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Un Boca renovado se presentó en el Monumental con otro técnico, otro plantel y otra propuesta en un cruce con aroma a cita postergada para los hinchas Millonarios desde aquel fatídico 24 de noviembre de los piedrazos al micro Xeneize que concluyeron con la mudanza de la final al Santiago Bernabéu. Pese a la revolución que en nueve meses impulsó Gustavo Alfaro, el desenlace fue idéntico: el River de Marcelo Gallardo volvió a celebrar frente al rival de toda su vida.

River viajará a La Bombonera con una ventaja considerable para darle la cuarta estocada internacional del lustro a su acérrimo rival y se encamina rumbo a su tercera final de Copa Libertadores en los últimos cinco años. Núñez fue una fiesta.

La cronología del Superclásico

Alineaciones: Sin sorpresas

Pese a las especulaciones y los rumores en las horas previas al duelo, ambos entrenadores mantuvieron su lógica táctica. Alfaro apostó por su sólido 4-1-4-1 y Gallardo, sin recurrir a un enésimo truco de su galera, imprimió su habitual 4-1-3-2. En definitiva, fue el segundo capítulo de un duelo de estilos que tuvo su prólogo en el empate sin goles por la quinta fecha de la Superliga: la férrea defensa Xeneize frente a la agresividad Millonaria.

Sin mayores incógnitas, las pocas dudas en torno a los protagonistas se disiparon una hora antes del partido. Gallardo eligió a Javier Pinola, por su experiencia y sus virtudes en la conducción, por encima de Paulo Díaz. En la línea de tres mediocampistas por delante de Enzo Pérez, enrocó las piezas con Nacho Fernández por izquierda y Nicolás de la Cruz por derecha.

Con Eduardo Salvio aún tocado, Alfaro se inclinó por Franco Soldano para ocupar la posición de ocho y ubicó a Bebelo Reynoso como mediocampista por izquierda. La intención del Profesor era idéntica a la de su primera visita al Antonio Vespucio Liberti: replegarse para cortar las líneas de pase que River pudiera encontrar, abroquelarse contra su propia área y recuperar en campo propio con la misión de capitalizar los espacios libres de un adversario envalentonado.

Aún con la misma disposición, el semblante de Boca tendría un perfil más audaz. Alfaro sacó a Daniele De Rossi -quedó fuera del banco-, ubicó a Alexis Mac Allister como interior derecho y a Bebelo por la izquierda. Con dos lanzadores, las dagas a espaldas de la dupla de centrales riverplatense tendrían como objetivo a Wanchope Ábila, un salto de calidad con respecto al nóvel Jan Hurtado.

Alfaro, honesto y sincero, asumió una realidad: que Boca es inferior a este River. Hay dignidad en reconocer que el rival es superior e inteligencia para aplicar un plan de juego acorde. Su equipo, con apenas nueve meses de gestación, no está en condiciones de jugar de igual a igual, al palo por palo, frente a una de las mejores formaciones de la historia Millonaria, diseñadas por la mano de Gallardo durante los últimos cinco años. Desde esa certeza, Boca eligió no entregarse y emprender una resistencia que le funcionó hasta que Alfaro decidió traicionarse.

River vs Away team - Football tactics and formations
River 1-0 Boca: papeles incinerados (0′ – 7′)

No hay planificación que resista un penal a los dos minutos porque el fútbol es un deporte colectivo que un error individual puede arruinar en un santiamén. Pep Guardiola, uno de los mejores y más obsesivos entrenadores de la historia, mantiene una rutina inalterable: durante la semana previa a cada partido que afronta su equipo, se encierra en su búnker para estudiar al enemigo de turno hasta que descifra sus puntos débiles y la fórmula indicada para capitalizar sus falencias. Pero ni el magnífico Guardiola está exento de ver sus planes arruinados si uno de sus jugadores comete una infracción dentro de su propia área y le ofrenda al oponente una oportunidad de oro para adelantarse en el resultado. En caso de que su arquero no pueda obrar el milagro, víctima y verdugo inevitablemente tendrán que hacerle retoques a su libreto.

La comparación con Guardiola es apenas un recurso para ejemplificar el peso específico de un error que castigó al Boca de Alfaro. Iban apenas dos minutos cuando Gonzalo Montiel realizó un lateral que desencadenó una serie de fatalidades de Emmanuel Más. Para que un planteo como el de Alfaro sea exitoso, la concentración es una condición innegociable. Desconectarse es un pecado imperdonable.

El lanzamiento de Montiel viajó directamente hacia la puerta del área chica en busca de Santos Borré. El colombiano utilizó su cuerpo como escudo, recibió el envío, domó la pelota con un control orientado y se dio vuelta en el área frente a la pasividad del sanjuanino que, recuperado, alcanzó a desviar el remate del colombiano. El rebote le quedó en los pies a Nicolás de la Cruz, quien disparó al arco custodiado por un Esteban Andrada que atajó el remate pero no pudo contener la pelota. Borré reapareció para capturar el rebote corto de la Sabandija y Más, desesperado, le cruzó su pierna izquierda mientras Izquierdoz desbarataba la amenaza.

Raphael Claus, el árbitro del partido, no percibió la infracción y le dio continuidad al juego. La falta cometida por Más fue a los 2’37” y el brasileño recién recibió la notificación del VAR cuando la pelota se fue de la cancha a los 3’34”, 57 segundos después. Durante ese minuto de acción, toda una vida en el fútbol, Boca podría haber marcado su primer gol en una contra que nació con un pelotazo de Esteban Andrada y finalizó con un débil remate de Bebelo Reynoso. Advertido por los árbitros asistentes en el centro de control, Claus utilizó el VAR y sancionó correctamente la infracción de Más. Borré se cobró su propia venganza y marcó el 1-0.

El error de Más cambió la dinámica del partido: aunque durante el primer tiempo mantuvo -con matices- su propuesta inicial, la desventaja en el marcador y la necesidad de anotar un gol como visitante tendrían consecuencias inevitables durante su desarrollo. Boca no había estado nunca en desventaja durante el segundo semestre de la era Alfaro.

River 1-0 Boca: un partido parejo, cada quien con su libreto (7′ – 30′)

Ninguno de los dos había mostrado sus cartas todavía pero River ya ganaba. Cuando Boca reanudó el partido desde la mitad de la cancha, no solo se enfrentaba al mejor equipo de América: también combatía al peso propio de sus decepciones recientes y al impacto anímico del gol inesperado.

Pero Boca reaccionó sin prácticamente abandonar su propuesta. Aunque Más siguió caminando sobre el filo de la navaja -fue amonestado a los 10 minutos-, se afianzó con su bloque defensivo en campo propio y entorpeció el avance Millonario achicando espacios para colapsar los pasillos que Fernández, Palacios y De La Cruz aprovechan ante propuestas más audaces.

Sin la creatividad, la imaginación ni el talento de Juan Fernando Quintero, River mostraba los mismos inconvenientes que evidenció durante el semestre cuando es obligado a quebrar la resistencia con ataques posicionales. Incómodo, no conseguía horadar a una defensa inexpugnable construida a partir del esfuerzo colectivo y sostenida por la magnífica actuación de la zaga central. Carlos Izquierdoz, capitán y figura Xeneize de la noche, se lucía en cada cruce.

Boca saltaba la presión asfixiante de la maraña que encabeza Borré con un único blanco: Franco Soldano. La controvertida decisión de Alfaro, cuestionada hasta el hartazgo después del cruce en la Superliga y nuevamente juzgada tras la derrota copera, tiene una explicación: el nueve disfrazado de ocho se mostró como un jugador disciplinado en su sacrificio defensivo para matizar el impacto de las proyecciones de Milton Casco y como el faro ofensivo con el objetivo de sacar ventajas frente al lateral izquierdo Millonario gracias a su altura. No le quedaban demasiadas opciones a un Alfaro que sufrió la venta de Nahitán Nández después del cruce de octavos de final frente a Paranaense y que padeció la lesión de Salvio.

El plan funcionó a cuentagotas pero durante los 54 minutos de Soldano en la cancha, Boca lo buscó constantemente para evitar los riesgos de la presión alta que impedía una salida cómoda desde la retaguardia. River acechaba, sediento y paciente con el resultado en su favor. Ejemplo: a los 19 minutos, Marcone decidió jugar en corto un tiro libre. Emparejados, Suárez marcaba a López, Borré a Alexis y De la Cruz a Bebelo. Izquierdoz estaba solo a un costado como única opción en corto y Marcone le entregó la pelota. Automáticamente, River olió sangre: Borré se lanzó sobre Izquierdoz, Suárez avanzó sobre Marcone y Palacios tomó a Mac Allister. Izquierdoz, con la marca de Borré encima, se desprendió de la pelota con un pase en largo que De la Cruz capturó para activar instantáneamente la agresiva avanzada riverplatense que Marcone desbarató in extremis.

Soldano era la válvula de escape. Entre saques en largo de Andrada, tiro libres en defensa, laterales y pelotazos, Boca buscó en 20 oportunidades al ex Olympiacos. Soldano, quien batalló principalmente con Casco, Pinola y Enzo Pérez, solo pudo ganar cuatro duelos. La tarea encomendada por Alfaro suponía un sacrificio desmedido que resultó insostenible durante los noventa minutos. Soldano cumplió en el retroceso: a los 28 minutos cortó en defensa, tocó a Reynoso y avanzó sobre la derecha. Bebelo le entregó la pelota nuevamente y, recostado sobre el flanco, levantó la cabeza para buscar a un Wanchope perdido en su hábitat natural: el off-side.

Con el correr de los minutos, obligado por las circunstancias, Boca se animó a tomar mayores riesgos, incluso permitiéndose alguna pérdida que River no pudo capitalizar por su imprecisión. Si en la noche de su festival frente Racing fue infalible y aprovechó cada ventaja, frente al equipo de Alfaro mostró una versión errática a la que le costó dinamitar los espacios a campo abierto. El movimiento constante de Borré y Suárez matizó el rendimiento del trio Fernández-De la Cruz-Palacios. Enzo Pérez era el amo y señor del mediocampo: imán permanente para la pelota, cortaba cualquier aproximación Xeneize y dictaba los tiempos y los caminos de su River con compleja sencillez.

Errático también se mostró el duo encargado de la elaboración azul y oro. Bebelo Reynoso, también comprometido a impedir el avance de Montiel, pesó poco en el partido aunque participó de la acción de mayor peligro Xeneize. Alexis, el factor X del Boca de Alfaro, alternó buenas y malas pero fue una constante amenaza gracias a su despliegue y su talento. La confianza, por momentos excesiva, de Martínez Quarta en sus conducciones casi le cuesta caro a River: Mac Allister presionó, robó en la salida y eyectó un misil que Armani sacó al córner.

River 1-0 Boca: el reino de Enzo, la chance de Capaldo (30′ – 45′)

Desde su reinvención como volante central, Pérez es el jugador determinante del esquema de Gallardo. Cerebro, GPS y cartógrafo, resuelve con sencillez los escenarios más complejos, recupera cantidades industriales de pelotas por ubicación e intuición y a su agilidad mental le sumó roce para lanzarse a la batalla cuando sea necesario. Frente a Boca terminó dando una clase abierta del cinco moderno.

Enzo empezó a moverse con mayor con libertad entre la última línea. Se metía entre los centrales o se recostaba principalmente sobre la izquierda, entre Pinola y Casco, para dictar el destino de su equipo con la cancha de frente. Pérez daba el pase antes del pase, siempre en ventaja, eligiendo la mejor opción tras visualizar la progresión del ataque. Nacho Fernández y De la Cruz empezaron a encontrar espacios cerrándose y Pérez estuvo ahí para entregarles la pelota, redonda e impoluta. De su enésima recuperación y de la simpleza perniciosa de sus pases nació a los 41 minutos la chance que Borré gozó tras un centro de Montiel. Andrada, quien cerraría la noche convertido en héroe, le ahogó la celebración. Cuatro minutos más tarde, volvería a lucirse frente a un tiro libre cerrado de De la Cruz.

Entre una y otra chance, Boca tuvo la oportunidad de encauzar la serie con el bendito gol de visitante que prácticamente se convirtió en una obligación impostergable. La regla que el fútbol sudamericano importó desde Europa terminó causando el efecto contrario: ahora son los locales quienes toman mayores recaudos, en su cancha y ante su propio público, para evitar que le conviertan a domicilio.

Boca tuvo la chance que fue a buscar. Con el equipo replegado, Capaldo recuperó en tres cuartos de su propio campo, le cedió rápidamente la pelota a Reynoso y emprendió una corrida a campo traviesa mientras Bebelo acariciaba un pase con destino de gol que encontró a Wanchope mano a mano frente a Casco. Ábila, en su única acción determinante del partido, arrastró al lateral devenido en último hombre y, cuando ya era evidente que su físico maltrecho no le iba a permitir deshacerse de Casco, hizo una pausa para cambiar su orientación y servirle el gol a Capaldo. Probablemente cansado por el esfuerzo, con nervios por su primera noche verdaderamente importante, el pibe de las inferiores desperdició una chance inmejorable abajo del arco de un Armani que reaccionaba únicamente porque Armani está acostumbrado a los milagros.

River 1-0 Boca: cambio de piezas (45′ – 54′)

Los primeros nueve minutos del segundo tiempo fueron similares a los últimos quince de la primera etapa, aunque Gallardo hizo un retoque en el vestuario que liberó a uno de sus mejores jugadores: Nacho Fernández y De la Cruz cambiaron de posición. Nacho sobre la derecha es un jugador prácticamente imparable: zurdo, con la cancha de frente, le suma a su repertorio la posibilidad de recortar hacia el arco rival a pierna cambiada.

Martínez Quarta asumió mayor protagonismo en la conducción, alternando aciertos y errores. Mac Allister, la usina futbolística de Boca, estuvo impreciso al igual que todo el mediocampo Xeneize: falló en el manejo tras su propia recuperación frente a Martínez Quarta, ejecutó un tiro libre que impactó en el único hombre situado en la barrera y lanzó un centro a las nubes tras un lateral forzado por Soldano. Bebelo, en la misma sintonía, intentó sin éxito un segundo pelotazo en largo en busca de Wanchope.

River 1-0 Boca: el primer error de Alfaro (54′ – 70′)

Boca estaba en partido, aún pese al penal inicial y el 0-1 parcial, hasta que Alfaro decidió reemplazar a Soldano por Carlos Tevez. Como si fuera un anticipo de lo que sucedería más tarde, mientras el ex Unión emprendía su salida para dejarle su lugar al histórico ídolo Xeneize, Gallardo hablaba con Milton Casco a un costado de la cancha.

No entró mal Tevez, activo en la zona de gestación, pero con su ingreso Alfaro cedió intensidad en la mitad de la cancha. El Apache se ubicó por delante de Capaldo-Marcone y Mac Allister se desplazó hacia la derecha. Perdido, Alexis no pesó y tampoco retrocedió para ayudar a Weigandt. Casco, con espacios, se lució aún más en un partido perfecto del lateral izquierdo que, tras las dudas iniciales, se consolidó como una pieza clave en la estructura de Gallardo. Alfaro relegó el sacrificio colectivo, guardó el plan que constituye su identidad, y apostó por ir a buscar el gol de visitante como si el destino de la serie se decidiera ahí mismo en los próximos minutos.

En cambio, Boca no llegó más y se entregó a un River que lo vapuleó. En el fútbol moderno, menos aún frente a un equipo como River, es inadmisible que un jugador no esté apto para implicarse en tareas defensivas. Wanchope Ábila, flotando entre los centrales con un andar cansino y estéril, no inquietó jamás a los centrales ni al propio Enzo Pérez que se metía entre la zaga para dirigir la orquesta Millonaria. Con el ingreso de Tevez, Boca sumó a otro jugador incapaz de cumplir una función dual. Del otro lado, Santos Borré y Suárez seguían corriendo para incomodar al Xeneize.

River, siempre con los colmillos afilados, desató el vendaval: un centro envenenado de Montiel pegó en el palo derecho de Andrada y una carambola en defensa evitó milagrosamente el 2-0 tras un retroceso errático de Boca a la salida de un córner. Ya nadie perseguía a Casco y, con el ingreso de Scocco por Borré, Gallardo mejoró la calidad del ataque riverplatense.

El golpe de nocaut llegó a los 69 minutos. Boca estaba lanzado en ataque y con un par de toques, River dejó eliminados a cuatro jugadores por delante de la línea de la pelota. Montiel, con un pase clave desde el lateral, partió al Xeneize. Suárez y Nacho, Suárez y Nacho, construyeron un golazo que concluyó con Fernández empujando la pelota en el corazón del área frente al desconcierto generalizado de un Boca desconcertado.

River 2-0 Boca: al borde del nocaut (70′ – 90′)

Alfaro ya había decidido enterrar su plan cuando Salvio ingresó por Bebelo Reynoso a los 72 minutos. Alexis volvió a su posición inicial y durante cuatro minutos demostró que, en sociedad con Salvio y Tevez, podía lastimar a River. Pero Alfaro cometió un segundo error: reemplazó a Mac Allister con Mauro Zárate.

Andrada, ya con la capa de héroe, evitó el tercero en un mano a mano frente a Suárez. Scocco podría haber sentenciado al Boca de Alfaro con un cabezazo a los 77′ tras otro centro en solitario de Casco. El Xeneize había pasado de ofrecer una versión férrea que proponía reducir a su mínima expresión las virtudes de River a plantar cuatro delanteros en un Monumental preparado para sepultar a su histórico rival. Partido como si no hubiera mañana, como si no faltara la revancha en La Bombonera.

River no sentenció la serie y su clasificación a la final por su propia impericia. Izquierdoz y López sostenían a un equipo golpeado que veía como los delanteros Millonarios recibían adentro del área de Andrada. En ataque, apenas las remontadas en solitario de Zárate representaban alguna ilusión Xeneize.

Claus terminó siendo protagonista: no expulsó a Lisandro López por una falta a Scocco, amonestó a Pinola en una jugada que podría haber sido para roja y, a instancias del VAR, corrigió su amonestación inicial por una falta de Capaldo, una decisión que no cambia el futuro de la serie porque el joven mediocampista de Boca había recibido una amarilla que provocó su suspensión para la vuelta.

Después de un buen primer tiempo en una noche mal parida, el 2-0 final terminó siendo una buena noticia para un Xeneize que, aunque todavía con vida, volvió a sucumbir ante el mejor equipo de América. Si Boca quiere sacarse de encima el estigma moderno que significa el River de Gallardo, tendrá que obrar el milagro en La Bombonera.

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1 Comment

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  1. Grillo

    03/10/2019 at 08:23

    Matias: cuando sea grande quiero escribir como vos. Cordialmente

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Fútbol

Lado Baldo S01E01: Los días de Román

Juan Román Riquelme hizo gozar durante tres años al Villarreal de España.

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Juan Román Riquelme es el mejor jugador de la historia del Villarreal. Mientras combate en otras trincheras, viajamos al pasado para recorrer aquellos años inolvidables. 

Invitados

Rodolfo Arruabarrena, referente histórico del Villarreal que compartió equipo con Riquelme. 

Javier Pérez (@javperez11), periodista de El País. 

Abrahán Guirao (@TurboLover1984), integrante del podcast Riquelmes y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Unai Macias (@UnaiMacias), periodista e integrante del podcast Riquelme y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Los momentos inolvidables de Román en Villarreal:

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Fútbol

El desembarco del súper-agente Bragarnik en el fútbol español

El representante argentino compró Elche, un club endeudado pero con un buen activo futbolístico

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Bragarnik

El escueto comunicado de prensa no dice mucho más que las formalidades del caso, pero resulta suficiente para darle el puntapié inicial a un nuevo proyecto en el fútbol español. “El Elche CF SAD comunica a todos los accionistas y a los aficionados en general que TENAMA INVERSIONES SL y SCORE CLUB 2019 SL, grupo inversor liderado por el empresario argentino Christian Bragarnik, han cerrado el acuerdo sobre la compraventa del paquete accionarial mayoritario del club. Con la mencionada operación, ambas partes esperan dotar al Elche CF SAD de los recursos necesarios para la estabilidad y crecimiento del Club”, cuentan. Así, se confirmó el desembarco: el súper-agente del fútbol argentino abrió sus oficinas en el sudeste ibérico.

El acuerdo se selló en las primeras horas de diciembre, pero la negociación se inició en el verano europeo y tuvo un punto llamativo en septiembre, en la previa de un partido de la selección argentina en Elche: Bragarnik apareció en un palco privado del estadio Martínez Valero junto a Daniel Angelici, presidente de Boca.

Por entonces, se sabía que el poderoso agente llevaba varias semanas en España negociando su entrada al club de Alicante. El hombre que llevó a Diego Maradona a Dorados de Sinaloa y que influyó en la posterior contratación por parte de Gimnasia y Esgrima se juntó con José Sepulcre, el máximo accionista del club ilicitano, y fue tejiendo una alianza hasta llegar al acuerdo definitivo. Eso sí, en el mercado de pases ya había dado un primer paso futbolístico: llevó al paraguayo Danilo Ortíz (exRacing, Godoy Cruz, Banfield y Dorados) con un acuerdo de “mínimo costo salarial” y “sin comisiones de por medio, y colaboró con dos millones de euros para poder inscribir el plantel en las oficinas de la Liga. Un claro mensaje de quién se hacía cargo de las contrataciones y el artilugio perfecto para saltar el control económico impuesto sobre el club de Segunda división.

Los principales reportes de la prensa española destacan una operación de 22 millones de euros por el 70% de las acciones de Sepulcre y el supuesto acuerdo ante dos causas que ponían en jaque la economía del club: la posible decisión de recuperación de dinero público de la Comisión Europea (4.1 millones de euros) y la causa judicial con la mercantil Eventos Petxina, que hasta noviembre tenía el derecho del 50% de los traspasos de Elche.

La gran incóngita es si Bragarnik llega solo junto al abogado Ricardo Pini (estuvo cerca de comprar Girona en 2015) o si también se suma Angelici como socio del grupo Score Club 2019. Este último termina su mandato como presidente de Boca este año y quedaría libre de poder sumarse al proyecto. Algo está claro: ya no causaría sorpresa.

Hoy con traje de “súper-agente” y ya con un pie en España, la carrera de Bragarnik tuvo su clic desde un videoclub, más allá de haber tenido un contacto efímero con el fútbol de ascenso, donde integró planteles e hizo inferiores como un volante de marca que sufría de las continuas lesiones. Trabajó en un supermercado chino, fue telefonista en una red de farmacias y después tuvo un videoclub, donde grababa partidos enteros y contaba con una envidiable videoteca. Un día armó un video de un jugador para un representante y después no paró más.

¿Qué objetivos tiene Bragarnik a corto plazo? El club necesita oxígeno en sus arcas y algo más de puntos en la tabla de Segunda. Al momento de la compra, Elche marcha séptimo, 27 puntos y a 12 del líder Cádiz. En la división de plata hay cierta paridad en el primer pelotón, con Almería, Huesca, Fuenlabrada y los siempre complicados Girona y Zaragoza dando pelea. Atrás de ese grupo está Elche, que tendría apuntar a tres o cuatro contrataciones clave durante el mercado invernal para apuntarle al ascenso o, al menos, a los playoffs (suben directo los dos primeros y del 3° al 6° buscan una tercera plaza).

Con el arribo de Bragarnik se produce la segunda inversión argentina en 2019 en el fútbol de España. El primero fue Antonio Caselli, quien tomó las riendas del Burgos CF, de Segunda B. Caselli desembarcó a mitad de 2019 y el consejo ya está presidido por Franco, su hijo. En la última asamblea no solo aprobaron el ejercicio anterior sino que también dieron luz verde al presupuesto más ambicioso de la historia reciente del club. Caselli invertirá 4.3 millones de euros y construirá una ciudad deportiva, con cinco canchas de fútbol, un gimnasio, un centro médico, un hotel y un restaurante. El Burgos, desde la tercera división, también quiere hacer ruido con una abultada billetera albiceleste.

Imperio Bragarnik: el informe especial de TyC Sports

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Fútbol

Flamengo campeón: el mundo en dos jugadas

El Mengao consiguió su segunda Copa Libertadores en una definición dramática.

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Si Flamengo iba a conquistar la segunda Copa Libertadores de su historia, exactamente 38 años después de ganar la primera, tenía que ser así. Si River, la dinastía sudamericana del último lustro, iba a perder una final tenía que ser así. El Millonario de Marcelo Gallardo maniató al indomable Mengao de Jorge Jesús, lo redujo a su mínima expresión, Rafael Santos Borré capitalizó un error defensivo y durante 89 minutos construyó méritos para quedarse con su quinto trofeo continental.

Pero Flamengo obró el milagro: su peor jugador de la tarde convirtió dos goles en tres minutos. Las dos dianas de Gabriel Barbosa, Gabigol para la ocasión, dinamitaron las ilusiones riverplatenses. El fútbol es así, lo sabe Filipe Luis y lo explicó a la perfección, sobre el campo de juego, ni bien consumada su consagración: “Jugamos muy mal, esa es la verdad. Si me preguntas si merecíamos la copa, tengo que ser honesto, diría que no. River hizo todo para ganarla, fue un gran equipo que nos cortaba todo, pero tal vez el destino tenía la gloria preparada para nosotros. Así es el fútbol”.

River borra a Flamengo

Marcelo Gallardo volvió a descifrar el antídoto para frustrar la ingeniería de un rival aplastante. La clásica presión alta de River interrumpió los circuitos de juego de un Flamengo que no tenía un plan alternativo. En cuatro meses, Jorge Jesús consiguió la utopía de afianzar una identidad que generalmente necesita más tiempo pero le faltaron semanas para diseñar un segundo sistema.

Las virtudes del Millonario desnudaron un sistema defensivo endeble que, sin la pelota ni la posibilidad de dominar a partir de la posesión, nunca resolvió la asfixiante presión alta riverplatense. Con las líneas adelantadas, River propuso duelos individuales en campo contrario para domar a los laterales e impedir su proyección. En una mitad de cancha atiborrada, Rafinha, Rodrigo Caio, Pablo Marí y Filipe Luis no encontraban desahogo. Los movimientos de salida habituales, con Willian Arāo metido entre los centrales abiertos para empezar a construir su avanzada, eran imposibles de ejecutar. El pelotazo en largo, fuera del libreto habitual, era la única solución.

Flamengo estaba incómodo pero no claudicaba: arriesgaba, sin éxito desde el fondo, jugada tras jugada. Sin embargo, le faltaba tensión, superado por el contexto, el escenario y principalmente por el rival. Todas las divididas eran de River. El carácter probado en múltiples finales, la mística construida durante el último lustro, marcaba la diferencia.

Mientras Rafinha duplicaba y triplicaba sus esfuerzos para superar líneas en conducción, la espalda de Filipe Luis era una invitación para un River que lastimaba por su flanco derecho. En el tercer ataque consecutivo por su sector llegó el gol en una jugada clásica del conjunto riverplatense: Enzo Pérez recuperó en tres cuartos, encaró y filtró un pase para Nacho Fernández que lanzó el centro atrás. Borré aprovechó la confusión de un área colmada de camisetas rubro-negras para recibir, girar y marcar el 1-0.

Con la ventaja en el marcador, River se adueñó definitivamente del trámite. Flamengo estaba desconcertado y no encontraba una solución. Jorge Jesús se enfurecía en el banco de suplentes porque Gabriel Barbosa no participaba pero era una víctima más de la superioridad Millonaria durante un primer tiempo en el que el Mengao no conseguía desplegar su arsenal ofensivo.

No fue un primer tiempo perfecto porque le faltó ser más incisivo. El despliegue descomunal de Exequiel Palacios, Nicolás De la Cruz y Borré condicionaba al Flamengo pero el equipo de Gallardo reprodujo las falencias ofensivas que evidenció durante todo el semestre: la ausencia de un creativo le impidió exprimir al máximo cada pérdida del elenco brasileño. Enzo Pérez, en una de las mejores producciones de su carrera, fue el metrónomo rojiblanco. Todo, como siempre durante el último año, pasaba por él.

River limitó y desdibujó a Flamengo pero le faltó pericia para liquidar a un rival al borde del nocaut. En un primer tiempo de guión similar a aquel clásico frente a Racing por la Superliga, al Millonario le faltó desplegar su versión más sanguinaria. Rodrigo Caio, Pablo Marí y Willian Arao sostuvieron una resistencia in extremis.

Diego como respuesta

El segundo tiempo ofreció un semblante similar aunque el desgaste de la incesante presión desplegada durante la primera etapa empezó a pasarle factura a un River que, aunque no producía en cantidad, tenía el partido bajo control. Parecía la tarde indicada para el gigante argentino cuando Franco Armani apareció en todo su esplendor para obrar su enésimo milagro ante Éverton Ribeiro en la primera jugada colectiva de Flamengo en todo el partido.

Para colmo, justo cuando Gerson empezaba a influir en el partido, el crack sufrió una lesión y tuvo que salir de la cancha. Era la peor noticia para Jorge Jesús: con su impresionante facilidad para proteger la pelota, había asumido el liderazgo de su equipo. Todas las señales eran negativas para Flamengo. Pero desde el banco emergió Diego, con sus 34 años a cuestas, y reescribió la historia.

El ex Juventus y Atlético Madrid hizo gala de su experiencia y jerarquía para asumir la conducción en el momento más caliente del partido, justo cuando la hinchada más numerosa del mundo empezaba a dudar. Bajo su dirección, apuntalado por Willian Arao, creció su equipo. Por primera vez, después de setenta minutos, Flamengo se instaló con consistencia en el campo contrario: Bruno Henrique recibía con ventaja de frente al arco y Éverton Ribeiro había encontrado a un socio que lo auxiliara en la gestación.

Mientras tanto, River empezaba a fundirse. Los últimos quince minutos, aunque con dificultades en el último tramo, el Mengao sometió a la formación de un Gallardo que no encontró respuestas en los cambios. Primero sacó a Nacho Fernández por Julián Álvarez, después confió en Lucas Pratto para ocupar el lugar de Borré y finalmente se vio forzado a reemplazar a Milton Casco con Paulo Díaz. Tal vez por primera vez en su ciclo, su mano fue contraproducente para un equipo que perdía cada vez más terreno.

“Nos faltó defendernos con la pelota de mejor manera y nada más. Estas son las derrotas que duelen, porque estuviste a nada de quedarte con el trofeo, y se te escapa. Y eso genera angustia. Nos ha tocado ganar muchas veces, y cuando te toca perder hay que saber hacerlo”, reflexionó después del partido.

Diego marcaba el pulso. Un pase en profundidad suyo y una arremetida de Bruno Henrique condicionaron a Enzo Pérez, amonestado a los 70′ después de otra infracción, un recurso sistemático para interrumpir la avanzada rival. Cinco minutos más tarde, Diego robó en campo propio y escaló hasta el área en una jugada que terminó con una chilena de Giorgian de Arrascaeta. Inmediatamente, siempre Diego, filtró un pase por la izquierda para encontrar a Gabriel Barbosa en soledad. Sin convicción, en una tarde para el olvido, lanzó un centro débil que terminó en frustración.

Gabriel Barbosa había sido el peor de los 87 minutos iniciales. Desconectado, fuera de tiempo, encarcelado por Javier Pinola y Lucas Martínez Quarta, casi no participó. Cada una de sus intervenciones terminaba en decepción. Su producción en la final parecía una frustración más en su carrera. Pero cuando ya nadie creía, Gabigol mantuvo intacta su fe, apareció por el segundo palo para empatar y aprovechó el primer error de la dupla central para el segundo.

Giorgian de Arrascaeta construyó el primer gol: le robó la pelota a Lucas Pratto en su propio campo y le sirvió el 1-1 a Gabigol después de una fantástica arremetida de Bruno Henrique. El delantero brasileño, reconvertido después de vivir toda una vida en el extremo izquierdo, fue merecidamente premiado como el mejor jugador de la Copa Libertadores.

El empate agónico hundió a un River sin reacción. Pinola falló en el cálculo ante un pelotazo de Diego y Gabigol, optimista como pocos, impuso su fortaleza física y castigó con un poderoso zurdazo que reescribió su historia, la historia de su club, en tres minutos. En su zurda vivía el milagro del Flamengo campeón.

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