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Gimnasia La Plata celebró su primer triunfo de la era Maradona, su primera victoria en la Superliga. Hundido en la zona de descenso, necesita un milagro para conseguir la permanencia en la máxima categoría del fútbol argentino. Sin demasiados argumentos futbolísticos, los creyentes recurrieron a su última opción: encomendarse a Dios.

Diego, la leyenda y el técnico, revolucionaron al Bosque y al fútbol argentino. Leandro Contín inauguró el marcador, Víctor Ayala marcó por duplicado y Matías García decretó el 4-2 final. Maradona materializó un par de retoques que resultaron exitosos: la consolidación de José Paradela como titular, la apuesta por Contín junto a Horacio Tijanovich y la irrupción de Matías Miranda desde el banco.

Sin embargo, la perla de la tarde en Mendoza fue la pegada de Ayala. El paraguayo, quien regresó al fútbol argentino tras sus aventuras en el Al-Nassr de Arabia Saudita y el Barcelona de Ecuador, anotó por duplicado con dos tiros libres a lo Maradona.

La referencia respecto a la pegada de Ayala, quien marcó su octavo gol de tiro libre en el fútbol argentino, adquirió mayor sustancia cuando Diego reveló un secreto en la conferencia de prensa posterior al primer éxito de su campaña.

“El paraguayo Víctor llegaba muy cerca de la pelota para pegarle. Y le pegaba y le pegaba al cartel de Fernet Branca, allá arriba. Le digo ‘Víctor, por qué no te parás un poquito antes, y pensá dónde la vas a tirar. Empezó a pegarle, fui acostumbrándose a frenarse un poco, iba y cuando hizo el primer gol me vino a decir: ‘Me frené antes, me frené antes’. En el segundo hizo lo mismo. Porque le pega con un caño, pero si él frena la carrera, está frenando también el golpe a la pelota. Y el golpe a la pelota, pasando la barrera, chau, el arquero que se despida, no puede hacer nada. Estoy contento por Víctor, porque no es mérito mío, es de él, todo. Yo solamente le hice una sugerencia. El que pateó no fui yo, fue él”.

Ayala siempre se distinguió por su pegada en el fútbol argentino. No es novedad que convierta de tiro libre, aunque dos goles en un mismo partido alimentan un nuevo mito en el evangelio maradoniano.

Los consejos a Messi

Lionel Messi fue sumándole nuevos argumentos a su juego hasta convertirse en una amenaza prácticamente infalible. Una de las virtudes que adquirió con trabajo y tiempo fue su precisión en los tiros libres. Es suficiente una frase de Carlos Tevez, ex compañero en la Selección Argentina, para definir su evolución: “Hay cosas que él mismo fue mejorando. Vos lo ves, antes no pateaba tiros libres, hoy patea tiros libres y te la clava en ángulo. Eso fue practicándolo, antes Leo no le metía un gol de tiro libre a nadie pero entrena, entrena, entrena y entrena. Ahora la pone en el ángulo“.

Fernando Signorini, histórico preparador físico y amigo de Diego Maradona que compartió con ambos su experiencia en el Mundial de Sudáfrica 2010, asegura que Pelusa le entregó su receta a la Pulga. En su libro “Fútbol llamado a la rebelión, la deshumanización del deporte” narra la anécdota que vale la pena repasar.

“En febrero de 2009, a pocos meses de haber asumido Diego Maradona como técnico de la Selección, fuimos a Francia a disputar un amistoso ante el seleccionado local, en Marsella. El día anterior al partido hicimos una práctica en el estadio, donde Diego trabajó con los once titulares en el táctico final y yo me quedé con el resto haciendo un loco hasta terminar el entrenamiento.

Cuando dio la orden de terminar, Mascherano, Tevez y Messi le pidieron si podían quedarse haciendo tiros al arco, a lo que Maradona accedió. En un momento, Lionel puso la pelota mirando hacia el arco, un poco sobre la izquierda y cuando le pegó, su remate se fue lejos, por arriba del ángulo de la mano derecha de Juan Pablo Carrizo.

Hizo un gesto de fastidio y, como enfiló para el vestuario, le salí al cruce -agrega el Profesor-:

-Decime una cosa, ¿un jugador como vos se va a ir a duchar con esa porquería? Dejate de hincar las bolas. Agarrá una pelota y volvé a intentar.

Termino de pronunciar eso y veo que viene Diego, que lo había escuchado todo, como siempre. Lo tomó del hombro y le dijo:

-Leíto, Leíto, vení, papá. Vamos a hacerlo de vuelta.

Era como un profesor con el alumno. Y siguió:

-Poné la pelota acá y escuchame bien: no le saques tan rápido el pie a la pelota, porque si no ella no sabe lo vos querés.

Entonces, la acarició con la zurda y la clavó en el ángulo, inflando la red ante la mirada de admiración de Messi.

Para los que hablan de los celos de Diego, ¿qué celos? Le estaba abriendo el mundo del conocimiento y no le cobró nada. Yo pegué media vuelta y no quise ver más, ya era suficiente. Allí estaba el fútbol argentino”.

La categoría, en cualquier categoría

De su relación con Víctor Stinfale, propietario de Riestra, surgieron numerosas presencias en entrenamientos del equipo que hoy juega en la Primera Nacional. En una de ellas quedó inmortalizada la clase abierta que le brindó a los jugadores del club emplazado en Pompeya. La trayectoria de la pierna, el movimiento del pie y la concentración son algunos de los pilares de una buena ejecución maradoniana. “A (Gianfranco) Zola lo hice valer de 100.000 dólares a ocho palos al Chelsea, pateando solo tiro libres. Lo estaban por vender al Lecce”, recordó Diego como motivación.

En cualquier momento, en cualquier lugar

Diego visita al Tottenham de Mauricio Pochettino con Osvaldo Ardiles como nexo. En el vestuario recibe a Harry Kane y a Hugo Lloris. Son apenas un puñado de minutos antes del triunfo por 4-1 de los Spurs frente al Liverpool por la Premier League 2017-2018.

Aunque exiguo, el tiempo fue suficiente para que Maradona le dejara una recomendación a Kane: “Harry, fijate, todas allá no, alguna acá. ¿Sabés por qué? Porque los arqueros están mirando televisión permanentemente”.

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Diego Maradona

Maradona en Sinaloa: donde Diego es feliz

El nuevo documental de Netflix muestra la etapa del Diez en siete capítulos.

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No hay lugar que haga más feliz a Diego Armando Maradona que una cancha de fútbol, antes como jugador y ahora como entrenador: “Es como si volviera a jugar”. Maradona en Sinaloa, la mini-serie sobre la etapa del astro argentino como técnico de Dorados, es una ventana que permite disfrutar de la versión más pura del ídolo.

La cronología deportiva no sorprende, aún fresca en la memoria. El equipo de la ciudad en la que nació el Chapo Guzmán pasó de colista a candidato al ascenso tras la contratación del Diez: “Ahora empieza la revolución maradoniana”, advirtió en uno de sus primeros mensajes al Presidente José Antonio Núñez en el documental que Netflix estrenó el último 13 de noviembre. No se equivocó.

El Gran Pez alcanzó las dos finales del año, con idéntico desenlace: Atlético San Luis estropeó sus chances de acceder a la Liga MX en dos definiciones calientes. La travesía de Maradona en Culiacán duró un año pero fue más que suficiente para cambiar la narrativa de una ciudad mundialmente conocida como la capital de la cocaína y la casa del cartel.

Pero lo deportivo se transforma en un relato secundario a lo largo de los siete capítulos que oscilan entre los 26 y 38 minutos. La posibilidad de ver a un Diego pleno en su ecosistema de mayor felicidad es el epicentro de Maradona en Sinaloa. Descubrir al técnico detrás del mito también representa una oferta seductora.

El impacto que genera el fútbol en la vida de Diego es contundente. El contraste es evidente. Como muestra, una sucesión de escenas. Christian Delgado, kinesiólogo argentino que ayudó a la milagrosa recuperación de sus rodillas, lo masajea en una camilla: “Si me curás la rodilla sos Copperfield. Vengo con la rodilla así hace más de 30 años”. Minutos más tarde, Diego festeja el último triunfo a los saltos con su equipo en el vestuario.

Maradona cojea, camina con problemas e incluso se ayuda con un bastón, pero cuando está en la cancha, con la pelota, con sus jugadores, los dolores quedan en el olvido.

La devoción que genera en sus dirigidos se roba el show en un documental repleto de imágenes inéditas. Maradona en Sinaloa explica a la perfección el impacto emocional que genera su presencia. Más que sus pupilos, los jugadores parecen sus hijos: los abraza, los aconseja y los emociona. “Tenés las condiciones para todo. Tenés que demostrarlo. Ese “una más” debería estar en tu corazón. Me pasó a mí. Yo era un jugador más. Y llegué hasta lo más alto del cielo”, le aconseja durante su despedida a Alonso Escoboza, una de las figuras de su etapa en Sinaloa.

El Maradona más cercano, el más real, el que se permite quebrarse en un vestuario después de haber perdido la primera posibilidad de ser campeón, es el protagonista de un corto en capítulos que desde hoy se convirtió en una cita obligada más en la filmografía de la mayor deidad futbolística.

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Diego Maradona

El mejor regalo: Maradona festeja entre emoción y emoción

Diego disfruta de sus días en el fútbol argentino. Rosario fue una fiesta.

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Diego Maradona sentado en el trono que preparó Newell's para su regreso

La escena se repite con frecuencia: Diego Maradona se quiebra. En el Bosque platense, en el Mario Alberto Kempes, en un techo de un hotel, en una reunión privada en la que le entregan una camiseta con el nombre de Doña Tota estampado o frente a una multitud en su retorno al Marcelo Bielsa, Diego se quiebra. Son lágrimas de felicidad las del mito que regresó a la Argentina para afrontar una misión imposible al frente de Gimnasia. Son lágrimas de felicidad de una leyenda que hace no mucho tiempo creía que nunca iba a volver a recibir el cariño del pueblo que lo idolatra.

“Soy un exiliado deportivo porque en la Argentina me cerraron las puertas de forma increíble”, disparó Diego en 2012. La proscripción, aseguraba, correspondía a su polémica desvinculación de la Selección Argentina después del Mundial de Sudáfrica 2010 y a su estropeada relación con Julio Grondona.

Maradona dirigió en Emiratos Árabes Unidos al Al-Wasl y al Al-Fujairah y a Dorados de Sinaloa en México antes de volver a su país. En su primera salida al campo de juego del Juan Carmelo Zerillo, a bordo de un carrito de golf por las dificultades que atraviesa por su reciente cirugía de rodilla, se puso a llorar: “Acá estoy en mi casa. Por supuesto que quería dirigir en Argentina, el tema era que Blatter y Grondona apuraban a los presidentes para que no me contraten. A mi después de la Selección me hicieron una cruz y lo sabían todos, en el 94′ con el señor Blatter me borraron, junto con Deluca y Grondona. Pero estoy acá, de pie, como quería la Tota. Ella me decía, no te mueras por esta porquería. Y no me morí por esta porquería”.

La revolución Maradona fue instantánea: durante su primera semana en el club, Gimnasia sumó dos mil socios nuevos, vendió 2500 camisetas estampadas con su mítico 10 y se convirtió en el tercer equipo argentino con más seguidores en Twitter.

Gerardo Marzola, secretario de finanzas de un Lobo concursado que necesita sanear su economía, le puso cifras al fenómeno en CieloSports: “Lo que se generó por ventas de plateas fueron 2.300.000 pesos. El Lobo Shop estaba facturando un millón y facturó cinco, y hubo ingresos extraordinarios de sponsor por 400 mil. Sumamos cinco mil socios, casi recuperamos los que habíamos perdido, teniendo en cuenta que con la situación económica veníamos teniendo una morosidad del 35%”.

Newell’s recibió a Maradona con los brazos abiertos cuando en 1993 dejó al Sevilla tras una pelea con Carlos Salvador Bilardo. Argentinos y San Lorenzo habían aparecido en escena pero las palabras de Jorge Raúl Solari y Ricardo Giusti fueron vitales para convencerlo. 40 mil fanáticos se reunieron para celebrar su primer entrenamiento, el 13 de septiembre de 1993.

Con la camiseta leprosa completó apenas dos amistosos y cinco partidos oficiales pero el idilio fue automático. Fue una historia de amor breve pero inolvidable para ambos. En su debut frente a Emelec, en un estadio atiborrado, hasta un pequeño Lionel Messi observó aquellos primeros minutos: “No recuerdo mucho, era chiquito, pero lo vi a Maradona en la cancha el día que debutó contra Emelec”.

26 años después de que se pusiera por primera vez la camiseta roja y negra, volvió al Coloso del Parque como entrenador de Gimnasia cumpliendo una promesa que había asumido en un video que grabó para el 20º aniversario de su firma con el club: “Yo soy Diego Armando Maradona, DNI 14.276.579. Fui, soy y seré leproso, sin ninguna duda. Porque aprendí a amar al club estando muy poco y voy a volver”.

Los homenajes fueron múltiples en la Nochebuena Maradoniana. Diego, entre lágrimas y micrófono en mano, agradeció el cariño y prometió volver como técnico. El Marcelo Bielsa estalló. Después del reconocimiento, con Diego sentado en un trono instalado para la ocasión, Gimnasia goleó a Newell’s por 4-0 con los goles de Leandro Contín, Maximiliano Caire, Horacio Tijanovich y Matías García.

Fue el segundo triunfo de la era Maradona en el Lobo, un equipo que necesita sumar desesperadamente para escaparle al descenso. Fue también su mejor actuación, en la antesala del clásico frente a Estudiantes y del 59º cumpleaños del astro: “Fue una noche de fiesta. Nadie se creía que Gimnasia podía tener el equipo que hoy tiene. Al Parque de la Independencia algún día voy a volver, eso seguro”.

Entre partido y partido, Maradona se emociona por un tour que jamás pensó que viviría. Es Navidad y Diego festeja entre lágrimas, recordando a aquellos que ya no están y corrigiendo sus errores del pasado mientras disfruta de los días felices en su lugar en el mundo: el fútbol argentino.

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Diego Maradona

Diego Maradona: Nápoles como síntesis de un Dios mundano

El documental más esperado del año es una joya de un director que se consolida como uno de los mejores documentalistas modernos.

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Es Navidad en Nápoles y Diego Maradona, la estrella convertida en deidad, está sentado en una silla con la mirada perdida, cabizbajo, triste y desconectado de la fiesta que organizó su equipo. Son más de treinta segundos incómodos, una escena poderosa que Asif Kapadia (Amy, Senna) rescató del olvido e incluyó en su documental sobre la etapa napolitana del ídolo argentino.

Apenas cinco meses habían transcurrido desde la victoria argentina en las semifinales del Mundial frente a Italia en San Paolo y Maradona era el hombre más odiado de Italia. Epicentro permanente de una galaxia siempre ruidosa que aún hoy gira en torno a su figura, Diego estaba a un costado en silencio, sin hablar, sin nadie que lo asfixiara. El primerísimo primer plano sobre su tristeza incrementa una angustia palpable y contagiosa: Diego no es feliz.

La secuencia es una de las tantas piezas inéditas, realmente inéditas, que Kapadia persiguió y consiguió sobre el hombre que convive con una exposición permanente desde hace más de cuatro décadas. El director británico, quien brilló con los documentales de Ayrton Senna y Amy Winehouse, entregó una nueva obra maestra con Maradona como protagonista que nació en 1995 cuando leyó un libro sobre el hombre convertido en leyenda. Más de veinte años demoró Kapadia en construir un reportaje de 130 minutos sobre el mito que representa un desafío inabarcable.

Kapadia se lanzó a la caza obsesiva de material jamás visto sobre una de las personalidades más famosas del mundo. Cazador paciente, encontró más de 500 horas de material crudo en una baulera de Claudia Villafañe, en los VHS de un fanático que se convirtió en su amigo o en las cámaras de dos camarógrafos que Jorge Cyterszpiler -su primer representante- había contratado con la intención de rodar una película que nunca salió a la luz. En breve saldrá un blu-ray con una hora más de metraje nunca proyectado.

La escena del Maradona solitario representa también una declaración de intenciones de un documental que, a contramano del realizado por Emir Kusturica, construye su relato a partir del poder de las imágenes. Kapadia entrevistó al propio Maradona en Dubai pero ninguno de los dos aparece jamás en pantalla: el director no está interesado en alimentar su ego con postales de sus encuentros en Dubai entre 2016 y 2017. Tampoco irrumpen en la pantalla Claudia Villafañe, Corrado Ferlaino, Fernando Signorini, Daniel Arcucci, Ciro Ferrara ni ninguno de los otros entrevistados que acompañan la travesía con sus valiosas voces en off.

Kapadia detectó que la vida de Maradona era insondable y tomó una decisión lógica: hacer un recorte. Enfocarse en su etapa en Nápoles, una etapa con absolutamente todos los condimentos, fue un acierto. En aquella aventura de siete años en Italia se sintetiza la leyenda del Diez. La construcción de la leyenda, su caída y su resurrección. Es el eterno retorno maradoniano, una vida edificada por mil vidas que repiten la misma matriz.

El documental ostenta una virtud poco común: no es pretencioso. Kapadia sobresale gracias a la honesta crudeza de su narrativa. No oculta nada y se anima a profundizar en los pecados del Diez pero siempre con la premisa de entender: la cocaína, sus vínculos con la Camorra de Carmine Giuliano, sus noches eternas, su relación con Cristiana Sinagra y la negación de Diego Jr. Kapadia no juzga: escucha, elige, encastra y narra sin siquiera abrir la boca.

La marcada dualidad entre Diego y Maradona es uno de los puntos más altos del documental. Fernando Signorini, preparador físico y amigo del Diez, recuerda una frase que expone las dos caras del astro: “Con Diego iría hasta el fin del mundo, pero con Maradona no daría ni un paso”. Diego, la persona. Maradona, el personaje que Diego inventó para sobrevivir a una vida imposible. Kapadia intenta encontrar el punto justo en donde Diego adoptó a Maradona como escudo protector.

“Me interesan las personas y su psicología. Qué lleva a alguien a actuar de una determinada manera. Estoy seguro de que los argentinos conocen todas las vidas de Maradona, pero espero con esta película aportar algo realmente nuevo sobre él”, explicó Kapadia en la presentación del documental en Buenos Aires. Indudablemente cumplió con su objetivo.

Kapadia recibió el Oscar a mejor largometraje documental por Amy

La santificación napolitana

“Espero tranquilidad, la tranquilidad que no tuve en Barcelona. Pero por sobre todas las cosas, respeto”. La frase es del propio Maradona, camino a Nápoles después de una etapa decepcionante en Barcelona: “Llegué a Napoli porque ningún equipo me compraba”.

Era la edad de oro del Calcio italiano. Con Michel Platini en la Juventus a la cabeza, las grandes figuras del planeta futbolístico se mudaban a Italia para participar del campeonato más competitivo del mundo. Napoli y los napolitanos, eternamente relegados, sufrían el racismo de la aristocracia del norte italiano. Eran “la cloaca de Italia”, como escribieron los hinchas del Inter en una bandera que colgaron en una de las visitas napolitanas al Giuseppe Meazza.

“La ciudad más pobre de Italia y una de las más pobres de Europa compra al jugador más caro del mundo”, reflexionaba un conductor mientras anunciaba la contratación de Maradona. Por entonces un paria, llegó a una ciudad hundida. Fue amor a primera vista. Maradona, rabioso e irreverente contra el poder, era el héroe que los napolitanos necesitaban. Nápoles era un reducto de Villa Fiorito en Europa. El santo de los desplazados y desposeídos, de los pobres y los postergados, se convirtió primero en su salvador y más tarde en un Dios. Maradona destruyó el mapa geopolítico italiano y se burló del poder de los ricos.

La eliminación italiana a manos de la Argentina de Maradona en el Mundial de 1990 fue un cisma sin retorno. En Italia se cansaron definitivamente de él: el pobre deja de ser simpático cuando empieza a ganar y le arrebata al rico aquello que equivocadamente cree que le pertenece. Ya no había protección mediática ni judicial. La venganza terminó con un Diego hastiado, marchándose de Italia por la puerta de atrás, involucrado en múltiples escándalos y con una vida que parecía destinada a la tragedia. Pero Diego, con su personaje Maradona a cuestas, sigue luchando mientras convive con las consecuencias de una vida imposible: de regreso en Argentina para dirigir a Gimnasia, aún no vio el documental.

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