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Es Navidad en Nápoles y Diego Maradona, la estrella convertida en deidad, está sentado en una silla con la mirada perdida, cabizbajo, triste y desconectado de la fiesta que organizó su equipo. Son más de treinta segundos incómodos, una escena poderosa que Asif Kapadia (Amy, Senna) rescató del olvido e incluyó en su documental sobre la etapa napolitana del ídolo argentino.

Apenas cinco meses habían transcurrido desde la victoria argentina en las semifinales del Mundial frente a Italia en San Paolo y Maradona era el hombre más odiado de Italia. Epicentro permanente de una galaxia siempre ruidosa que aún hoy gira en torno a su figura, Diego estaba a un costado en silencio, sin hablar, sin nadie que lo asfixiara. El primerísimo primer plano sobre su tristeza incrementa una angustia palpable y contagiosa: Diego no es feliz.

La secuencia es una de las tantas piezas inéditas, realmente inéditas, que Kapadia persiguió y consiguió sobre el hombre que convive con una exposición permanente desde hace más de cuatro décadas. El director británico, quien brilló con los documentales de Ayrton Senna y Amy Winehouse, entregó una nueva obra maestra con Maradona como protagonista que nació en 1995 cuando leyó un libro sobre el hombre convertido en leyenda. Más de veinte años demoró Kapadia en construir un reportaje de 130 minutos sobre el mito que representa un desafío inabarcable.

Kapadia se lanzó a la caza obsesiva de material jamás visto sobre una de las personalidades más famosas del mundo. Cazador paciente, encontró más de 500 horas de material crudo en una baulera de Claudia Villafañe, en los VHS de un fanático que se convirtió en su amigo o en las cámaras de dos camarógrafos que Jorge Cyterszpiler -su primer representante- había contratado con la intención de rodar una película que nunca salió a la luz. En breve saldrá un blu-ray con una hora más de metraje nunca proyectado.

La escena del Maradona solitario representa también una declaración de intenciones de un documental que, a contramano del realizado por Emir Kusturica, construye su relato a partir del poder de las imágenes. Kapadia entrevistó al propio Maradona en Dubai pero ninguno de los dos aparece jamás en pantalla: el director no está interesado en alimentar su ego con postales de sus encuentros en Dubai entre 2016 y 2017. Tampoco irrumpen en la pantalla Claudia Villafañe, Corrado Ferlaino, Fernando Signorini, Daniel Arcucci, Ciro Ferrara ni ninguno de los otros entrevistados que acompañan la travesía con sus valiosas voces en off.

Kapadia detectó que la vida de Maradona era insondable y tomó una decisión lógica: hacer un recorte. Enfocarse en su etapa en Nápoles, una etapa con absolutamente todos los condimentos, fue un acierto. En aquella aventura de siete años en Italia se sintetiza la leyenda del Diez. La construcción de la leyenda, su caída y su resurrección. Es el eterno retorno maradoniano, una vida edificada por mil vidas que repiten la misma matriz.

El documental ostenta una virtud poco común: no es pretencioso. Kapadia sobresale gracias a la honesta crudeza de su narrativa. No oculta nada y se anima a profundizar en los pecados del Diez pero siempre con la premisa de entender: la cocaína, sus vínculos con la Camorra de Carmine Giuliano, sus noches eternas, su relación con Cristiana Sinagra y la negación de Diego Jr. Kapadia no juzga: escucha, elige, encastra y narra sin siquiera abrir la boca.

La marcada dualidad entre Diego y Maradona es uno de los puntos más altos del documental. Fernando Signorini, preparador físico y amigo del Diez, recuerda una frase que expone las dos caras del astro: “Con Diego iría hasta el fin del mundo, pero con Maradona no daría ni un paso”. Diego, la persona. Maradona, el personaje que Diego inventó para sobrevivir a una vida imposible. Kapadia intenta encontrar el punto justo en donde Diego adoptó a Maradona como escudo protector.

“Me interesan las personas y su psicología. Qué lleva a alguien a actuar de una determinada manera. Estoy seguro de que los argentinos conocen todas las vidas de Maradona, pero espero con esta película aportar algo realmente nuevo sobre él”, explicó Kapadia en la presentación del documental en Buenos Aires. Indudablemente cumplió con su objetivo.

Kapadia recibió el Oscar a mejor largometraje documental por Amy

La santificación napolitana

“Espero tranquilidad, la tranquilidad que no tuve en Barcelona. Pero por sobre todas las cosas, respeto”. La frase es del propio Maradona, camino a Nápoles después de una etapa decepcionante en Barcelona: “Llegué a Napoli porque ningún equipo me compraba”.

Era la edad de oro del Calcio italiano. Con Michel Platini en la Juventus a la cabeza, las grandes figuras del planeta futbolístico se mudaban a Italia para participar del campeonato más competitivo del mundo. Napoli y los napolitanos, eternamente relegados, sufrían el racismo de la aristocracia del norte italiano. Eran “la cloaca de Italia”, como escribieron los hinchas del Inter en una bandera que colgaron en una de las visitas napolitanas al Giuseppe Meazza.

“La ciudad más pobre de Italia y una de las más pobres de Europa compra al jugador más caro del mundo”, reflexionaba un conductor mientras anunciaba la contratación de Maradona. Por entonces un paria, llegó a una ciudad hundida. Fue amor a primera vista. Maradona, rabioso e irreverente contra el poder, era el héroe que los napolitanos necesitaban. Nápoles era un reducto de Villa Fiorito en Europa. El santo de los desplazados y desposeídos, de los pobres y los postergados, se convirtió primero en su salvador y más tarde en un Dios. Maradona destruyó el mapa geopolítico italiano y se burló del poder de los ricos.

La eliminación italiana a manos de la Argentina de Maradona en el Mundial de 1990 fue un cisma sin retorno. En Italia se cansaron definitivamente de él: el pobre deja de ser simpático cuando empieza a ganar y le arrebata al rico aquello que equivocadamente cree que le pertenece. Ya no había protección mediática ni judicial. La venganza terminó con un Diego hastiado, marchándose de Italia por la puerta de atrás, involucrado en múltiples escándalos y con una vida que parecía destinada a la tragedia. Pero Diego, con su personaje Maradona a cuestas, sigue luchando mientras convive con las consecuencias de una vida imposible: de regreso en Argentina para dirigir a Gimnasia, aún no vio el documental.

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Diego Maradona

Maradona en La Plata: el final que no fue final

El oficialismo no se presentó a elecciones en Gimnasia y Diego pegó el portazo.

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Diego Armando Maradona es capaz de hasta lograr la unidad en un club del fútbol argentino. Las dos listas se pusieron de acuerdo y el astro anunció que continuará al frente de Gimnasia La Plata. El domingo dirigirá al Lobo frente a Arsenal. “Me da mucha felicidad poder decir que sigo siendo el director técnico de Gimnasia y Esgrima La Plata. Quiero agradecerle a los hinchas del Lobo, y a los jugadores, porque entre todos nosotros conseguimos finalmente la unidad política del club. Yo espero que cumplan con los refuerzos que me prometieron”, escribió en Instagram.

El texto antes publicado quedará en el recuerdo como una semblanza de la política y el deporte, un balance de los primeros dos meses de Diego en el Lobo.

Maradona en La Plata: el abrupto final de un ciclo intenso y emotivo (Nota original)

Si Gimnasia había construido una efímera esperanza deportiva e institucional, la renuncia de Diego Armando Maradona sepultó en un suspiro la ilusión de un club concursado y en descenso. El reloj marcó las doce cuando el aún presidente Gabriel Pellegrino anunció la desvinculación del astro convertido en entrenador. El anticipado desenlace de la revolución maradoniana devuelve a un Lobo en ruinas a su cruel realidad.

El paraíso duró apenas tres meses, marcados a fuego en el pueblo Tripero que se movilizará este miércoles 20 de noviembre a las 18.30 hacia la sede social para entregar un petitorio convocando a la unidad política bajo una innegociable consigna: “Si a Diego Maradona”.

El club, sus fanáticos y sus jugadores, son la víctima de los desmanejos dirigenciales de un presidente en retirada que reconoció su propio fracaso al no presentar una lista oficialista para las elecciones del sábado 23. Un día después, el domingo 24, Gimnasia recibirá a Arsenal en el primero de una serie de tres duelos trascendentales para definir su permanencia en la Superliga. Salvo un milagro, Maradona no estará en el banco de suplentes del Lobo.

Los entretelones del adiós

La política en Gimnasia se transformó en un eterno retorno: es la segunda elección consecutiva en la que el oficialismo admite su fracaso y no se presenta en busca de su reelección. Gabriel Pellegrino repetirá la historia de Daniel Onofri en 2016, aunque con un panorama aún más desolador. Si la herencia había sido pesada, Pellegrino profundizó la crisis.

En lo deportivo, recibió a un Lobo en Copa Sudamericana y devuelve a un equipo hundido en el fondo de la tabla en busca de una utopía para mantenerse en la máxima categoría del fútbol argentino. Fueron seis entrenadores en tres años, amén de los tres interinatos de la sociedad Mariano Messera-Leandro Martini que dirigirán el domingo ante Arsenal: Gustavo Alfaro, Mariano Soso, Facundo Sava, Hernán Darío Ortiz, Pedro Troglio y Diego Armando Maradona.

Alfaro, quien había asumido bajo la presidencia de Onofri tras el despido de Pedro Troglio y sufrió la transición, disparó una vez alejado de la institución: “Me tocó una coyuntura compleja, con un final político, con un presidente que terminaba su mandato y no se presentaba y un presidente nuevo que llegaba y no tenía la formación de dirigente de fútbol. La convocatoria de acreedores también trajo problemas”.

“En todos los lugares aspiro a lo mismo, estar arriba y poder pelear por Copas Internacionales. El proyecto es de los dirigentes y eso sentí que no lo tuve en Gimnasia. Entiendo, porque era gente nueva y no era del fútbol. Me enteré que hablaron con un entrenador y le dijeron que no estaban de acuerdo con como yo jugaba. Este entrenador le dijo que tenían que agradecer de tener un técnico como Alfaro que les iba a dar puntos que sino padecerían”, agregó el actual entrenador de Boca Juniors.

Aquel flamante presidente, alejado del mundo del fútbol, era Pellegrino. Una de sus primeras decisiones fue contratar a Roberto Depietri como Secretario Técnico del Fútbol Profesional. El ex jugador del Mens Sana, protagonista de 35 encuentros y autor de 11 goles con su camiseta, llegó en abril de 2017 y acordó su salida un año después. “Creo que fallamos en implementarlo tan rápido, pero también Roberto tuvo sus fallas”, analizó Pellegrino sobre un ciclo plagado de desaciertos.

Soso se marchó ante un mercado sin refuerzos. Sava, Ortiz y Troglio pasaron sin pena ni gloria pese a su historia en el Tripero. Además de técnicos, referentes como Fabián Rinaudo fueron invitados a marcharse. Pellegrino acertó con el envión que supuso, tanto para los jugadores como para los hinchas, la contratación de Maradona. Aunque los resultados fueron irregulares, el astro revitalizó al Lobo. Pero no fue suficiente.

Mientras Diego causaba una revolución anímica para un equipo que empezaba a encontrar resultados, el caos institucional, económico y deportivo hundió a Pellegrino. El presidente se quedó absolutamente solo, aislado, sin siquiera contar con el apoyo de su vicepresidente. El cierre de las listas expuso su fracaso: el oficialismo no presentó su candidatura.

Dos partidos competirán en las elecciones del sábado 23. Mariano Cowen (Gimnasia Grande) y Salvador Robustelli (Convergencia Gimnasia) se disputarán el trono en una pugna impopular: muchos hinchas están enfurecidos con ambos por la partida de Maradona: “Quería comunicarle a todos que renuncio a mi cargo de director técnico de Gimnasia y Esgrima La Plata. Tomo esta decisión con todo el dolor del alma, porque el presidente Gabriel Pellegrino no va a presentarse en las próximas elecciones. Sinceramente me sorprendió que no lo haga. Conversé con él, y luego de escucharlo, tengo que dar un paso al costado”, publicó Diego en su Instagram oficial.

Maradona convocó a la unidad tripera con Pellegrino incluido para rubricar su continuidad. Cowen, Robustelli y Pellegrino se reunieron sin éxito durante el mismo martes en el que Diego anunció su renuncia. Pero para ambos candidatos la única posibilidad de consenso era sin el actual presidente: “Para nosotros era unidad o nada. Diego ayer se fue a su casa mentalizado en volver si es que hoy se daba el consenso… Pero ante la noticia tomó su decisión. Maradona ha estado probablemente más a la altura que nosotros como dirigentes. Es el más grande de todos. Si se hubieran querido comunicar con Diego lo podían hacer como hice yo, que conseguí el teléfono y me fui a la casa”, castigó Pellegrino.

Como en 1995 cuando se marchó de Racing después de que Juan de Stéfano perdiera las elecciones a manos de Osvaldo Otero, Diego cerró abruptamente su etapa como entrenador por cuestiones políticas.

¿Qué deja el ciclo Maradona?

Un retorno inolvidable

“Sepan que NUNCA voy a olvidar ese primer entrenamiento, cuando volví a entrar en una cancha del fútbol argentino”, escribió Maradona en su carta de despedida. 25 mil personas se reunieron en el Juan Carmelo Zerillo para vibrar con el retorno del ídolo a su casa. Habían pasado más de 23 años desde su última experiencia en Racing y casi una década desde aquella eliminación frente a Alemania al frente de la Selección Argentina.

“Soy un exiliado deportivo porque en la Argentina me cerraron las puertas de forma increíble”, lanzó en 2012 mientras dirigía al Al-Wasl de Emiratos Árabes Unidos. Después de sus etapas en el Al-Fujairah y Dorados de Sinaloa, Gimnasia le abrió las puertas del Bosque para que el Diez gambetee también a la supuesta prohibición.

Entre lágrimas, agradeció la oportunidad: “Acá estoy en mi casa. Por supuesto que quería dirigir en Argentina, el tema era que Blatter y Grondona apuraban a los presidentes para que no me contraten. A mi después de la Selección me hicieron una cruz y lo sabían todos, en el 94′ con el señor Blatter me borraron, junto con Deluca y Grondona. Pero estoy acá, de pie, como quería la Tota. Ella me decía, no te mueras por esta porquería. Y no me morí por esta porquería”.

Maradona no se murió, volvió al fútbol argentino y generó interés en partidos anodinos para el hincha común. Cada encuentro del Gimnasia de Maradona fue una novela única en la leyenda maradoniana.

El postergado homenaje al ídolo

Si el pueblo no olvida a quien no lo traiciona, la vuelta de Maradona fue un mimo también para los hinchas que pudieron agradecerle tantas alegrías al mito viviente que es el hombre que simboliza a un pueblo. Cada partido fue una ofrenda a su deidad futbolística.

Newell’s, una ciudad enamorada de aquel jugador que apenas disputó cinco encuentros con su camiseta, fue el capítulo más emotivo de un tour de apenas ocho fechas que revivió la fibra más íntima de un fútbol argentino habitualmente moribundo.

Algunas sonrisas

Gimnasia había sumado apenas un punto en el campeonato en las primeras cinco fechas. El calendario no fue benévolo con Maradona, quien en sus tres primeros partidos debió enfrentar al campeón Racing, a Talleres en Córdoba y al River campeón de América. Aunque el Lobo mostró una versión mejorada, sus propios errores le impidieron sumar siquiera un punto.

La primera alegría llegó como en Mendoza, con su goleada por 4-2 frente a Godoy Cruz. Los únicos tres triunfos del ciclo del Diez fueron fuera de casa: frente al Tomba, 4-0 frente a Newell’s y 3-0 frente a Aldosivi en el último encuentro de la era Maradona. Diego sacó nueve de los 24 puntos posibles pero, aún pese a la dolorosa derrota frente a Estudiantes en el clásico, el futuro era auspicioso de cara a una seguidilla de tres partidos frente a rivales directos.

Jóvenes con futuro

Con un plantel de recursos limitados, Maradona agudizó su ingenio para identificar talento joven que pudiera ser útil para la causa Tripera. El caso más resonante fue el de José Paradela. Recomendado por Mariano Messera, enamoró a Diego durante un partido de reserva y no dudó en subirlo al primer equipo.

Mediocampista ofensivo con aroma a nostalgia, más cerca de un enganche clásico que de un volante mixto moderno, se ganó un lugar en la formación. Pese a la presión de haber sido la joya elegida por Maradona, un Paradela de apenas 20 años respondió con carácter y soltura ante el delicado escenario. Producto de las inferiores de Rivadavia de Lincoln, entró desde el banco frente a Talleres y fue titular indiscutido en todos los partidos desde la caída frente a River hasta la última goleada en Mar del Plata. Como enganche clásico o en un doble comando junto a Víctor Ayala en la mitad de la cancha, demostró que el ojo clínico de Diego sigue intacto.

No fue el único joven que sumó minutos bajo las órdenes del Diez. El zurdo Matías Miranda, otra de las promesas de las inferiores del combinado platense, también sumó minutos y firmó su primer contrato profesional. Confite, de 19 años, fue titular en el clásico frente a Estudiantes y en la victoria contra Aldosivi.

Paradela y Miranda forman parte del legado que dejó en el Bosque un Maradona que verá el próximo partido de Gimnasia por televisión.

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Diego Maradona

Maradona en Sinaloa: donde Diego es feliz

El nuevo documental de Netflix muestra la etapa del Diez en siete capítulos.

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No hay lugar que haga más feliz a Diego Armando Maradona que una cancha de fútbol, antes como jugador y ahora como entrenador: “Es como si volviera a jugar”. Maradona en Sinaloa, la mini-serie sobre la etapa del astro argentino como técnico de Dorados, es una ventana que permite disfrutar de la versión más pura del ídolo.

La cronología deportiva no sorprende, aún fresca en la memoria. El equipo de la ciudad en la que nació el Chapo Guzmán pasó de colista a candidato al ascenso tras la contratación del Diez: “Ahora empieza la revolución maradoniana”, advirtió en uno de sus primeros mensajes al Presidente José Antonio Núñez en el documental que Netflix estrenó el último 13 de noviembre. No se equivocó.

El Gran Pez alcanzó las dos finales del año, con idéntico desenlace: Atlético San Luis estropeó sus chances de acceder a la Liga MX en dos definiciones calientes. La travesía de Maradona en Culiacán duró un año pero fue más que suficiente para cambiar la narrativa de una ciudad mundialmente conocida como la capital de la cocaína y la casa del cartel.

Pero lo deportivo se transforma en un relato secundario a lo largo de los siete capítulos que oscilan entre los 26 y 38 minutos. La posibilidad de ver a un Diego pleno en su ecosistema de mayor felicidad es el epicentro de Maradona en Sinaloa. Descubrir al técnico detrás del mito también representa una oferta seductora.

El impacto que genera el fútbol en la vida de Diego es contundente. El contraste es evidente. Como muestra, una sucesión de escenas. Christian Delgado, kinesiólogo argentino que ayudó a la milagrosa recuperación de sus rodillas, lo masajea en una camilla: “Si me curás la rodilla sos Copperfield. Vengo con la rodilla así hace más de 30 años”. Minutos más tarde, Diego festeja el último triunfo a los saltos con su equipo en el vestuario.

Maradona cojea, camina con problemas e incluso se ayuda con un bastón, pero cuando está en la cancha, con la pelota, con sus jugadores, los dolores quedan en el olvido.

La devoción que genera en sus dirigidos se roba el show en un documental repleto de imágenes inéditas. Maradona en Sinaloa explica a la perfección el impacto emocional que genera su presencia. Más que sus pupilos, los jugadores parecen sus hijos: los abraza, los aconseja y los emociona. “Tenés las condiciones para todo. Tenés que demostrarlo. Ese “una más” debería estar en tu corazón. Me pasó a mí. Yo era un jugador más. Y llegué hasta lo más alto del cielo”, le aconseja durante su despedida a Alonso Escoboza, una de las figuras de su etapa en Sinaloa.

El Maradona más cercano, el más real, el que se permite quebrarse en un vestuario después de haber perdido la primera posibilidad de ser campeón, es el protagonista de un corto en capítulos que desde hoy se convirtió en una cita obligada más en la filmografía de la mayor deidad futbolística.

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Diego Maradona

El mejor regalo: Maradona festeja entre emoción y emoción

Diego disfruta de sus días en el fútbol argentino. Rosario fue una fiesta.

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Diego Maradona sentado en el trono que preparó Newell's para su regreso

La escena se repite con frecuencia: Diego Maradona se quiebra. En el Bosque platense, en el Mario Alberto Kempes, en un techo de un hotel, en una reunión privada en la que le entregan una camiseta con el nombre de Doña Tota estampado o frente a una multitud en su retorno al Marcelo Bielsa, Diego se quiebra. Son lágrimas de felicidad las del mito que regresó a la Argentina para afrontar una misión imposible al frente de Gimnasia. Son lágrimas de felicidad de una leyenda que hace no mucho tiempo creía que nunca iba a volver a recibir el cariño del pueblo que lo idolatra.

“Soy un exiliado deportivo porque en la Argentina me cerraron las puertas de forma increíble”, disparó Diego en 2012. La proscripción, aseguraba, correspondía a su polémica desvinculación de la Selección Argentina después del Mundial de Sudáfrica 2010 y a su estropeada relación con Julio Grondona.

Maradona dirigió en Emiratos Árabes Unidos al Al-Wasl y al Al-Fujairah y a Dorados de Sinaloa en México antes de volver a su país. En su primera salida al campo de juego del Juan Carmelo Zerillo, a bordo de un carrito de golf por las dificultades que atraviesa por su reciente cirugía de rodilla, se puso a llorar: “Acá estoy en mi casa. Por supuesto que quería dirigir en Argentina, el tema era que Blatter y Grondona apuraban a los presidentes para que no me contraten. A mi después de la Selección me hicieron una cruz y lo sabían todos, en el 94′ con el señor Blatter me borraron, junto con Deluca y Grondona. Pero estoy acá, de pie, como quería la Tota. Ella me decía, no te mueras por esta porquería. Y no me morí por esta porquería”.

La revolución Maradona fue instantánea: durante su primera semana en el club, Gimnasia sumó dos mil socios nuevos, vendió 2500 camisetas estampadas con su mítico 10 y se convirtió en el tercer equipo argentino con más seguidores en Twitter.

Gerardo Marzola, secretario de finanzas de un Lobo concursado que necesita sanear su economía, le puso cifras al fenómeno en CieloSports: “Lo que se generó por ventas de plateas fueron 2.300.000 pesos. El Lobo Shop estaba facturando un millón y facturó cinco, y hubo ingresos extraordinarios de sponsor por 400 mil. Sumamos cinco mil socios, casi recuperamos los que habíamos perdido, teniendo en cuenta que con la situación económica veníamos teniendo una morosidad del 35%”.

Newell’s recibió a Maradona con los brazos abiertos cuando en 1993 dejó al Sevilla tras una pelea con Carlos Salvador Bilardo. Argentinos y San Lorenzo habían aparecido en escena pero las palabras de Jorge Raúl Solari y Ricardo Giusti fueron vitales para convencerlo. 40 mil fanáticos se reunieron para celebrar su primer entrenamiento, el 13 de septiembre de 1993.

Con la camiseta leprosa completó apenas dos amistosos y cinco partidos oficiales pero el idilio fue automático. Fue una historia de amor breve pero inolvidable para ambos. En su debut frente a Emelec, en un estadio atiborrado, hasta un pequeño Lionel Messi observó aquellos primeros minutos: “No recuerdo mucho, era chiquito, pero lo vi a Maradona en la cancha el día que debutó contra Emelec”.

26 años después de que se pusiera por primera vez la camiseta roja y negra, volvió al Coloso del Parque como entrenador de Gimnasia cumpliendo una promesa que había asumido en un video que grabó para el 20º aniversario de su firma con el club: “Yo soy Diego Armando Maradona, DNI 14.276.579. Fui, soy y seré leproso, sin ninguna duda. Porque aprendí a amar al club estando muy poco y voy a volver”.

Los homenajes fueron múltiples en la Nochebuena Maradoniana. Diego, entre lágrimas y micrófono en mano, agradeció el cariño y prometió volver como técnico. El Marcelo Bielsa estalló. Después del reconocimiento, con Diego sentado en un trono instalado para la ocasión, Gimnasia goleó a Newell’s por 4-0 con los goles de Leandro Contín, Maximiliano Caire, Horacio Tijanovich y Matías García.

Fue el segundo triunfo de la era Maradona en el Lobo, un equipo que necesita sumar desesperadamente para escaparle al descenso. Fue también su mejor actuación, en la antesala del clásico frente a Estudiantes y del 59º cumpleaños del astro: “Fue una noche de fiesta. Nadie se creía que Gimnasia podía tener el equipo que hoy tiene. Al Parque de la Independencia algún día voy a volver, eso seguro”.

Entre partido y partido, Maradona se emociona por un tour que jamás pensó que viviría. Es Navidad y Diego festeja entre lágrimas, recordando a aquellos que ya no están y corrigiendo sus errores del pasado mientras disfruta de los días felices en su lugar en el mundo: el fútbol argentino.

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