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Fútbol

Superclásico de Libertadores: el River de Marcelo Gallardo

Fuerza dominante del fútbol sudamericano, disputará su cuarta semifinal en el último lustro, otra vez frente a su histórico rival.

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River se ha convertido en una constante copera durante el último lustro: jugará su cuarta semifinal en los últimos cinco años. En 2015 fue campeón después de eliminar a Boca en octavos de final; en 2017 sucumbió increíblemente a manos de Lanús y en 2018 derrotó a su acérrimo rival en una definición caótica. En 2019 se reencontrará con el Xeneize, el estigma al que domó y transformó en víctima, en un ida y vuelta atrapante que podría repetirse en el futuro. El dominio de ambos a nivel continental es contundente.

Si Boca aterriza en la serie con la carga emocional de la derrota en Madrid, el Millonario es su antítesis. Marcelo Gallardo consiguió transformar a un equipo acostumbrado a la tristeza internacional en una fuerza dominante prácticamente invencible. En el camino desarmó a la bestia negra que representaba la camiseta azul y oro. El páramo se convirtió en la tierra prometida para un equipo protagonista de múltiples noches épicas. En las últimas cinco ediciones, River cosechó el 59% de los puntos y superó 12 de las 14 series que afrontó, además de los dos títulos que celebró.

Es la etapa más gloriosa de su gloriosa historia. Del infierno al cielo en ocho años, una reconstrucción utópica hasta para el más optimista de todos sus hinchas. De la página más triste a la más feliz, del 26 de junio de 2011 en Núñez al 9 de diciembre de 2018 en Madrid, River se reconstruyó con Ramón Díaz como piedra basal y ahuyentó los fantasmas del pasado de la mano del Muñeco.

La vigencia en el fútbol moderno es un desafío inalcanzable para la mayoría. Estar en reconstrucción permanente y mantenerse como protagonista en un fútbol empobrecido que se ve obligado a exportar es un privilegio de pocos. La estabilidad del proyecto es incuestionable.

El pasado 5 de agosto se cumplieron cuatro años del triunfo frente a Tigres en el Monumental. De aquella formación, entre titulares y suplentes, hay un único sobreviviente: Leonardo Ponzio, quien no fue convocado para el partido de ida en El Monumental por una lesión en el tendón del aductor derecho.

Si cuatro años en el fútbol argentino son un milenio, no hace falta retroceder tanto en el calendario para encontrar los coletazos del éxodo. Respecto al duelo en el Santiago Bernabéu, River perdió a Gonzalo Martínez y a Jonatan Maidana (Toluca). El Pity, verdugo de Boca durante los últimos años, emigró a la MLS para vestir la camiseta del Atlanta United. Juan Fernando Quintero, quien recibió el alta tras su rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda, tampoco estará presente en la ida aunque podría apuntarse al partido de vuelta.

Entre la primera Libertadores y la inminente semifinal, un único nombre propio se repite, ideólogo de cada una de sus hazañas recientes: Marcelo Gallardo.

El factor Gallardo

Diez títulos ganó Marcelo Gallardo desde que asumió en River el 30 de mayo de 2014: dos Libertadores, tres Recopas Sudamericana, una Copa Sudamericana, una Suruga Bank, una Supercopa Argentina y dos Copas Argentina. El denominador común es evidente: el Muñeco es un estratega prácticamente imbatible en el mata-mata. El dato es irrefutable: se impuso en 49 de sus 60 cruces a eliminación directa.

“Que la gente crea, porque tiene con qué creer”

Marcelo gallardo antes de la final de la copa libertadores 2018

Napoleón, el estratega, vapuleó en el duelo táctico a Rodolfo Arruabarrena primero y a Guillermo Barros Schelotto después. Obsesivo en la preparación, sacó un as bajo la manga en los cuatro Superclásicos. Imprevisible e indescifrable, su influencia quedó plasmada en la última final. Apostó por una línea de cinco defensores en su visita a La Bombonera con la que su equipo se llevó por delante a Boca hasta la lesión de Cristian Pavón. En la vuelta, sacó a Leonardo Ponzio para darle ingreso a Juan Fernando Quintero, quien sería determinante en el alargue para quebrar la paridad en el Santiago Bernabéu.

Hay tres pilares esenciales que definen al factor Gallardo. El primero, su dominio desde el pizarrón. Estudia al oponente en la previa, descubre sus falencias y construye una formación capaz de capitalizar sus puntos débiles. River empieza a ganar el partido en el laboratorio. No es el único que lo hace pero sin dudas es el mejor. Además, cuenta con un plus determinante: su capacidad de leer el partido, identificar desde el borde del campo de juego cuál es la fórmula ideal para destrabar el trámite y ejecutar el cambio necesario.

El segundo, aunque intangible, es su condición de motivador. Cuando River afronta un escenario de mayor tensión, de mayor dificultad, aumenta exponencialmente su rendimiento. Gallardo sabe tocar el punto exacto de cada jugador para activarlo.

“Cuando estás frente a un grupo, en mi caso un grupo de jugadores de fútbol, y tenés que gestionar diferentes personalidades, egos, tiene que haber un mensaje claro, que se sientan referenciados y seguros. Liderar es parte de convencer”

Gallardo en jpv podcast

El tercero es una consecuencia de los dos primeros: la mística. Entre su pizarra y la motivación, Gallardo ha construido a un equipo que transmite confianza y resulta una garantía incluso en situaciones de máxima adversidad. River puede estar al borde del naufragio pero siempre tendrá una vida más con Gallardo en el banco. El gen competitivo, la mentalidad ganadora, nace desde Gallardo. Lo saben sus hinchas, lo saben sus jugadores y lo saben, principalmente, sus rivales.

El sistema

Desde que Gallardo tomó la decisión de afianzar a Enzo Pérez como el único cinco de su formación, el 4-1-3-2 fue el sistema que mejores resultados le entregó al Millonario. La elección de Pérez define el semblante de un equipo que, sin un cinco de corte defensivo, elige una presión alta inmediata, intensa y asfixiante para recuperar en campo contrario. Los beneficios de Pérez en la elaboración de juego son evidentes con un primer pase de mayor calidad que el promedio en esa posición. Retrasándose como un tercer central mientras los laterales escalan hasta la posición de mediocampistas por los flancos -aunque con variantes tácticas-, Enzo marca los tiempos desde la cueva: por dónde atacará River suele ser decisión del cerebro Millonario. Para colmo, sus falencias en la recuperación las disimula el colectivo.

El sacrificio de los tres mediocampistas es encomiable. También de Borré, generalmente el primer defensor. River presiona en parejas sobre la salida, en campo contrario. Pasador y receptor siempre están incómodos, para dar el pase y recibir, frente a un equipo que le roba el tiempo a cada decisión. Siempre al acecho, activos y preparados para asaltar, River es el equipo que más recupera en campo contrario y también el que menos pases por acción defensiva permite tanto en la Copa Libertadores como en la Superliga, según OPTA. Cuando River recupera en ataque, encara automáticamente y convierte en religiosos a rivales ateos que se ponen a rezar para frenar el vendaval riverplatense.

La única duda en torno al probable 4-1-3-2 es la elección del segundo central: con Martínez Quarta como garantía, Paulo Díaz o Javier Pinola es la cuestión.

Pensando en el clásico, Gallardo podría apostar por una variante táctica que le funcionó en el pasado. En el partido de ida de la final 2018 aplicó una última línea de cinco con tres centrales. El hipotético duelo que Gustavo Alfaro propondría con la presencia de Franco Soldano en posición de ocho, emparejado con Milton Casco, podría resolverse con un tercer central. Su presencia le permitiría también matizar la considerable ventaja de Boca en la pelota parada.

Con Soldano enfrascado en una batalla con uno de los centrales, Milton Casco encontraría mayores libertades para encarar mano a mano a Marcelo Weigandt.

River en defensa

Su sello es la agresividad. En contraste con Boca, la defensa de River comienza inmediatamente tras pérdida detrás de las líneas enemigas. Incansable, el despliegue de sus mediocampistas y delanteros construyen un bloque alto de presión que ahoga a sus rivales. Ante la amenaza inminente, el adversario claudica y falla. River huele sangre y no perdona: con el oponente desarticulado, en franca transición defensa-ataque, la mesa está servida para dinamitar los espacios libres.

El mayor problema de River radica cuando el rival consigue sortear su línea de presión. La fórmula más sencilla de escape es el pelotazo a los delanteros: el equipo en cuestión desbarata el peligro e intenta oxigenarse jugando en territorio Millonario, o al menos llevar las acciones lejos de su arco en busca de una segunda jugada prolífica. El éxito dependerá de la pericia unipersonal de los delanteros o de algún error individual de la última línea. El juego aéreo no es una de las fortalezas de esta versión Millonaria.

Un guión similar se escribe cuando el rival consigue escabullirse a partir de una combinación de pases que le permiten ubicar a un receptor a espaldas de Enzo Pérez. No es un cuadro común porque para evadir la presión Millonaria se necesitan destreza, inteligencia y talento. Sin un cinco de marca, Pérez no puede apagar todos los incendios y, salvo Martínez Quarta, el resto de los centrales han mostrado falencias para disuadir la avanzada. Paulo Díaz dejó más dudas que certezas en el cruce frente a Vélez y Javier Pinola -quien parecía destinado a ser suplente- podría ganarse su lugar después de su actuación en el triunfo frente a Gimnasia.

River en ataque

La presión alta que River ejerce sobre la defensa rival provoca pérdidas constantes y, por ende, recupera la pelota en posiciones, contextos y circunstancias favorables. Con los colmillos afilados, los tres mediocampistas por delante de Pérez y los dos delanteros están permanentemente activos. En apenas segundos, sin darse cuenta, el defensor o mediocampista que traslada puede encontrarse en una situación desfavorable. River recupera en campo contrario y automáticamente emprende su arremetida, directa y sin piedad, frente al arco rival.

Racing lo sufrió en carne propia. El último campeón argentino, con la propuesta ofensiva de Eduardo Coudet como bandera, adelantó su última línea en un intento de jugarle en igualdad de condiciones a un River que lo demolió en un puñado de minutos con un par de pases en profundidad que destrozaron a la zaga central de la Academia. Con Exequiel Palacios en plan estelar como lanzador, River vapuleó a otro de los grandes del fútbol argentino.

River florece con espacios porque sus intérpretes se alimentan de los ataques en transición. Nacho Fernández y Palacios, dos todo terreno, se involucran en todas las facetas del juego: recuperan y, con la pelota en su poder, conducen o clavan la daga con un pase en profundidad que castiga el campo abierto a espaldas de la última línea. Con apenas un par de toques, River tiene la pericia de acomodarse rápidamente en posición de gol si la defensa rival se adelanta en el campo y no custodia las líneas de pase que el Millonario encuentra con facilidad. Nicolás de la Cruz, una de las revelaciones de la Copa Libertadores con su particular capacidad para manejar sin problemas cualquiera de sus dos perfiles, se suma a una dupla que causa estragos cuando River se enfrenta a propuestas descuidadas.

Sin embargo, ninguno de los tres tiene la creatividad necesaria para resolver escenarios ante rivales que lo obligan al ataque posicional. La llave para desarmar planteos como el de Cruzeiro en octavos de final de la Copa Libertadores o como el de Boca en la Superliga está en plena recuperación: Juan Fernando Quintero tiene el talento, el ingenio y la picardía para encontrar espacios invisibles para el ojo humano. River extrañará también a Gonzalo Martínez, quien en situaciones de uno contra uno podía quebrar la resistencia rival.

Enzo Pérez es el cerebro de la operación, el compás que marca el pulso de cada ataque, el GPS que marca el camino. Posicionado como único cinco en la formación inicial, juega la mayor parte del partido metido entre los centrales, desde donde dirige la orquesta que es River, su River que se entregó en cuerpo y alma a él.

De la mano con la disposición táctica que adopta Pérez va la proyección de dos laterales que se suman natural e instantáneamente al mediocampo y terminan en varias jugadas como extremos. Profundos, Casco y Montiel llegan a posiciones ofensivas con constante asiduidad y, como parte del engranaje defensivo, activan lejos de su propio arco.

Ambos, pero especialmente Casco, alternan con los mediocampistas en su posición final: si el mediocampista se recuesta en uno de los flancos, el lateral explota el callejón desolado que liberó su compañero. El movimiento, popularizado por Pep Guardiola, genera el efecto sorpresa de sumar a los laterales como interiores, liberando al mediocampista de ocasión a la posición de extremo. Si el delantero más cercano se suma a la ecuación, la superioridad le generará un problema sin solución al rival. En cambio, si el mediocampista se mantiene cerrado, libera el carril para la proyección lógica del lateral.

La receta

Gallardo siempre tiene un as bajo la manga. El plan de River no debería variar demasiado con respecto a las virtudes que lo impulsaron al éxito durante los últimos cinco años. En el marcado duelo de estilos que será la semifinal tendrá que horadar a un Boca que empezó a creer en sus posibilidades a partir del 0-0 por la Superliga.

Los inconvenientes de River para resolver escenarios ante rivales que se encierran cerca de su área han sido evidentes durante este semestre. Sin embargo, y a diferencia de los cruces anteriores, son pocas las variantes con las que cuenta Gallardo para resolver ese inconveniente. Tal vez la recuperación de Ignacio Scocco le ofrezca una tercera opción táctica, haciendo dupla con Borré y retrasando a Suárez a una posición que ocupó en Belgrano.

Para matizar el impacto del juego aéreo de Boca, la solución más lógica sería repetir el esquema con tres centrales de la ida en La Bombonera en 2018. Impedir que Boca marque en el Monumental debería ser uno de los objetivos principales de Gallardo. Sin embargo, el 4-1-3-2 habitual tampoco sufrió grandes inconvenientes en el partido por la Superliga, un partido cuyo resultado sepultó una primera media hora en donde River sometió a un Boca sostenido por Esteban Andrada.

Con el envión anímico de la final, una paleta de variantes a su disposición y el truco de magia que el Muñeco prepara para cada cruce, River afrontará un nuevo superclásico que, como el equipo de Gallardo, promete convertirse en una costumbre continental.

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Fútbol

Lado Baldo S01E01: Los días de Román

Juan Román Riquelme hizo gozar durante tres años al Villarreal de España.

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Juan Román Riquelme es el mejor jugador de la historia del Villarreal. Mientras combate en otras trincheras, viajamos al pasado para recorrer aquellos años inolvidables. 

Invitados

Rodolfo Arruabarrena, referente histórico del Villarreal que compartió equipo con Riquelme. 

Javier Pérez (@javperez11), periodista de El País. 

Abrahán Guirao (@TurboLover1984), integrante del podcast Riquelmes y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Unai Macias (@UnaiMacias), periodista e integrante del podcast Riquelme y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Los momentos inolvidables de Román en Villarreal:

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Fútbol

El desembarco del súper-agente Bragarnik en el fútbol español

El representante argentino compró Elche, un club endeudado pero con un buen activo futbolístico

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Bragarnik

El escueto comunicado de prensa no dice mucho más que las formalidades del caso, pero resulta suficiente para darle el puntapié inicial a un nuevo proyecto en el fútbol español. “El Elche CF SAD comunica a todos los accionistas y a los aficionados en general que TENAMA INVERSIONES SL y SCORE CLUB 2019 SL, grupo inversor liderado por el empresario argentino Christian Bragarnik, han cerrado el acuerdo sobre la compraventa del paquete accionarial mayoritario del club. Con la mencionada operación, ambas partes esperan dotar al Elche CF SAD de los recursos necesarios para la estabilidad y crecimiento del Club”, cuentan. Así, se confirmó el desembarco: el súper-agente del fútbol argentino abrió sus oficinas en el sudeste ibérico.

El acuerdo se selló en las primeras horas de diciembre, pero la negociación se inició en el verano europeo y tuvo un punto llamativo en septiembre, en la previa de un partido de la selección argentina en Elche: Bragarnik apareció en un palco privado del estadio Martínez Valero junto a Daniel Angelici, presidente de Boca.

Por entonces, se sabía que el poderoso agente llevaba varias semanas en España negociando su entrada al club de Alicante. El hombre que llevó a Diego Maradona a Dorados de Sinaloa y que influyó en la posterior contratación por parte de Gimnasia y Esgrima se juntó con José Sepulcre, el máximo accionista del club ilicitano, y fue tejiendo una alianza hasta llegar al acuerdo definitivo. Eso sí, en el mercado de pases ya había dado un primer paso futbolístico: llevó al paraguayo Danilo Ortíz (exRacing, Godoy Cruz, Banfield y Dorados) con un acuerdo de “mínimo costo salarial” y “sin comisiones de por medio, y colaboró con dos millones de euros para poder inscribir el plantel en las oficinas de la Liga. Un claro mensaje de quién se hacía cargo de las contrataciones y el artilugio perfecto para saltar el control económico impuesto sobre el club de Segunda división.

Los principales reportes de la prensa española destacan una operación de 22 millones de euros por el 70% de las acciones de Sepulcre y el supuesto acuerdo ante dos causas que ponían en jaque la economía del club: la posible decisión de recuperación de dinero público de la Comisión Europea (4.1 millones de euros) y la causa judicial con la mercantil Eventos Petxina, que hasta noviembre tenía el derecho del 50% de los traspasos de Elche.

La gran incóngita es si Bragarnik llega solo junto al abogado Ricardo Pini (estuvo cerca de comprar Girona en 2015) o si también se suma Angelici como socio del grupo Score Club 2019. Este último termina su mandato como presidente de Boca este año y quedaría libre de poder sumarse al proyecto. Algo está claro: ya no causaría sorpresa.

Hoy con traje de “súper-agente” y ya con un pie en España, la carrera de Bragarnik tuvo su clic desde un videoclub, más allá de haber tenido un contacto efímero con el fútbol de ascenso, donde integró planteles e hizo inferiores como un volante de marca que sufría de las continuas lesiones. Trabajó en un supermercado chino, fue telefonista en una red de farmacias y después tuvo un videoclub, donde grababa partidos enteros y contaba con una envidiable videoteca. Un día armó un video de un jugador para un representante y después no paró más.

¿Qué objetivos tiene Bragarnik a corto plazo? El club necesita oxígeno en sus arcas y algo más de puntos en la tabla de Segunda. Al momento de la compra, Elche marcha séptimo, 27 puntos y a 12 del líder Cádiz. En la división de plata hay cierta paridad en el primer pelotón, con Almería, Huesca, Fuenlabrada y los siempre complicados Girona y Zaragoza dando pelea. Atrás de ese grupo está Elche, que tendría apuntar a tres o cuatro contrataciones clave durante el mercado invernal para apuntarle al ascenso o, al menos, a los playoffs (suben directo los dos primeros y del 3° al 6° buscan una tercera plaza).

Con el arribo de Bragarnik se produce la segunda inversión argentina en 2019 en el fútbol de España. El primero fue Antonio Caselli, quien tomó las riendas del Burgos CF, de Segunda B. Caselli desembarcó a mitad de 2019 y el consejo ya está presidido por Franco, su hijo. En la última asamblea no solo aprobaron el ejercicio anterior sino que también dieron luz verde al presupuesto más ambicioso de la historia reciente del club. Caselli invertirá 4.3 millones de euros y construirá una ciudad deportiva, con cinco canchas de fútbol, un gimnasio, un centro médico, un hotel y un restaurante. El Burgos, desde la tercera división, también quiere hacer ruido con una abultada billetera albiceleste.

Imperio Bragarnik: el informe especial de TyC Sports

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Fútbol

Flamengo campeón: el mundo en dos jugadas

El Mengao consiguió su segunda Copa Libertadores en una definición dramática.

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Si Flamengo iba a conquistar la segunda Copa Libertadores de su historia, exactamente 38 años después de ganar la primera, tenía que ser así. Si River, la dinastía sudamericana del último lustro, iba a perder una final tenía que ser así. El Millonario de Marcelo Gallardo maniató al indomable Mengao de Jorge Jesús, lo redujo a su mínima expresión, Rafael Santos Borré capitalizó un error defensivo y durante 89 minutos construyó méritos para quedarse con su quinto trofeo continental.

Pero Flamengo obró el milagro: su peor jugador de la tarde convirtió dos goles en tres minutos. Las dos dianas de Gabriel Barbosa, Gabigol para la ocasión, dinamitaron las ilusiones riverplatenses. El fútbol es así, lo sabe Filipe Luis y lo explicó a la perfección, sobre el campo de juego, ni bien consumada su consagración: “Jugamos muy mal, esa es la verdad. Si me preguntas si merecíamos la copa, tengo que ser honesto, diría que no. River hizo todo para ganarla, fue un gran equipo que nos cortaba todo, pero tal vez el destino tenía la gloria preparada para nosotros. Así es el fútbol”.

River borra a Flamengo

Marcelo Gallardo volvió a descifrar el antídoto para frustrar la ingeniería de un rival aplastante. La clásica presión alta de River interrumpió los circuitos de juego de un Flamengo que no tenía un plan alternativo. En cuatro meses, Jorge Jesús consiguió la utopía de afianzar una identidad que generalmente necesita más tiempo pero le faltaron semanas para diseñar un segundo sistema.

Las virtudes del Millonario desnudaron un sistema defensivo endeble que, sin la pelota ni la posibilidad de dominar a partir de la posesión, nunca resolvió la asfixiante presión alta riverplatense. Con las líneas adelantadas, River propuso duelos individuales en campo contrario para domar a los laterales e impedir su proyección. En una mitad de cancha atiborrada, Rafinha, Rodrigo Caio, Pablo Marí y Filipe Luis no encontraban desahogo. Los movimientos de salida habituales, con Willian Arāo metido entre los centrales abiertos para empezar a construir su avanzada, eran imposibles de ejecutar. El pelotazo en largo, fuera del libreto habitual, era la única solución.

Flamengo estaba incómodo pero no claudicaba: arriesgaba, sin éxito desde el fondo, jugada tras jugada. Sin embargo, le faltaba tensión, superado por el contexto, el escenario y principalmente por el rival. Todas las divididas eran de River. El carácter probado en múltiples finales, la mística construida durante el último lustro, marcaba la diferencia.

Mientras Rafinha duplicaba y triplicaba sus esfuerzos para superar líneas en conducción, la espalda de Filipe Luis era una invitación para un River que lastimaba por su flanco derecho. En el tercer ataque consecutivo por su sector llegó el gol en una jugada clásica del conjunto riverplatense: Enzo Pérez recuperó en tres cuartos, encaró y filtró un pase para Nacho Fernández que lanzó el centro atrás. Borré aprovechó la confusión de un área colmada de camisetas rubro-negras para recibir, girar y marcar el 1-0.

Con la ventaja en el marcador, River se adueñó definitivamente del trámite. Flamengo estaba desconcertado y no encontraba una solución. Jorge Jesús se enfurecía en el banco de suplentes porque Gabriel Barbosa no participaba pero era una víctima más de la superioridad Millonaria durante un primer tiempo en el que el Mengao no conseguía desplegar su arsenal ofensivo.

No fue un primer tiempo perfecto porque le faltó ser más incisivo. El despliegue descomunal de Exequiel Palacios, Nicolás De la Cruz y Borré condicionaba al Flamengo pero el equipo de Gallardo reprodujo las falencias ofensivas que evidenció durante todo el semestre: la ausencia de un creativo le impidió exprimir al máximo cada pérdida del elenco brasileño. Enzo Pérez, en una de las mejores producciones de su carrera, fue el metrónomo rojiblanco. Todo, como siempre durante el último año, pasaba por él.

River limitó y desdibujó a Flamengo pero le faltó pericia para liquidar a un rival al borde del nocaut. En un primer tiempo de guión similar a aquel clásico frente a Racing por la Superliga, al Millonario le faltó desplegar su versión más sanguinaria. Rodrigo Caio, Pablo Marí y Willian Arao sostuvieron una resistencia in extremis.

Diego como respuesta

El segundo tiempo ofreció un semblante similar aunque el desgaste de la incesante presión desplegada durante la primera etapa empezó a pasarle factura a un River que, aunque no producía en cantidad, tenía el partido bajo control. Parecía la tarde indicada para el gigante argentino cuando Franco Armani apareció en todo su esplendor para obrar su enésimo milagro ante Éverton Ribeiro en la primera jugada colectiva de Flamengo en todo el partido.

Para colmo, justo cuando Gerson empezaba a influir en el partido, el crack sufrió una lesión y tuvo que salir de la cancha. Era la peor noticia para Jorge Jesús: con su impresionante facilidad para proteger la pelota, había asumido el liderazgo de su equipo. Todas las señales eran negativas para Flamengo. Pero desde el banco emergió Diego, con sus 34 años a cuestas, y reescribió la historia.

El ex Juventus y Atlético Madrid hizo gala de su experiencia y jerarquía para asumir la conducción en el momento más caliente del partido, justo cuando la hinchada más numerosa del mundo empezaba a dudar. Bajo su dirección, apuntalado por Willian Arao, creció su equipo. Por primera vez, después de setenta minutos, Flamengo se instaló con consistencia en el campo contrario: Bruno Henrique recibía con ventaja de frente al arco y Éverton Ribeiro había encontrado a un socio que lo auxiliara en la gestación.

Mientras tanto, River empezaba a fundirse. Los últimos quince minutos, aunque con dificultades en el último tramo, el Mengao sometió a la formación de un Gallardo que no encontró respuestas en los cambios. Primero sacó a Nacho Fernández por Julián Álvarez, después confió en Lucas Pratto para ocupar el lugar de Borré y finalmente se vio forzado a reemplazar a Milton Casco con Paulo Díaz. Tal vez por primera vez en su ciclo, su mano fue contraproducente para un equipo que perdía cada vez más terreno.

“Nos faltó defendernos con la pelota de mejor manera y nada más. Estas son las derrotas que duelen, porque estuviste a nada de quedarte con el trofeo, y se te escapa. Y eso genera angustia. Nos ha tocado ganar muchas veces, y cuando te toca perder hay que saber hacerlo”, reflexionó después del partido.

Diego marcaba el pulso. Un pase en profundidad suyo y una arremetida de Bruno Henrique condicionaron a Enzo Pérez, amonestado a los 70′ después de otra infracción, un recurso sistemático para interrumpir la avanzada rival. Cinco minutos más tarde, Diego robó en campo propio y escaló hasta el área en una jugada que terminó con una chilena de Giorgian de Arrascaeta. Inmediatamente, siempre Diego, filtró un pase por la izquierda para encontrar a Gabriel Barbosa en soledad. Sin convicción, en una tarde para el olvido, lanzó un centro débil que terminó en frustración.

Gabriel Barbosa había sido el peor de los 87 minutos iniciales. Desconectado, fuera de tiempo, encarcelado por Javier Pinola y Lucas Martínez Quarta, casi no participó. Cada una de sus intervenciones terminaba en decepción. Su producción en la final parecía una frustración más en su carrera. Pero cuando ya nadie creía, Gabigol mantuvo intacta su fe, apareció por el segundo palo para empatar y aprovechó el primer error de la dupla central para el segundo.

Giorgian de Arrascaeta construyó el primer gol: le robó la pelota a Lucas Pratto en su propio campo y le sirvió el 1-1 a Gabigol después de una fantástica arremetida de Bruno Henrique. El delantero brasileño, reconvertido después de vivir toda una vida en el extremo izquierdo, fue merecidamente premiado como el mejor jugador de la Copa Libertadores.

El empate agónico hundió a un River sin reacción. Pinola falló en el cálculo ante un pelotazo de Diego y Gabigol, optimista como pocos, impuso su fortaleza física y castigó con un poderoso zurdazo que reescribió su historia, la historia de su club, en tres minutos. En su zurda vivía el milagro del Flamengo campeón.

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