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Básquet

Westbrook y la ciudad postergada

El base fue transferido a Houston Rockets, donde se reunirá con James Harden para ir a la caza de su primer anillo.

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Russell Westbrook vestirá la camiseta de Houston Rockets durante la temporada 2019-2020. Después del fracaso del proyecto construido alrededor de su dupla con Paul George y el posterior traspaso de PG a Los Angeles Clippers, la etapa de Russ en Oklahoma City llegó a su fin. Fue de común acuerdo entre un equipo que decidió embarcarse en la primera reconstrucción de su historia y el ídolo que quiere competir. La yunta se reencontró durante un partido de pretemporada celebrado en Hawái.

La siguiente historia se publicó en 2017 cuando Kevin Durant regresó al Chesapeake Energy Arena. El base era el héroe de una ciudad rota. Con Westbrook traspasado a Houston, la ciudad quedó acéfala. Su partida es el momento perfecto para repasar el significado de Russ para Oklahoma, quien regresará a su reino el próximo 9 de enero de 2020.


La tienda del Chesapeake Energy Arena está atiborrada de camisetas de Oklahoma City Thunder con el nombre de Russell Westbrook, con la cara de Russell Westbrook, con el espíritu de Russell Westbrook.

Un centenar de hinchas camina entre los pasillos del local mientras otros tantos forman una prolija fila en la puerta a la espera de que un guardia de seguridad pálido y regordete les permita el acceso.

Es un día especial: Kevin Durant, el hijo pródigo que migró a Oakland en busca de un anillo, vuelve por primera vez a la ciudad que fuera su casa. El héroe convertido en villano. El mensaje, inmortalizado en las remeras de hombres desahuciados, es unívoco: Russell Westbrook, u Oklahoma que es lo mismo, contra el mundo.

Se renueva el público pero la tienda sigue repleta. Una madre ingresa con su hijo de unos 14 o 15 años y se asombra.

“Todo tiene la cara de Russ, deberíamos comprar una camiseta”

El chico, en la edad en la que los ídolos aún son inmaculados, sorprende con su respuesta.

“No, no la compremos, si seguro se irá pronto”

No hay nada más triste que un chico sin esperanza.


Oklahoma fue una ciudad eternamente postergada, acostumbrada al abandono y castigada por la tragedia. Incluso en sus momentos felices convivía con la sensación constante de un revés inminente, como si su vida fuera un espejismo construido sobre el abismo.

Acostumbrado a ser una ruta de transporte, fue el quinto estado más tardío en ser aceptado en la Unión. En los 30’s fue víctima de uno de los peores desastres ecológicos de la historia estadounidense: el Dust Bowl, una sequía que durante siete años azotó a Oklahoma como su principal víctima. Miles de familias se vieron forzadas a abandonar sus hogares, meses después de que se desatara la Gran Depresión del 29. La tendencia se mantuvo durante décadas: Oklahoma era el pueblo del que los jóvenes querían escapar.

Casi setenta años después, otro desastre natural asaltó su habitual tranquilidad: un tornado dejó 24 muertos, 377 heridos y provocó daños por 2 billones de dólares.

Pero su capítulo más triste se escribió el 19 de abril de 1995 a las 9:02 de la mañana: Oklahoma se transformó en el estado del atentando terrorista más grande hasta el ataque a las Torres Gemelas. Timothy McVeigh y Terry Nichols hicieron estallar un camión alquilado con una carga de alrededor de 2.300 kg de explosivos caseros en el Edificio Federal Alfred P. Murrah un miércoles hace 22 abriles, asesinaron a 168 personas, entre ellos 19 chicos menores a seis años, e hirieron a otras 680. McVeigh, autor material, fue ejecutado mediante inyección letal el 11 de junio de 2001. Nichols, cómplice, fue condenado a cadena perpetua y cumple su condena en la prisión de máxima seguridad de Florence, en Colorado.

En el mismo lugar, seis años después, se inauguró el Oklahoma City National Memorial, visita obligatoria para cada una de las incorporaciones que hace el equipo. Son 13.000 metros con dos puertas imponentes de bronce pintado de negro en cada extremo que enmarcan el momento de la destrucción (9.02). La puerta del este representa el momento de paz previo al minuto del atentado (9.01) y la puerta del oeste simboliza el comienzo de la reconstrucción (9.03). En el exterior, las Puertas del Tiempo comparten la misma leyenda:

“Venimos aquí a recordar a aquellos que fueron asesinados, a aquellos que sobrevivieron y a aquellos que cambiaron para siempre. Que todos los que se vayan de aquí conozcan el impacto de la violencia. Que este memorial ofrezca consuelo, fuerza, paz, esperanza y serenidad”

En la representación física de ese minuto trágico se repiten los homenajes a los fallecidos -168 sillas vacías, los nombres de las víctimas tallados en piedra- y también a los sobrevivientes, representados en El árbol del sobreviviente -un olmo que resistió al atentado-. Dentro del monumento se respira el respeto por los caídos, la tristeza por una embestida abominable. Pero la imagen más representativa y tétrica está afuera: Jesús, de espaldas, se agarra la cabeza avergonzado.

Oklahoma era un páramo en constante depresión, acostumbrada al abandono permanente y con el estigma de haber sido el escenario del atentado terrorista más grande de la historia estadounidense. Hasta 2008.


Una suma de factores había consolidado a los Seattle Supersonics como una de las franquicias emblemáticas de la NBA. Era un equipo acostumbrado a ser protagonista, emplazado en una metrópoli de moda de Estados Unidos, con un isotipo muy atractivo en pleno auge de los superhéroes. Fueron campeones en 1979 y a mediados de los noventa se consolidaron como una de las principales potencias -y uno de los equipos más entretenidos- en el oeste con Shawn Kemp como estrella, Gary Payton como ladero y George Karl como entrenador. Estuvieron a punto de conquistar el segundo anillo de su historia pero Michael Jordan y sus Chicago Bulls frustraron su ilusión en la final. Ray Allen mantuvo viva la pasión de Seattle entre 2003 y 2007, cuando partió rumbo a Boston Celtics. Su partida, casualidad o consecuencia, vaticinó el destino de los Supersonics.

La historia empezó en 2006 cuando Howard Schultz, por entonces propietario de la franquicia, buscó financiación pública del estado de Washington para afrontar una remodelación millonaria del Key Arena. Le respondieron que no y Schultz, enardecido, decidió poner en venta la franquicia que un empresario llamado Clay Bennett, oriundo de Oklahoma, adquirió por 350 millones de dólares. El flamante dueño endureció las negociaciones y le exigió al estado de Washington un estadio nuevo de 500 millones de dólares.

Mientras tanto, Oklahoma respiraba NBA por primera vez en su historia: como consecuencia del huracán Katrina, los New Orleans Hornets mudaron su localía durante dos temporadas a una ciudad que enloqueció y abrazó a los Hornets como si fueran propios. La experiencia plantó la idea en Bennett: llevarse a los Supersonics a su ciudad natal.

Su partida se concretó en junio de 2008, visto bueno de la liga mediante y pese al conmovedor repudio de sus fanáticos. Seattle, aunque damnificado, logró retener los objetos históricos, el nombre y los colores de la franquicia para usarlos cuando un equipo NBA vuelva a la urbe.

Bennett se llevó el plantel que integraban el sophomore Kevin Durant y el recién drafteado Russell Westbrook a una ciudad que encumbró, sin saberlo, a un equipo candidato. Así nacieron los Oklahoma City Thunder.


Son las dos de la mañana del 11 de febrero de 2017 en Oklahoma, un lugar desierto y de noche profunda. Después de doce horas de viaje desde San Antonio en un micro de la empresa Turimex, los choferes platean una dicotomía a resolver a mano alzada entre los pasajeros: bajarse en la estación de la empresa ya cerrada en medio de un descampado o en una estación de servicio abierta las 24 horas. Lógico, todos votan la segunda opción.

La estación de servicio es un oasis de luz en un mar de oscuridad. Sin auto, la única solución para llegar al hotel es pedir un Uber. Diez minutos después, una Chevrolet Tahoe negra y bestial irrumpe en la madrugada.

-“¿Matías?”

-“¿Rayvon?”

-“Yeah, man. Come on”.

Si los perros se parecen a sus dueños, la camioneta es un espejo de Rayvon. Como todos en el estado, Rayvon es hincha de Oklahoma City Thunder. Si el área de Nueva York tiene 11 equipos en las grandes ligas de Estados Unidos, Oklahoma es su antítesis: los Thunder son su único equipo en una de las seis ligas mayores.

Faltan horas para que Oklahoma City reciba por primera vez en la temporada 2016–2017 a Golden State Warriors y, especialmente, a Kevin Durant. Rayvon, mi primer contacto oklahomense que no irá a la cancha porque la entrada más barata para esa noche cotiza 125 dólares, desnuda su decepción: “Tomó su decisión, sé que es básquet, sé que es su carrera pero nos duele por cómo y adónde se fue. Él era mucho más que un ídolo para nosotros. Es un buen hombre, donaba dinero e incluso construyó un estadio en el centro. Estábamos 3–1 arriba en la final de la conferencia oeste y Durant comenzó a jugar mal. Uno incluso piensa que lo hizo a propósito“.

Para entender la decepción de una ciudad que convirtió a Kevin Durant en su enemigo público primero hay que comprender la magnitud de su idolatría. Cuando Oklahoma City Thunder comenzó su aventura en la NBA en la temporada 2008/2009, Kevin Durant era una joven promesa de 20 años que apenas había cumplido su año de rookie en la liga. Automáticamente se enamoró de los beneficios de un pequeño escaparate, ideales para el crecimiento de una estrella en ciernes: pocas distracciones, una hinchada fervorosa y una organización seria.

Cuando Oklahoma City y Durant desembarcaron en su nueva plaza, una de las menos populares y aún menos atractivas de la NBA, la ciudad prácticamente tenía un único hotel, pocos restaurantes y una inexistente vida noctura. “Es una ciudad que creció con el equipo”, analizó KD en una entrevista en Sports Illustrated hace un par de años. “Todo creció muchísimo desde que llegó el equipo”, coincide Rayvon.

El impacto del equipo sobre la ciudad fue impresionante: cambió su narrativa para siempre. La ciudad del Dust Bowl, la ciudad postergada, la ciudad del atentado se había convertido en la ciudad de Oklahoma City, en la ciudad de Kevin Durant. Pocos equipos significan tanto para una ciudad como los Thunder para Oklahoma.

Oklahoma adoptó como propio a Durant, quien se convirtió en uno de los mejores jugadores de la NBA -se consagró MVP en 2014- y en el emblema de una franquicia protagonista que en 2012 cayó en la final frente al Miami Heat de LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh. Durant se implicó en las causas sociales de la comunidad: por ejemplo, donó un millón de dólares después del tornado que en 2013 dejó 24 muertos. Durant no era solo un ídolo, Durant era la ciudad.

Esa alianza fue exitosa durante ocho años. Su última aventura juntos fue en las finales del oeste de la temporada 2015–2016. Oklahoma City tenía en jaque a Golden State, el conglomerado de estrellas que había quebrado el récord de las 72 victorias de los Bulls de Jordan, pero el triunfo se le escurrió de entre las manos: los Warriors revirtieron un 1–3 y se metieron en las finales de la NBA.

Semanas más tarde, un Kevin Durant convertido en agente libre anunció su partida rumbo a Golden State. Síndrome de Estocolmo, la víctima se sumaba a su verdugo. Mike Sherman, del diario local The Oklahoman News, escribió: “La gente estaba triste, no enojada. La sensación no era de traición, sino de pérdida“.

Los fantasmas del pasado sobrevolaban nuevamente sobre Oklahoma, otra vez postergada, otra vez abandonada.


Enel romance entre Oklahoma y Durant, Russell Westbrook fue siempre marginado. Los fanáticos incluso consensuaron la construcción de un relato maniqueista: Durant como héroe, Westbrook como villano. Cuando Oklahoma ganaba era gracias a Durant pero cuando perdía era por culpa de Westbrook.

Cuando llegó creímos que era un jugador mediocre y normal, pero lo vimos convertirse en hombre“, me cuenta Rayvon.

Sin embargo, Durant y Westbrook construyeron una relación de hermanos. En el discurso de aceptación del trofeo MVP, KD defendió y empapó de elogios a Russ.

“Russ, un tipo emocional que correría a través de una pared por mí. Te amo, hombre. Te amo. Mucha gente te hace críticas injustas como jugador y yo soy el primero en respaldarte. Sólo sigue siendo la persona que eres. Te agradezco muchísimo, me hacés ser mejor. Quiero competir por siempre a tu lado. Tenés una gran parte de esto. Vos sos un MVP. Es una bendición jugar con vos”

Juntos lideraron a Oklahoma rumbo a tres finales de conferencia y una final NBA. A su yunta sólo le faltó ganar un anillo, la excusa que motivó la decisión de Durant. Durante años, Westbrook aceptó estar a la sombra de Durant. Cuando KD se fue, Russ sintió la misma sensación de abandono que la ciudad, una traición que no pudo ni supo perdonar.

Westbrook, cuyo contrato finalizaba en 2017, renovó el 4 de agosto de 2016 por tres años y US$ 85.7 millones de dólares. Ese 4 de agosto fue oficialmente declarado por el alcade como el día de Russell Westbrook.

“No hay otro lugar en el que prefiera estar que en Oklahoma City. Ustedes, básicamente, me han criado. Yo estoy aquí desde que tenía 18, 19 años. Ustedes solo hicieron grandes cosas para mí. A través de lo bueno y lo malo, ustedes me apoyaron a través de todo, y lo agradezco. Definitivamente, cuando tuve la oportunidad de ser leal a ustedes, esa fue mi opción número 1. La lealtad es algo que yo sostengo”

La temporada 2016–2017 fue una cuestión personal para Westbrook. Se le notaba en sus ojos: quería venganza. Russ contagió con su actitud, con su fidelidad, a toda una población: “Nos devolvió la ilusión. Encontramos a alguien en quien creer, alguien que por fin no nos abandonó. Fue una gran alegría su renovación”, reflexionó Stephen, constante seguidor del equipo, en la víspera del Oklahoma City-Golden State del 11 de febrero de 2017.


Oklahoma estaba revolucionada. Faltaban horas para el partido pero los alrededores del Chesapeake Energy Arena empezaban a plagarse de hinchas de la afición más ruidosa y pasional de la NBA. Cada uno tenía un mensaje para Kevin Durant, quien había llegado a su antiguo hogar custodiado por un grupo de seguridad mucho más nutrido e incluso armado. El guión de esa noche se escribía solo: una ciudad despechada contra Durant.

Fue un encuentro atípico de temporada regular, de una intensidad incesante, de una matriz barrial. El resultado entre dos equipos sin equivalencias era lo de menos: el honor y el orgullo de Westbrook, del equipo y de la ciudad estaban sobre la mesa. Kevin Durant fue abucheado durante el calentamiento previo, en la presentación, en cada intervención y una vez terminado el partido.

Oklahoma solo pudo competir durante el primer cuarto, instancia en la que llegó a sacar siete puntos de ventaja. El resto del encuentro fue una paliza de los futuros campeones de la liga pero, incluso pese a una diferencia que osciló entre 10 y 23 puntos, Oklahoma dejaba el corazón en cada pelota en una pabellón a punto de ebullición. En la atmósfera se percibía un momento que al fin llegó en el tercer cuarto: el cruce entre Westbrook y Durant.

Pese a la advertencia de Westbrook y sus 47 puntos, 11 rebotes y 8 asistencias, Golden State se llevó el triunfo por 130 a 114. Durant se volvió a marchar de Oklahoma con 34 puntos, 9 rebotes y un frente a frente con Andre Roberson.


Latemporada fue un éxito para Russell Westbrook: disipó las dudas que se habían construido a su alrededor, se erigió y consolidó como líder de su equipo, clasificó a playoffs a Oklahoma, hizo historia al convertirse en el segundo jugador en la historia de la NBA en promediar un triple-doble (31.6 puntos, 10.4 asistencias y 10.7 rebotes), se afianzó como estrella en la liga y recibió el premio MVP.

No le alcanzó a Oklahoma para pelear por el anillo: fueron eliminados por Houston Rockets en la primera ronda del oeste. El esfuerzo sobrehumano de Westbrook fue insuficiente para un equipo con más ilusiones que argumentos.

Sam Presti, el general manager de Oklahoma y uno de los mejores de la historia si no fuera por el trade de James Harden a Houston Rockets en 2012, solucionó el problema de cara a la próxima temporada: sedujo a Paul George y a Carmelo Anthony y los incorporó a cambio de un puñado de jugadores de muchísima menor valía. Oklahoma tiene su Big Three e irá a la caza de Golden State para consumar su revancha. Ambos tendrán la posibilidad de partir en la próxima agencia libre pero, al menos por una temporada, los Thunder serán candidatos.

El futuro es incierto, aunque Oklahoma tiene una única certeza: el último 29 de septiembre, en pleno cumpleaños de Kevin Durant, Russell Westbrook renovó su vínculo por cinco años y 205 millones de dólares, un acuerdo se ejecutará a partir del año próximo.

Desde el 29 de septiembre, en Oklahoma todos los días son el día de Russell Westbrook.

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Básquet

El retorno de Melo: una radiografía de su primera noche NBA

Carmelo Anthony volvió a la NBA en la derrota frente a New Orleans Pelicans.

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La planilla de Melo: 10 puntos, 4 rebotes, una tapa y cinco pérdidas en 23 minutos. Lanzó 28.6% de cancha (4-14) y 66.7% de tres (2-3). Finalizó con un +/- de -20.

Luego de años siendo uno de los jugadores más influyentes y populares de la NBA, en 2009 Allen Iverson comenzó un corto periplo del que su carrera no se recuperaría. Primero firmó con unos Memphis Grizzlies que aún no eran los del Grit’N’Grind, pero en los que comenzaban a asentarse Zach Randolph, Marc Gasol y un joven Mike Conley. El experimento duró solamente tres partidos en los que The Answer no jugó mal, pero su ego no toleró el salir desde el banco de suplentes, situación que concluyó con él pidiendo ser liberado de su contrato. 

Un mes después fue llamado por los Philadelphia 76’ers, los mismos Sixers en los que se había transformado en una leyenda de la liga. El equipo no iba a ningún lado, no tenían aspiraciones de playoffs, y no había nada mejor para los fans que un último tour despedida del ídolo local. Fueron 25 partidos, 24 como titular, y en febrero tanto él como el equipo decidieron continuar por caminos separados. 

AI no volvió a pisar una cancha de la NBA, principalmente porque, a sus 34 años, nadie podía ofrecerle ser titular. Y en sus palabras fue contundente: “Prefiero morir que arrancar en el banco”. 

Es irónico que un jugador que ha moldeado buena parte de su estilo -incluyendo la manga para tirar y las hoy desaparecidas trencitas- y que incluso fue compañero de Iverson, venga transitando un camino similar en estos últimos años.

Como The Answer, Carmelo Anhtony fue acusado durante muchos años de acaparar demasiado juego, no defender y no ser un anotador lo suficientemente eficiente. Sus partidarios, mientras, se concentraban en el elevado nivel estético de su juego y en que, durante su prime, sus equipos eran candidatos con una ofensiva que giraba alrededor de la estrella.  

Tras irse de mala manera de los New York Knicks, peleado con la dirigencia y con problemas familiares, Melo llegó a OKC para jugar como tercera opción detrás de Russell Westbrook y Paul George. Luego de burlarse durante la pretemporada cada vez que le preguntaban si podía salir desde el banco (“¿Quién? ¿Yo?!”), Anthony tuvo su peor temporada en 14 años de carrera, promediando 16.2 puntos por partido 40.4% de campo y 35.7% en triples en 32.1 minutos por partido. Para peor, estaba completamente fosilizado en defensa, y su promedio de tiros libres intentados había caído a 2.5 por juego, cuando en sus años en los Nuggets tomaba más de 8. 

Tras la decepción en Oklahoma, Chris Paul y James Harden convencieron a Daryl Morey y Mike D’Antoni de darle una chance en Houston. Fueron solamente 10 partidos, en los que, ahora si, Melo aceptó ser suplente. Pero nunca terminó de asentarse, y sus porcentajes de tiro bajaron todavía más. Sin demasiadas ansias de regalar oportunidades, los Rockets lo cortaron, negándole la chance de pasar un periodo extendido de tiempo en un sistema nuevo. A su favor, el había cambiado. Ya había resignado tiros en OKC. Ahora había sabido comprometerse al punto de no ser titular y que eso no afectase su situación.

Desde el 8 de noviembre de 2018, Anthony no pisaba una cancha de la NBA. Uno de los mejores anotadores de su generación obligado, a sus 34 años, a ver pasar la liga ante sus ojos, mientras amigos suyos como LeBron James y Chris Paul competían por títulos, y Dwyane Wade recibía homenajes noche tras noche previo a su retirada. 

La lucha contra los nuevos roles otra vez parecía una retirada prematura. Era el caso Iverson 2.0.

Hasta que apareció Portland Trail Blazers.

Finalistas en el Oeste la pasada campaña, Portland comenzó de forma desastrosa esta temporada, un poco por fallas de diseño y mucho por lesiones. Las palabras del GM Neil Olshey al reunirse con Melo fueron claras: “Vos nos necesitás. Y nosotros te necesitamos”. Así, luego de solo un par de días con el plantel, el alero debutó anoche con los de Oregon en el enfrentamiento ante los New Orleans Pelicans. 

La gran incógnita es: ¿cómo aprovechará Terry Stotts a Anthony en ataque al mismo tiempo que lo esconde en defensa?

Veamos:

Melo jugó la mayor parte de sus minutos anoche como ala pivot. A poco más de un minuto de comenzado el juego, vimos uno de los mejores ejemplos de cómo puede ser utilizado en favor del equipo. 

Aquí muestra que cuando quiere puede ser muy efectivo jugando sin la pelota, algo que no ha aprovechado demasiado en su carrera. Melo realiza dos cortinas consecutivas para CJ McCollum. En la segunda el defensor queda enganchado, por lo que el alero rival sale a cortarle el tiro a CJ, quedando Anthony libre para el triple. 

Este es el tan mentado “Olympic Melo”, ese jugador mítico que aparecía para romperla en la selección estadounidense cada 4 años dentro de un sistema en el que no necesitaba ser el Alfa y el Omega, sino un engranaje más. Un engranaje brillante, letal, pero un engranaje al fin. Su éxito en Portland depende casi íntegramente de ser este jugador y no solamente el de “jab step, jab step, tiro de media distancia” al que revierte cuando muchas veces no le salen las cosas. 

Una de los mejores indicios que tuvimos anoche fue la voluntad de Melo para poner cortinas. Siendo un tipo que nunca quiso jugar de ala pivot excepto cuando las lesiones de compañeros se lo demandaban, y que siempre prefirió tener la pelota en sus manos, verlo colocar picks en cada ofensiva es una brisa de aire fresco. Lo vimos en la jugada anterior, y ahora aquí nuevamente intentando un pick and roll con CJ:

Hablando de pick and roll, aquí Whiteside intenta un dribble handoff para Melo, jugada que en este caso termina siendo un pick and roll de facto:

La resolución de Anthony es decididamente mala, pero es lo suficientemente bueno llevando y pasando el balón como para pensar que esto tiene que ver con haber pasado un año entero sin pisar una cancha. Jugando de 4 como ayer, es interesante pensar lo que pueda diseñar Portland con él como ball handler en situaciones aisladas.

Claro que, conforme fue avanzando el partido, empezamos a ver más y más la Full Melo Experience:

Aquí su idea es tirar el fadeaway desde un principio. El posteo es solamente una distracción. No pensaba ir al aro, y el rival lo sabía. En otra época ese tiro entraba. Pero es 2019 y él no juega hace mucho tiempo.  

Al menos no se quedó solamente en eso, e intentó aprovechar que aún es ágil para su tamaño.  En esta jugada amaga a postearse (como antes) pero en cambio retoma el camino directo al aro de forma explosiva, sacando la falta. 

Si, dije “de forma explosiva”, la misma forma que lo abandonó en esta jugada:

Ahora, si nos aislamos del hecho de que no llega a volcarla (y de que probablemente le hayan hecho falta), ese pick and roll es perfecto, y es una muestra más de la cantidad de opciones que le brinda a una ofensiva el contar con un Carmelo Anthony jugando de ala pivot. Conforme avance la temporada, este tipo de jugadas solamente debería ir mejorando. Y ni hablar cuando su compañero de PnR sea Dame Lillard -quien se perdió el partido de ayer-, uno de los mejores bases de la NBA.

Por eso anoche, cuando fue usado dentro de un sistema, Melo funcionó. Pero entre las ansias de sus compañeros por incorporarlo al juego, y la poca ayuda de los árbitros, buena parte de sus intentos fueron tiros de media distancia sin éxito, o posteos como este que termina en falta ofensiva (oigan, no culpo a Carmelo por esta jugada. Yo estoy a favor de que no se cobre ninguna falta, ni en defensa ni en ataque, a la hora de tener que ganar la posición en el poste).

En defensa, los resultados fueron mixtos. Por un lado lo vimos trotar de regreso a su aro cada vez que el rival contragolpeaba, algo de lo que culparíamos al tiempo lejos de las canchas si no fuera porque ya lo hacía cuando tenía 25 años. Por otro lado, en jugadas de media cancha, se esforzó bastante más que en otras épocas. Aquí Holiday mete el triple, pero Melo no muere en la cortina y llega a lograr que el tiro al menos sea con marca. 

Un poco de pizarra para Terry Stotts: toda la jugada, el base penetrando, las cortinas y el wing cortando al aro, son un decoy para dejar al ala pivot totalmente abierto en la esquina. Y ese ala pivot es Carmelo Anthony. Ka-Ching: 

Lo primero que tendrá que corregir es el postearse solamente cuando el equipo rival le regala un mismatch y el resolver mejor, ya sea pasándola apenas recibe la doble marca, o definiendo mejor las bandejas… o empezando a ganarse nuevamente el favor de los árbitros, algo que, de nuevo, no tuvo anoche, y por qué lo tendría, no? 

(Si, la jugada no está del todo mal. El mismatch es obvio. Melo es mucho más fuerte que Ingram y lo lleva arando hasta debajo del aro. Pero ahí es donde tiene que ver a sus dos compañeros totalmente solos para el triple.)

En fin, siendo que probablemente esté oxidado y que a Portland le faltó su mejor jugador, lo de Anthony fue lo que esperábamos. Cuando el equipo lo utilizó en un sistema, funcionó. Cuando fueron a él directamente en búsqueda de soluciones, la cosa empezó a desmoronarse. 

A esta altura de su carrera Carmelo Anthony es un recurso, no un método, y es así como los Trail Blazers deberían verlo. Tiene el talento para seguir aportando mucho, especialmente en un básquet moderno que puede aprovechar a un tipo grandote con su muñeca. Resta saber si conseguirán encontrar el equilibrio perfecto entre el “Portland usa a Melo o Melo usa a Portland”.

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Básquet

LeBron James apuntala la nueva “era Lakers” bajo la mirada de Kobe Bryant

Los Angeles dominan el oeste y cuentan con un espectador de lujo en el Staples Center

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LeBron James y Kobe Bryant

Hay un líder en el oeste tras 13 partidos y es un viejo conocido: Los Angeles Lakers (11-2) dominan la conferencia gracias a un LeBron James en gran estado de forma y vuelven a ser líderes nueve años después. Con el triunfo 122-101 ante los irregulares Atlanta Hawks (4-9), los Lakers treparon a la cima con un LeBron que aportó 33 puntos y 12 asistencias, y con un Kobe Bryant que vio todo el partido desde la primera fila del Staples Center. Casi como en un traspaso de mando, en Los Angeles no solo celebraron el triunfo y el liderazgo sino que también se conmovieron con el saludo entre las dos grandes estrellas. Dos emblemas de la historia moderna de la franquicia californiana.

Bryant estuvo acompañado de su hija Gigi y disfrutó de un gran partido de los dueños de casa. A mitad del primer cuarto, LeBron se acercó y lo saludó, dejando la gran postal del domingo en la NBA. “Es fantástico jugar delante suyo. Solo por estar en el estadio… Por lo que significó para esta franquicia y lo que es ahora para mí y mis compañeros. Es algo bonito. Crecí viéndolo, admirándolo. Incluso en este punto de mi carrera es especial”, destacó LeBron tras el triunfo.

El renacimiento de los Lakers llega tras seis años seguidos fuera de los playoffs y con un reloj que empieza a poner contra las cuerdas la carrera de LeBron. Pero con un buen mix de juveniles, todo está cambiando en la nueva temporada y tras los primeros partidos aparece una nueva era. El regreso al primer puesto global (tienen los mejores números de toda la NBA) se da por primera vez desde 2010, en la última temporada de Phil Jackson. Aunque ya tomaron nota que eso no asegura un final feliz: en esa temporada, los Lakers cayeron en segunda rueda ante los Mavericks por un duro 4-0.

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“El castigo”: la enésima volcada extraterrestre de LeBron James

Los Angeles Lakers vencieron 99-97 a Sacramento Kings y “The King”, de 34 años, dejó un doble inhumano

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Lebron James y una volcada bestial

El duelo tuvo todos los condimentos, con un final dramático y con una volcada bestial que revolucionó la noche del viernes en la NBA: Los Angeles Lakers (10-2 y Reyes del Oeste) vencieron a Sacramento Kings (4-7) por 99-97, en un encuentro donde la figura de LeBron James se llevó todos los flashes. Con 29 puntos y 11 asistencias, James lideró a los Lakers y dejó su firma en una volcada que la propia franquicia describió como “inhumana” en su cuenta de Twitter. Acompañado por Anthony Davis (17+2+5) y KCP (16 puntos de Kentavious Caldwell-Pope), “The King” se destacó en un partido en el que Sacramento vendió cara la derrota.

Eso sí, con el pasar de las horas, pocos valoran el final de película y muchos se quedaron con la enésima volcada extraterrestre del portento físico de Akron. A los 34 años (cumple 35 el 30 de diciembre), no perdona y sigue sacudiendo en la zona pintada. Pueden aparecer jóvenes promesas, pueden pelearle el trono, pero James sigue reinando.

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