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Su pelo verde de Londres 2017 mutó en un amarillo furioso al pisar Qatar. Pero ya no sorprenden las tonalidades que elige para cada competencia -alguna vez ya se mostró con  la cabellera teñida de naranja o rosa- ni sus marcas. Yulimar Rojas es la perla del Caribe. La espigada joya venezolana de 1.92m que salta sin límites hacia el futuro: en el Mundial de Doha 2019 volvió a conseguir la medalla dorada en triple salto y se afianza como la dueña de la especialidad, con la chance concreta de romper un récord que ya lleva un cuarto de siglo. Sus 15.37m en el estadio Internacional Khalifa quedan como su segunda marca personal, pero también dan una señal a futuro. Este año, firmó 15.41 en un mítin en Andalucia y dio aviso que tiene las mejores marcas de la historia detrás del récord de la ucraniana Inessa Kravets (15.50, en 1995).

Algo la empuja a aspirar por el cetro, sin sospechas ni manchas en su currículum. Mientras Kravets estuvo dos veces salpicada por doping (en 1993 estuvo suspendida tres meses por el uso de estimulantes y en el año 2000 le cayó una sanción de dos años tras dar positivo por el uso de un esteroide), Rojas muestra un historial limpio. La venezolana, que tiene su búnker en Guadalajara -un municipio español a 40 minutos de Madrid-. se entrena bajo las órdenes del mito cubano Iván Pedroso y no deja de cautivar torneo tras torneo. Es la joya que aspira a ser reina. Y la millennial que le dio un giro a su carrera gracias a Internet: todo cambió cuando hace cuatro años Facebook le sugirió a Pedroso como amigo.

El salto de Yulimar sobre la grieta

“Es delgada y flexible como un junco en la ribera”, escribe Carlos Arribas para el diario El País. “Veloz como el viento, ágil como una acróbata, potente como una lanzadora de jabalina”, añade. En un Mundial sin público y con el agobiante calor como un invitado incómodo para los atletas, Yulimar salta, baila y hace olvidar todas las malas señales de una cita artificial. Su sonrisa es la de su gente, la de un país que la abraza y la expulsa por igual. Salta en la arena, pero también sobre la grieta. Están quienes la consideran Chavista e imagen de propaganda política, pero también quienes la señalan como “estandarte de la revolución deportiva”. Yulimar es la misma que recibió dinero de las arcas públicas tras la medalla plateada en Río 2016 y la que se perdió en un fuerte abrazo con el presidente venezolano Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores, pero también sobre la que destacan que su vida en España es parte del exilio por “falta de apoyo estatal”. Ella la escapa a las etiquetas y solo salta.

Suele ser diplomática y sale del paso con una sonrisa. En la zona mixta del Mundial pasado, puso mala cara cuando dos cronistas brasileños le preguntaron por “la dictadura de Maduro”, pero después salió airosa pidiendo por el final de “una guerra entre hermanos”. “Mi país siempre se ha caracterizado por apoyarme, por tratar de que me sienta muy bien. Espero seguir recibiendo apoyo de mi país, y que sigan respaldando a un deporte que le da tantas alegrías. Que inviertan en pistas para que crezca el deporte”, agregó por entonces.  En Doha, dos años después, tampoco se olvidó de los suyos: “Esto es para mí, para Venezuela, para todos”. Y en ese debate extradeportivo, su imagen ganadora suele ser aprovechada con fines políticos. En la tarde de ayer, Maduro no se olvidó de dedicarle un mensaje en las redes sociales: “¡Impresionante! Nuestra joven atleta Yulimar Rojas, con solo 23 años, se coronó bicampeona de Triple Salto. ¡Tremendo Salto Muchacha! 15,37 metros que nos llenan de orgullo patrio. Más de 30 millones de corazones celebramos contigo. ¡Felicitaciones!”. 

Tokio 2020: el objetivo de Rojas

Cuentan que parte de su mística y su espíritu combativo lo forjó en su casa: tanto su padre biológico como el segundo marido de su madre fueron boxeadores. Que el baile, el salto y el carisma le viene en la sangre. Que su sonrisa dorada la corre de cualquier límite. Que no solo reescribe la historia del atletismo venezolano sino que apunta a quedar en la historia grande en Tokio 2020. Ese será su gran función. A los 24 años, el estadio Olímpico será el gran escenario para tomar la posta de Kravets. Mientras tanto, seguirá saltando bajo la atenta mirada de Pedroso. O bailando en algún rincón de Guadalajara.

 

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Atletismo

Mary Cain lo pide a gritos: el show debe parar

Detrás de Alberto Salazar y el Nike Oregon Project hay varias historias como las de Cain.

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“Quería un cierre, una disculpa por no haberme ayudado cuando me estaba cortando. Todavía quería que Alberto (Salazar) me llevara de regreso. Aún lo amaba. Porque cuando dejamos que la gente nos rompa emocionalmente, anhelamos más que nada su aprobación.”

Mary Cain tuiteó un hilo el 8 de noviembre como respuesta a un pedido de disculpas del canadiense Cameron Levins, su ex-compañero en el Nike Oregon Project (NOP), manifestando su arrepentimiento por no haberla contenido mientras eran compañeros en el Oregon Project.

El Proyecto Oregon, un programa de entrenamiento insignia de Nike que nació más allá de 2009 y que rápidamente adquirió popularidad mundial con el fichaje de Mo Farah, acaba de disolverse por la condena de la USADA (Agencia Estadounidense Anti Dopaje, por sus siglas en inglés) a Alberto Salazar, su entrenador en jefe. El motivo fue la violación de conductas y normas anti-dopaje, concretamente tráfico de testosterona y otros medicamentos. La suspensión es por cuatro años y comenzó a regir el mismo día de octubre de este año en que Donavan Brazier, el atleta prodigio de los 800m que entrenó con Salazar y Pete Julian (entrenador asistente) se consagraba campeón mundial en Doha con el mejor registro estadounidense de la historia. 

Mary Cain nació el 3 de mayo de 1996 en Bronxville, Nueva York. Hija del médico Charles Cain, rápidamente se destacó en el atletismo de la high school, ganando varios títulos regionales y nacionales. Cuando Mary ni siquiera estaba en los planes para venir a este mundo, Alberto Salazar se hacía mundialmente famoso por ganar los maratones de Boston y de Nueva York entre 1980 y 1983 pero, sobre todo, por las formas en que competía. Para Alberto, correr al punto de desfallecer era moneda corriente. Lo sabía uno de sus principales oponentes de aquella época, Germán Silva, y lo sabían los televidentes que seguían boquiabiertos como el cubano estadounidense comenzaba a escribir la primera parte de su legado. La luz antes de la oscuridad.

En una suerte de padrinazgo por parte de Kara Goucher, la más talentosa atleta del Oregon Project por aquel entonces y una de las mejores de toda la historia de su país, Mary Cain fichó como profesional saltándose el paso previo de la NCAA. Por sus profundas condiciones, la talentosa Mary era la indicada a ser, según Salazar, sus colegas atletas y la prensa especializada, la próxima gran estrella del deporte de Estados Unidos.

Aunque con el consentimiento de sus padres, nadie más –ni periodistas, ni colegas, ni siquiera el ámbito médico- indagó si acaso esa eximia pero desgarbada niña de quince años reunía los elementos necesarios para traspasar la pubertad hacia una exigencia como la del atletismo de alto rendimiento. Como casi siempre indica la historia del país, para los americanos “el show debía continuar”.

Alberto Salazar, el entrenador

Alberto Salazar comenzó su carrera de entrenador temprano en los 90’, precipitado por un infarto que casi le arrebata la vida en 1989 producto de la exigencia a la que sometía su cuerpo no sólo en carrera sino también en los entrenamientos. Incursionó con Mary Decker, una prolífica fondista norteamericana que en 1996, y pese a haber clasificado a Atlanta, fue suspendida por elevados valores de testosterona en sus análisis. La escuela de Alberto en el head coaching no había empezado nada bien.

Si bien mantuvo su participación bajo llave, obtuvo el alto perfil que anhelaba con la incorporación de atletas como Kara Goucher y Adam Webb, ya bajo el formato del Oregon Project, una división de entrenamiento financiada enteramente por Nike. Al tiempo que Kara obtenía una medalla de plata en los campeonatos mundiales de Osaka 2007 y se estrenaba en el maratón con un segundo puesto en Nueva York en 2008 y un bronce en Boston, al año siguiente, un promisorio Dathan Ritzhenein se mudaba desde Gran Rapids, Michigan, para comenzar una carrera en el Oregon Project que incluiría el récord nacional en 5.000m, un sexto puesto en 10.000m en Berlin 2009 y grandes actuaciones en maratón. 

Las noticias de nuevas incorporaciones al equipo no paraban de sucederse: un joven de 14 años llamado Galen Rupp le decía adiós a su familia en Boston para empezar un reinado que perdura hasta la actualidad, no con pocos detractores. Rupp, descubierto por el mismo Salazar en un campus de fútbol americano, se convertiría en una especie de evangelizador de la cultura de Salazar y su NOP. Perfil bajo, retraído, era más noticia por sus extenuantes entrenamientos minutos después de competir que por sus entrevistas, ya en ese entonces escasas. Su palmarés incluye siete títulos nacionales en 10.000m, una medalla de plata en la distancia en Londres 2012, un bronce pero en maratón y en Río 2016 y una victoria reciente en el tiempo, la del maratón de Chicago en 2017, que devolvería a un americano a lo más alto de ese maratón después de Khalid Kannouchi.

Mo Farah, el atleta de mayor renombre del NOP, era hasta 2009 un refugiado somalí tramitando su ciudadanía británica luego de ser incorporado a la Universidad en esa ciudad y se destacaba de manera temprana en el atletismo, aunque no terminaba de convencer por su biomecánica. Con una plata en los cross europeos y un frustrante séptimo puesto en Berlin, Farah voló desde su Gran Bretaña adoptiva a Oregon para ponerse al mando de Salazar. El resultado es más o menos conocido por todos: Farah se convirtió en doble campeón del mundo tanto de 5.000 como de 10.000m, capturó las dos medallas de oro en Londres 2012 y Río 2016, defendiendo sus títulos tanto en J.J.O.O. como en Mundiales. 

Mientras seguían sumándose atletas a las filas de Salazar (Matt Centrowitz, Yoder Begley, Cameron Levins), al tiempo que Salazar expandía sus fronteras y se asociaba con Steve Magness, (ex coach de la Universidad de Houston), en Oregon se germinaba otra semilla. Jerry Schumacher, ex entrenador en Wisconsin que hasta el 2008 fue socio de Salazar en el NOP y al que dejó por diferencias irreconciliables en cuanto a los métodos, fundaba su Bowerman TC también bajo el ala de Tom Clarke, por entonces CEO de Nike. La sociedad Salazar-Magness apenas duró un año y en 2012 Steve, que años más tarde tendría un papel fundamental en el comienzo de la caída de Alberto, dejó el NOP. 

Alberto Salazar y Jerry Schumacher se encontraron nuevamente en febrero de 2014, en Albuquerque, Nuevo México. Ambos protagonizaron una feroz pelea (casi se fueron a las trompadas) después de que Salazar acusara a Schumacher de conspirar contra Galen Rupp en carrera, al afirmar que sus atletas “se la pasaron molestándolo”. Ese día, Rupp fue segundo detrás de Bernard Lagat y por delante de Ryan Hill, atleta del Bowerman.

Un año antes, los headquarters de Beaverton sufrieron el impacto mundial de la estrepitosa y frenética caída de Lance Armstrong, que en enero de 2013 le confesó a Oprah Winfrey todos sus crímenes de dopaje. Al tiempo que retiraban la placa del edificio, en las afueras, en la pista Michael Johnson, dos entrenadores en las antípodas sin embargo compartían un propósito en común que adquiría mayor significado después de la vergonzosa debacle del ex heptacampeón de Le Tour: devolver a Estados Unidos al escenario principal del atletismo de fondo mundial. Uno de ellos, Salazar, no ocultaba su férrea defensa a Armstrong mientras cruzaban mails y testimonios públicos en donde Alberto le profesaba su apoyo. 

Acusado desde temprano, condenado demasiado tarde

Mary Cain expulsó sus primeras sensaciones el 7 de noviembre de 2019. Ese día, en una nota con la periodista Lindsay Crouser del New York Times, Cain acusó a Alberto Salazar de haber abusado psicológicamente de ella después de su participación en los 1.500m del Mundial de Moscú, en 2013.

En un video explícito y conmovedor, dijo que bajo la conducción de Salazar tuvo cinco fracturas por estrés producto de sus cambios hormonales que incluso la llevaron a perder su periodo durante tres años. En otros pasajes de la conversación, lo acusó de haberla avergonzado frente a sus compañeros por su peso producto de los desvaríos hormonales y emocionales, incluso le recomendó anticonceptivos y diuréticos, algo que los atletas de aquel entonces corroboraron en una entrevista con Chris Chavez de Sport Illustrated.

Durante esos años, Cain aseguró que Salazar la sometió a distintas humillaciones públicas que la llevaron a cortarse y a tener pensamientos suicidas. En el video testimonio, Mary Cain finalizó: “Me llama la atención que en todo el equipo nunca hubiera una imagen femenina en quien yo pudiera confiar, eran todos hombres en el staff de Nike, y nadie podía entender lo que me estaba pasando”.

Días después, Shalane Flanagan, la mejor maratonista estadounidense de la historia, ahora retirada y coach en el Bowerman TC donde brilló, aseguró tajante en otro tuit: “Estoy muy triste por haberme enterado que Mary tuvo que enfrentar una lucha tan fuerte como profesional. Desafortunadamente, muchos entrenadores masculinos no entienden la importancia de cuidar un cuerpo de mujer. Una atleta tan joven como Mary necesitaba más guía y apoyo, me rompe el corazón que mi equipo no haya tenido un rol femenino tan importante. En mi caso, tuve la suerte de tener siempre ese apoyo desde la alimentación sana. Desde mi nuevo rol como entrenadora en jefe del Bowerman, prometo intentar convertirme en un modelo a seguir para la nueva generación de jóvenes atletas.”

Aunque Cain fue mencionada por el informe preliminar de la USADA dado a conocer por la BBC y ProPública con testimonios de Steve Magness y el periodista David Epstein en 2014 por posibles conductas de dopaje por parte de Salazar, nunca fue acusada de incurrir en prácticas prohibidas, al igual que el resto de los atletas de NOP. La única excepción fue Galen Rupp, al que le abrieron un expediente de investigación que aún hoy continúa por suministro y consumo de prednisona, un medicamento para la asma que aumenta la resistencia, además de una posible alteración en los valores de sus glóbulos rojos a partir de un examen sospechoso.

“Estoy cansada de tener que decir que me fui del NOP por mi embarazo”, dijo Goucher entre lágrimas al final de la emisión del programa de la BBC “Catch me if you can”. La medallista de bronce en los Juegos de Pekín 2008 reveló que Salazar la obligó a tomar Cytomel, un remedio para perder peso post maternidad, algo que confirmó la obsesión de Alberto Salazar por el peso en sus atletas femeninas.

Independientemente de las humillaciones a las que, se confirma, Alberto Salazar sometía a sus corredoras, en concreto la condena de la USADA por cuatro años fue tanto para él como para el doctor Jeffrey Brown, médico endocrinológo del Oregon Project, por tráfico de testosterona, administración de método prohibido de infusión intravenosa de L-Carnitina (también para mejorar la resistencia) y manipulación de datos. El informe de la USADA dice que, además, Salazar y Brown intentaron persuadir a la federación británica para que empleara ese método con Mo Farah, y que Alberto utilizó a su hijo Alex con complicidad del ya fallecido Doctor Loren Mhyre para “explorar” zonas grises.

Según aseguró Mary Cain, fue esa condena la que le dio valor para hablar del infierno que vivió bajo el entrenamiento de Salazar. En las declaraciones a Sports Illustrated, Cain dijo que Salazar, por ejemplo, fue quien le recetó una noche una caja de anticonceptivos con instrucciones precisas escritas en el dorso para que recuperara su periodo, algo que hasta hoy conserva sin abrir.

Salazar, quien acaba de apelar su sanción frente a los Tribunales de Arbitraje Deportivo (TAS, por sus siglas en inglés), emitió un escueto comunicado como respuesta a las acusaciones: afirmó que el precario tratamiento se daba bajo la órbita del equipo de profesionales completo del NOP, el psicólogo deportivo Darren Treasure y la nutricionista Colleen Julian, esposa de Pete, su principal asistente. Sin embargo, Mary Cain dijo que desconocía a esas autoridades. Salazar aseguró que el tratamiento de Mary fue consentido y aprobado por Charles, padre de la atleta. El peligro reside en otra cuestión: Treasure nunca obtuvo su licencia de psicología, mientras que Colleen Julian no era nutricionista certificada. 

Nike y su inherente protagonismo en el caso

Impulsado por la sanción a Salazar, Mark Parker dio un paso al costado como CEO de Nike, aunque continúa como presidente de su concejo. Parker, que defendió públicamente a Alberto durante todos estos años e incluso protagonizó un intercambio sospechoso de mails con el cubano, dijo al conocerse la condena que colaborarían en todo lo que pidiera la USADA y que incluso abrirían su propia línea de investigación, además de caer con todo el peso para terminar con cualquier práctica sospechosa.

La primera medida del caso por parte de la firma, la última que él tomó como CEO, fue suspender definitivamente al equipo del Oregon Project pero mantener, aparentemente, a Pete Julian. Con la suerte echada, los atletas actuales quedaron huérfanos y tomaron caminos diferentes. Konstanze Klosterhalfen (récord alemán de cinco mil metros), Craig Engels (campeón nacional indoor de 1.500m), Donavan Brazier, Clayton Murphy y Jessica Hull, la prometedora corredora australiana recién salida de la universidad, continuarán bajo el mando de Julian. La figura de los últimos mundiales de Doha, la etíope nacionalizada holandesa Sifan Hassan, campeona en 1.500m y 10.000m, optó por entrenar con un técnico de su país. 

Se desconoce quiénes entrenarán a Jordan Hasay y Galen Rupp, de los actuales, los más cercanos a Salazar y las estrellas más rutilantes en el firmamento reciente del NOP, al igual que el subcampeón mundial de 10.000m y récord del mundo de la milla bajo techo, el etíope Yomif Kejelcha. Ambos vienen de abandonar en Chicago y aún no se han pronunciado al respecto, al igual que la eximia corredora de 1.500m Shannon Rowbury, que en un post en su cuenta de Instagram aseguró que aún no “está lista” para hablar de Salazar y que necesita espacio.

Dos de los corredores más exitosos de los últimos años del NOP, el campeón olímpico de 1.500m Matt Centrowitz Jr. y Mo Farah se fueron, el primero al Bowerman TC en 2017 y el segundo volvió a Londres un año antes para ponerse bajo el mando del marido y hermano de Paula Radcliffe. Farah, en una explicación que suena contradictoria por su participación en el proyecto, dijo sentir alegría de que los entrenadores corruptos sean investigados, mientras que Centrowitz por el momento tampoco se pronunció.

El momento de hablar

La realidad es que un cambio en la perspectiva de género y una nueva mirada sobre los comportamientos excesivos en el deporte y otros ámbitos permiten hoy hablar del caso Mary Cain y destapar muchas otras problemáticas que antes estaban silenciadas, paralelamente al trabajo de las leyes de conducta deportiva. No implica que en todos los casos lo primero conduzca al uso de drogas para aumentar el rendimiento, pero es –valga la redundancia- una conducta que indefectiblemente está asociada. Corredores aficionados y de élite, medios de comunicación y entrenadores tienen -tenemos- nuestra lección de responsabilidad en un tema que escapa a las fronteras y con el que seguramente convivimos, sin saber, más cerca de lo que creemos. 

Para Jerónimo Bravo, ex entrenador del récord mundial en medio maratón Zerzenay Tadese, “jamás se deben juntar en un entrenamiento adolescentes con adultos. Personal y madurativamente son diferentes, es el principal motivo de discordia. Después, obviamente no se le puede exigir profesionalismo a un chico o una chica de 16 años, 17 o 18 años, sea en el atletismo o en cualquier orden de la vida”.

El entrenador olímpico argentino Leonardo Malgor, sin embargo, tiene una visión más vehemente sobre el asunto. Cuenta la experiencia de su escuela de atletismo de Mar de Plata: “Comenzamos con el desarrollo de pequeños de 8 a12 años y cuando un talento aparece, las decisiones son compartidas. Les comunicamos a los padres que su hija o hijo debe entrenar más veces por semana para desarrollarse hacia el alto rendimiento. Si a la edad de 16 o 17 años este talento continúa y va alcanzando niveles competitivos sudamericanos, volvemos a hablar con ellos para explicarles que el alto rendimiento deportivo no es salud, ni física ni mental. En esta etapa, les explicamos que para ser Olímpicos o Mundialistas, el entrenamiento ya no será ‘salud’ (SIC). Ahí es donde ellos deciden si vamos por todo y corremos los riesgos o bajamos la vara y vamos por cosas menores donde con entrenar día por medio un verdadero talento puede divertirse en competencias menores.” 

Sobre la necesidad de contar con una plantilla de profesionales en un equipo, el entrenador bonaerense Diego Santoro confiesa que en materia de nutrición trabaja con una licenciada en nutrición que le permite “descansar en ella, que es una gran profesional”. Y agrega: “Salvo que nosotros como entrenadores nos perfeccionemos en un tema especial, necesitamos contar con profesionales, el atletismo tiene un porcentaje muy alto en materia de alimentación. Ella pone a mi disposición estudios antropométricos y cualquier observación que haga falta”.

Sobre el mismo punto, Bravo advierte que tiene un traumatólogo y un fisioterapeuta a su disposición, pero que cada atleta se maneja con su nutricionista de confianza. En cuanto a la psicología deportiva, Jerónimo afirma: “Particularmente yo no creo en la rama de la psicología deportiva, para mí, el atleta debe ser tratado como persona independientemente de lo que haga, por tanto sí creo en la psicología en general”.

En cuanto a la relación entrenador-atleta, Santoro agrega que debe construirse una relación de confianza entre ambos, conocerse, con respeto y claridad. Sobre el mismo punto, Malgor indica que además trabaja sobre lo motivacional: “Si es que tienen el 100% de compromiso en la obtención de un gran objetivo. Suelo mandarles mensajes muy fuertes o charlas en el mismo tono, si entienden cada paso a seguir y lo realizan durante meses, festejamos todos”.

Oscar “El Indio” Cortinez, representante argentino en el maratón olímpico de Sydney, kinesiólogo y entrenador, opina sobre Cain y Salazar: “Es una aberración lo hecho con esta niña. Más allá de que el “alto rendimiento” intente justificar lo injustificable sobre la manipulación de una menor (dudo que sea con consentimiento de los padres), por algo cayó hasta el CEO Nike. Es mucho más grave que una chica contando lo que le hicieron, es un sistema el que está cayendo. Si seguimos “pateando el hormiguero”, no nos sorprendería que hubiera antecedentes en Latinoamérica que emulan la práctica Salazar, todo con tal de conseguir atletas”. Cortinez grafica con un ejemplo concreto: “Recuerdo en los J.J.O.O. de la Juventud, cuando me tocó atender a una niña dominicana de 16 años por un congestión en los isquiotibiales. Ella y su entrenador me decían ‘meta mano, hombre, que compite en cuatro horas la final'”.

Para Jerónimo Bravo, problemas como el de Cain pueden evitarse si el entrenador es más realista y trabaja sobre el autoestima del atleta. De ejemplo pone su propio caso: “Suelo ser muy directo y realista con mis alumnos, no pretendo que den menos de lo que pueden llegar a dar, pero tampoco que aspiren a más de lo que sé que no pueden hacer”.

Juan Farías, entrenador oriundo de Córdoba, experimentado en forjar atletas desde temprana edad, también aclara el panorama: “Ante síntomas como el de Mary Cain, lo mejor es analizar con el equipo de trabajo los por qué, y cómo continuar con el trabajo. De ser necesario cambiar  el entrenamiento y en caso extremo, parar. Las lesiones psicológicas son en general muy difíciles de remediar. Más allá del equipo de profesionales propio, que lo tenemos, también dejamos a criterio de los padres la elección de otros profesionales y siempre interactuando con ellos”.

Dario Nuñez, entrenador de atletas olímpicos, comparte su opinión: “Seguramente Salazar abusó un poco con los límites psicológicos y físicos, aunque llegar a ser los mejores cuesta siempre un poco más, pero tiene que ser desde otra perspectiva y no desde el sufrimiento”.

En los últimos párrafos no hay testimonios por parte de entrenadoras mujeres, una figura que prácticamente, al igual que en Estados Unidos, no existe en el sistema deportivo argentino e hispano. Como también señala Mary Cain en su video: “Necesitamos más mujeres al poder”. Eso, y la necesidad de destapar a todo un sistema ávido de consumir historias grandilocuentes de falso éxito a cualquier costo, pueden ser algunos de los caminos posibles para arreglar el problema.

Cain cumplirá 24 años el próximo 3 de mayo y tras confesar su historia planea regresar al deporte de alto rendimiento, ya sin el abuso del entrenador en quien había confiado cuando era considerada la mayor prodigio del atletismo estadounidense.

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Atletismo

Eliud Kipchoge y el increíble “1h59m40s”: claves de un récord no oficial

El plusmarquista keniata destrozó el límite de las dos horas en un parque de Viena: detalles de una carrera a medida.

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Kipchoge en Viena

Un ser humano (si se lo puede seguir llamando así) corre poco más de 42 kilómetros por un circuito en Viena en un tiempo por debajo de las dos horas. Una marca inédita, una hora y cincuenta nueve minutos que destroza el límite que todos creían imposible. El extraterrestre que rompió los relojes un sábado a la mañana fue el keniata Eliud Kipchoge: corrió un maratón (42,195 kilómetros) en 1h59m40s en un evento de Nike en el Parque Prater de Viena. Una carrera a medida que solo tendrá la repercusión mediática y marketinera. El tiempo jamás será homologado.

El evento a medida está enmarcado dentro de la histórica carrera entre Nike y Adidas. La marca estadounidense decidió asaltar el running y las maratones y ya desde hace cinco años que viene trabajando en un proyecto dedicado a bajar las dos horas. Contrató científicos, médicos, entrenadores, corredores como Kipchoge y más. Todo para hacer ruido, más allá de estar al tanto que la IAAF jamás homologaría un tiempo en estas condiciones. Primero lo probaron en el circuito de Monza, en 2017, pero ahí Kipchoge paró el reloj 25 segundos por encima de las dos horas. Y esta vez no fallaron en Viena, en otros 42 kilómetros con todo a favor: el keniata corrió con unas Nike Vaporfly únicas, no tuvo controles antidoping, un coche le marcó el ritmo (y le frenó el viento), corrió solo (se exige un mínimo de tres), sus entrenadores se acercaban en bicicleta para ofrecerle agua y geles energéticos y contó con 41 corredores “liebre” que entraron y salieron durante todo el recorrido.

Aunque el récord está al caer (entre 2018 y 2019, Kipchoge, Kenenisa Bekele y Mosinet Geremew se fueron acercando a las dos horas), la marca mundial seguirá clavada en 2h01m39s hasta que el propio Kipchoge lo logre en una competición oficial. Todo indica que será pronto si mantienen el ritmo de baja de minutos de los últimos meses.

El asalto al récord del mundo en maratón 2018-2019

Ranking Tiempo Atleta País Fecha Lugar
1 2:01:39 Eliud Kipchoge  Kenia  16 de septiembre de 2018  Berlín 
2 2:01:41  Kenenisa Bekele  Etiopía  29 de septiembre de 2019  Berlín 
3 2:02:37  Eliud Kipchoge  Kenia  28 de abril de 2019  Londres 
4 2:02:55  Mosinet Geremew  Etiopía  28 de abril de 2019  Londres

A Nike no se le escapó un detalle en el Parque Prater, y Kipchoge le puso la firma.

  • Las Nike Vaporfly Next% son unas zapatillas a medida con una placa de carbono en la suela que da un efecto muelle y discos rellenos de fluido presurizado que ofrecen una mejora del rendimiento en 2,6%, con un beneficio de 1m30s, según detallaron los especialistas en la previa.
  • Las 41 liebres seleccionadas fueron de altísimo nivel, con los mejores corredores del mundo en 1500 y 5000 metros, con la opción de entrar y salir a voluntad. Además, marcharon en “V” junto a un auto para ayudar a la resistencia aerodinámica y dejar a Kipchoge sin viento en la cara. Dos atletas a espalda del keniata sirvieron para despejar el aire trasero.
  • La hora elegida (8.15 de Austria) fue seleccionada a dedo para tener una temperatura ideal, poca humedad y ausencia de viento.
  • El circuito fue una recta con dos rotondas. De esta manera evitaron que demasiadas curvas resten velocidad.
  • No hubo control antidoping.
  • Se perfeccionó el sistema para tomar líquidos y geles, con el ofrecimiento de entrenadores en bicicleta.

Kipchoge y una mujer en Viena

El keniata, tras cruzar la meta y bajar las dos horas | @INEOS159 Challenge

“Estuve en la luna, y regresé”, disparó, emocionado, después de mirar el reloj. “Los últimos 200 metros, los últimos 30 segundos… fueron el mejor momento de mi vida. Estaba haciendo historia. Soy un hombre feliz”, añadió. Más allá del costado comercial, su sonrisa final fue parte de saberse único, de un tiempo que paga con creces todo el entrenamiento previo, toda la puesta a punto que no se ve en un circo de esta magnitud. De saber que no tiene límites y que ahora no solo será el dueño del récord del mundo oficial y el campeón olímpico, o el hombre que de 14 maratones ha ganado 13. También será el primer maratonista que fue a la luna y regresó para contarlo.

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Atletismo

El paso en falso del atletismo argentino en Doha 2019

No solo presentó una delegación de tres atletas: las marcas estuvieron lejos de las expectativas. La esperanza vuelve a recaer sobre Toledo, ausente en Qatar.

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Belén Casetta

La marca de Londres parece un punto perdido en el tiempo. Algo imposible de repetir. Pero resulta increíble que solo pasaron dos años. Por Stratford, ese exbarrio industrial devenido en un pujante vecindario que ahora huele a Starbucks, caminaron 10 atletas argentinos. Una delegación récord para el país en mundiales y un quiebre para el atletismo argentino. Fue como si se tratara de un combo entre la vieja guardia y un grupo de jóvenes que buscaban dar el gran salto. Pero todo se esfumó al salir del estadio Olímpico: con Belén Casetta como el punto más alto, el resto del grupo no logró sostenerse de cara a Doha 2019 (retiros, lesiones, marcas por debajo de lo necesario) y a Qatar solo arribaron tres integrantes de la delegación albiceleste. Casetta (3000 metros con obstáculos), Florencia Borelli (5000 metros) y Joaquín Gómez (lanzamiento de martillo) dijeron presente a orillas del Golfo Pérsico, pero sin suerte.

Así, la Argentina pasó de los 10 atletas de Londres a igualar los peores números en cuanto a la conformación de una delegación. Helsinki 1983, París 2003, y Helsinki 2005 fueron los otros mundiales a los que concurrieron tres atletas. Las representaciones más numerosas hasta Londres 2017 (10) habían sido Tokio 1991 y Moscú 2013, con ocho.

Casetta, finalista en Londres y medallista panamericana en Lima 2019, llegaba como cabeza de grupo, pero la joven marplatense terminó novena en su serie en el primer día del Mundial. El tiempo de 9m45s07/100 la dejó fuera de carrera y la ubicó 29° entre 42 atletas. Para repetir final debía meterse entre las tres primeras de su serie, pero la mejor de su heat le sacó más de 15 segundos de diferencia. En el Queen Elizabeth Olympic Park, Casetta había clavado el reloj en 9m25s99/100. Un registro que le dio la titularidad del récord sudamericano. Gómez, por su parte, tampoco tuvo su mejor versión en lanzamiento de martillo. El joven de 22 años, oriundo de Villa Domínico, lanzó centímetros por arriba de los 70 metros (70.17, 70.07 y 68.40) y no solo estuvo lejos de sus números (llegaba con 73.92 en el año y 75.96 en su carrera) sino que terminó último en la clasificación general. Para avanzar a la final hubiese necesitado su mejor registro. Mientras que el cierre de la participación argentina en Doha se dio con la presentación de Borelli, que necesitó de 15m56s49/100 para completar los 5000 metros, y así terminar en el puesto 12 de su serie y quedar 25° en la general entre 26 corredoras. Solo dejó atrás a Caveline Nahimana, de Burundi, que fue la única atleta que llegó por encima de los 16 minutos.

El paso en falso de la Argentina en Doha enciende alarmas camino a Tokio 2020. Con Casetta como la única medallista en los Panamericanos de Lima y con un Mundial que deja el sabor amargo de los magros números, todas las miradas se posarán otra vez sobre Braian Toledo. El orgullo de Marcos Paz que estuvo de baja durante gran parte de 2019 por una operación en el tobillo derecho (se rompió cuatro ligamentos y tuvo que pasar por el quirófano) y que ahora pone sus fichas para llegar en forma a los Juegos Olímpicos. La lesión apareció en su mejor temporada, en el pico de rendimiento físico, mental y técnico, y con la mirada puestas en Tokio. Él dice que este golpe le sirvió de aprendizaje y que podrá estar en los Juegos para “volver mejor”. La enésima ocasión en la que Toledo y su jabalina serán la esperanza de un atletismo argentino que solo se aferra a las grandes apariciones y al esfuerzo individual. Espasmos lejos de la elite.

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