construirá una ciudad deportiva, con cinco canchas de fútbol, un gimnasio, un centro médico, un hotel y un restaurante. El Burgos, desde la tercera división, también quiere hacer ruido con una abultada billetera albiceleste.

Imperio Bragarnik: el informe especial de TyC Sports

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Fútbol

Flamengo campeón: el mundo en dos jugadas

El Mengao consiguió su segunda Copa Libertadores en una definición dramática.

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Si Flamengo iba a conquistar la segunda Copa Libertadores de su historia, exactamente 38 años después de ganar la primera, tenía que ser así. Si River, la dinastía sudamericana del último lustro, iba a perder una final tenía que ser así. El Millonario de Marcelo Gallardo maniató al indomable Mengao de Jorge Jesús, lo redujo a su mínima expresión, Rafael Santos Borré capitalizó un error defensivo y durante 89 minutos construyó méritos para quedarse con su quinto trofeo continental.

Pero Flamengo obró el milagro: su peor jugador de la tarde convirtió dos goles en tres minutos. Las dos dianas de Gabriel Barbosa, Gabigol para la ocasión, dinamitaron las ilusiones riverplatenses. El fútbol es así, lo sabe Filipe Luis y lo explicó a la perfección, sobre el campo de juego, ni bien consumada su consagración: “Jugamos muy mal, esa es la verdad. Si me preguntas si merecíamos la copa, tengo que ser honesto, diría que no. River hizo todo para ganarla, fue un gran equipo que nos cortaba todo, pero tal vez el destino tenía la gloria preparada para nosotros. Así es el fútbol”.

River borra a Flamengo

Marcelo Gallardo volvió a descifrar el antídoto para frustrar la ingeniería de un rival aplastante. La clásica presión alta de River interrumpió los circuitos de juego de un Flamengo que no tenía un plan alternativo. En cuatro meses, Jorge Jesús consiguió la utopía de afianzar una identidad que generalmente necesita más tiempo pero le faltaron semanas para diseñar un segundo sistema.

Las virtudes del Millonario desnudaron un sistema defensivo endeble que, sin la pelota ni la posibilidad de dominar a partir de la posesión, nunca resolvió la asfixiante presión alta riverplatense. Con las líneas adelantadas, River propuso duelos individuales en campo contrario para domar a los laterales e impedir su proyección. En una mitad de cancha atiborrada, Rafinha, Rodrigo Caio, Pablo Marí y Filipe Luis no encontraban desahogo. Los movimientos de salida habituales, con Willian Arāo metido entre los centrales abiertos para empezar a construir su avanzada, eran imposibles de ejecutar. El pelotazo en largo, fuera del libreto habitual, era la única solución.

Flamengo estaba incómodo pero no claudicaba: arriesgaba, sin éxito desde el fondo, jugada tras jugada. Sin embargo, le faltaba tensión, superado por el contexto, el escenario y principalmente por el rival. Todas las divididas eran de River. El carácter probado en múltiples finales, la mística construida durante el último lustro, marcaba la diferencia.

Mientras Rafinha duplicaba y triplicaba sus esfuerzos para superar líneas en conducción, la espalda de Filipe Luis era una invitación para un River que lastimaba por su flanco derecho. En el tercer ataque consecutivo por su sector llegó el gol en una jugada clásica del conjunto riverplatense: Enzo Pérez recuperó en tres cuartos, encaró y filtró un pase para Nacho Fernández que lanzó el centro atrás. Borré aprovechó la confusión de un área colmada de camisetas rubro-negras para recibir, girar y marcar el 1-0.

Con la ventaja en el marcador, River se adueñó definitivamente del trámite. Flamengo estaba desconcertado y no encontraba una solución. Jorge Jesús se enfurecía en el banco de suplentes porque Gabriel Barbosa no participaba pero era una víctima más de la superioridad Millonaria durante un primer tiempo en el que el Mengao no conseguía desplegar su arsenal ofensivo.

No fue un primer tiempo perfecto porque le faltó ser más incisivo. El despliegue descomunal de Exequiel Palacios, Nicolás De la Cruz y Borré condicionaba al Flamengo pero el equipo de Gallardo reprodujo las falencias ofensivas que evidenció durante todo el semestre: la ausencia de un creativo le impidió exprimir al máximo cada pérdida del elenco brasileño. Enzo Pérez, en una de las mejores producciones de su carrera, fue el metrónomo rojiblanco. Todo, como siempre durante el último año, pasaba por él.

River limitó y desdibujó a Flamengo pero le faltó pericia para liquidar a un rival al borde del nocaut. En un primer tiempo de guión similar a aquel clásico frente a Racing por la Superliga, al Millonario le faltó desplegar su versión más sanguinaria. Rodrigo Caio, Pablo Marí y Willian Arao sostuvieron una resistencia in extremis.

Diego como respuesta

El segundo tiempo ofreció un semblante similar aunque el desgaste de la incesante presión desplegada durante la primera etapa empezó a pasarle factura a un River que, aunque no producía en cantidad, tenía el partido bajo control. Parecía la tarde indicada para el gigante argentino cuando Franco Armani apareció en todo su esplendor para obrar su enésimo milagro ante Éverton Ribeiro en la primera jugada colectiva de Flamengo en todo el partido.

Para colmo, justo cuando Gerson empezaba a influir en el partido, el crack sufrió una lesión y tuvo que salir de la cancha. Era la peor noticia para Jorge Jesús: con su impresionante facilidad para proteger la pelota, había asumido el liderazgo de su equipo. Todas las señales eran negativas para Flamengo. Pero desde el banco emergió Diego, con sus 34 años a cuestas, y reescribió la historia.

El ex Juventus y Atlético Madrid hizo gala de su experiencia y jerarquía para asumir la conducción en el momento más caliente del partido, justo cuando la hinchada más numerosa del mundo empezaba a dudar. Bajo su dirección, apuntalado por Willian Arao, creció su equipo. Por primera vez, después de setenta minutos, Flamengo se instaló con consistencia en el campo contrario: Bruno Henrique recibía con ventaja de frente al arco y Éverton Ribeiro había encontrado a un socio que lo auxiliara en la gestación.

Mientras tanto, River empezaba a fundirse. Los últimos quince minutos, aunque con dificultades en el último tramo, el Mengao sometió a la formación de un Gallardo que no encontró respuestas en los cambios. Primero sacó a Nacho Fernández por Julián Álvarez, después confió en Lucas Pratto para ocupar el lugar de Borré y finalmente se vio forzado a reemplazar a Milton Casco con Paulo Díaz. Tal vez por primera vez en su ciclo, su mano fue contraproducente para un equipo que perdía cada vez más terreno.

“Nos faltó defendernos con la pelota de mejor manera y nada más. Estas son las derrotas que duelen, porque estuviste a nada de quedarte con el trofeo, y se te escapa. Y eso genera angustia. Nos ha tocado ganar muchas veces, y cuando te toca perder hay que saber hacerlo”, reflexionó después del partido.

Diego marcaba el pulso. Un pase en profundidad suyo y una arremetida de Bruno Henrique condicionaron a Enzo Pérez, amonestado a los 70′ después de otra infracción, un recurso sistemático para interrumpir la avanzada rival. Cinco minutos más tarde, Diego robó en campo propio y escaló hasta el área en una jugada que terminó con una chilena de Giorgian de Arrascaeta. Inmediatamente, siempre Diego, filtró un pase por la izquierda para encontrar a Gabriel Barbosa en soledad. Sin convicción, en una tarde para el olvido, lanzó un centro débil que terminó en frustración.

Gabriel Barbosa había sido el peor de los 87 minutos iniciales. Desconectado, fuera de tiempo, encarcelado por Javier Pinola y Lucas Martínez Quarta, casi no participó. Cada una de sus intervenciones terminaba en decepción. Su producción en la final parecía una frustración más en su carrera. Pero cuando ya nadie creía, Gabigol mantuvo intacta su fe, apareció por el segundo palo para empatar y aprovechó el primer error de la dupla central para el segundo.

Giorgian de Arrascaeta construyó el primer gol: le robó la pelota a Lucas Pratto en su propio campo y le sirvió el 1-1 a Gabigol después de una fantástica arremetida de Bruno Henrique. El delantero brasileño, reconvertido después de vivir toda una vida en el extremo izquierdo, fue merecidamente premiado como el mejor jugador de la Copa Libertadores.

El empate agónico hundió a un River sin reacción. Pinola falló en el cálculo ante un pelotazo de Diego y Gabigol, optimista como pocos, impuso su fortaleza física y castigó con un poderoso zurdazo que reescribió su historia, la historia de su club, en tres minutos. En su zurda vivía el milagro del Flamengo campeón.

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