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Rugby

Siete claves de los cuartos de final del Mundial de Rugby

Empieza la etapa determinante de la Copa del Mundo de Japón.

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El cierre de la primera ronda marcó el final de la etapa de pruebas para los ocho equipos que desde la madrugada de este sábado protagonizarán los cuartos de final del Mundial de Rugby. Cada entrenador alineará a su formación ideal para afrontar el cruce que determinará su futuro. Serán cuatro cruces de altísimo vuelo en un fin de semana atrapante. La jornada, en siete claves.

Inglaterra-Australia

Es uno de los clásicos de la historia de la Copa del Mundo y se cruzarán por séptima oportunidad con un condimento que profundiza la rivalidad: Eddie Jones y Michael Cheika, dos de los mejores entrenadores del mundo, se verán las caras en un partido trascendental para el futuro de ambos equipos.

La hegemonía inglesa durante el último lustro estará a prueba en los cuartos de final de Japón. El combinado británico ganó ocho de los nueve últimos partidos pero perdió el más importante: hace cuatro años en Twickenham, en su propio torneo y ante su público. Después de aquel fracaso, Inglaterra barajó de nuevo sus cartas y recuperó el protagonismo perdido.

Australia arrastra cuatro años de inconsistencia permanente. El duelo frente a la Rosa es una oportunidad inmejorable de enterrar el pasado inmediato.

Jones cambia

Una de las grandes polémicas en la triste campaña inglesa en su propia Copa del Mundo fue la discusión en torno al apertura titular. La pugna entre George Ford y Owen Farrell partió al vestuario. Stuart Lancaster decidió dejar en el banco de suplentes a Ford frente a Gales y Australia, dos derrotas que eliminaron al anfitrión en la primera ronda.

Jones decidió juntarlos en Japón, con Ford como apertura y Farrell como centro. La dupla compartió 166 de los 240 minutos de Inglaterra en el torneo. El eje funcionó a la perfección durante el Mundial. Sin embargo, Jones sorprendió con su formación para enfrentar a Australia: desarmó la efectiva fórmula. Ford será suplente y Farrell, su capitán, volverá a vestir la 10 por segunda vez desde el empate frente a Escocia en marzo por el Seis Naciones.

“Tenemos un equipo para arrancar y uno para terminar, por lo que finalizará en lugar de iniciar. Obviamente está disgustado, pero sabe cuál es su rol en el equipo. Tiene un papel importante y es de lo que hemos hablado. Tenemos un equipo de 23, lo pienso como un conjunto de 23, donde cada uno tiene un rol”, analizó Jones.

La desilusión de Ford, con los fantasmas de 2015 sobrevolando, es lógica: es una de las figuras de su equipo, fue MVP del encuentro frente a Estados Unidos y es uno de los nombres propios destacados del Mundial. Ante un escenario de mayor dificultad, y sin tanta necesidad de utilizar el pie en ataque, Jones decidió tomar mayores precauciones en el apartado defensivo.

Samu Kerevi nació en Fiji, representa a Australia desde 2016 y es uno de los mejores centros del mundo. Con Farrell como 10, Manu Tuilagi será el 12. Jones apuesta por el británico de origen samoano como antídoto a uno de los jugadores más imparables del torneo. Las estadísticas del torneo son más que suficientes para detectar el impacto de Kerevi: protagonizó 48 corridas (5º en el certamen) que suman 191 metros y en los que venció a 20 defensores.

Inglaterra tendrá como objetivo primordial frenar a Kerevi y Tuilagi, sumado al ingreso de Henry Slade como segundo centro, es la receta por la que apostará Jones. Entre Farrell, Tuilagi y Slade ejercerán una presión asfixiante sobre Christian Lealiifano, quien regresa como apertura en yunta con el experimentado Will Genia como medio scrum.

La apuesta de Cheika

Jordan Petaia cumplirá 20 años el próximo 14 de marzo. Después de formarse en Brisbane State High School, se incorporó al Queensland Reds del Super Rugby. Convocado por primera vez a los Wallabies en agosto de 2018 para un test frente a Nueva Zelanda, su debut recién se dio en el cruce frente a Uruguay en la actual Copa del Mundo. Su presentación fue fabulosa: apoyó un try en su segunda intervención con la camiseta australiana.

Cheika apostará por él para el cruce de cuartos de final frente a Inglaterra. “No miraría la edad de los jugadores en ninguno de los extremos del especto. Sí, será rápido y agresivo y todo ese tipo de cosas, sé que estará a la atura de este desafío. Lo sé, lo he visto en él, así que sé que lo hará el sábado”, explicó el head coach.

Petaia, habitual como wing izquierdo en la Selección, le ganó la pulseada a James O’Connor (9 partidos mundialistas) y a Tevita Kuridrani (8) como segundo centro, su posición preferida. Su ingreso en esa ubicación podría suponer un movimiento maestro por parte de Cheika. Petaia promete aportarle agresividad y velocidad a la formación australiana, con menos virtudes y talento que su par inglés.

En Australia volverá Reece Hodge, quien regresa tras la suspensión de tres semanas que recibió en el debut frente a Fiji. El confiable Dane Haylett-Petty, autor de tres tries en el torneo, quedó afuera de los suplentes.

Formaciones

Inglaterra: 15.Elliot Daly – 14.Anthony Watson – 13.Henry Slade – 12.Manu Tuilagi – 11.Jonny May – 10.Owen Farrell – 9.Ben Youngs – 8.Billy Vunipola – 7.Sam Underhill – 6.Tom Curry – 5.Courtney Lawes – 4.Maro Itoje – 3.Klye Sinckler – 2.Jamie George – 1.Mako Vunipola.

Australia: 15.Kurley Beale – 14.Reece Hodge – 13.Jordan Petaia – 12.Samu Kerevi – 11.Marika Koroibete – 10.Christian Lealiifano – 9.Will Genia – 8.Isi Naisarani – 7.Michael Hooper – 6.David Pocock – 5.Rory Arnold – 4.Izack Rodda – 3.Allan Alaalatoa – 2.Tolu Latu – 1.Scott Sio.

Nueva Zelanda-Irlanda

Otra Nueva Zelanda

Irlanda ingresó a la Copa del Mundo como el líder del ránking mundial, por encima de los All Blacks. Los europeos fueron uno de los pocos equipos que consiguió poner en jaque la hegemonía de un equipo que intentará conquistar su tercer título consecutivo: le ganó un partido por primera vez en su historia en el amistoso celebrado en Chicago en noviembre de 2016 y volvió a imponerse en el último cap de noviembre en Dublin.

El combinado del Trébol repetirá a doce de los quince titulares de aquella última gesta. En cambio, Nueva Zelanda tendrá ocho modificaciones en su formación inicial. Además, una constante durante los últimos años, es el habitual cambio de mentalidad que los AB’s muestran siempre que afrontan un desafío mundialista.

Los irlandeses deberán extirparle la pelota a Nueva Zelanda, un equipo con mayores opciones ofensivas, mayor creatividad e insondable talento individual. La suspensión de Bundee Aki, expulsado por su violento tackle frente a Samoa y sancionado posteriormente por tres fechas, es una baja de peso para la formación para el quince de Joe Schmidt. Robbie Henshaw ocupará su lugar como primer centro.

La inesperada derrota frente a Japón condenó a Irlanda, un equipo que no atraviesa el mejor momento del ciclo Schmidt, a cruzarse con los All Blacks en cuartos de final, una instancia que jamás han podido superar. Los forwards, encabezados por Tadhg Furlong en el scrum, deberán imponer condiciones para limitar el poderío habitual de los neozelandeses.

La batalla del 10

Richie Mo’unga y Jonathan Sexton serán los protagonistas del duelo principal en tierras niponas. Será un mano a mano fascinante entre dos de los mejores aperturas del mundo. El neozelandés es una máquina fantástica con un insondable arsenal ofensivo que puede desarmar a cualquier defensa.

Sexton es uno de los jugadores más inteligentes, también más experimentados, de esta Copa del Mundo. Es el indiscutido líder de su equipo y tendrá que sortear un desafío quimérico frente a la presión que ejercerán sobre él, un jugador cuya movilidad ya no es la de antaño y cuya actividad ha sido dosificada a lo largo del torneo, especialmente con la presencia de Beauden Barrett como fullback.

Habrá varios emparejamientos imperdibles: el duelo de terceras líneas entre Savea-Read-Cane y O’Mahony-Stander-van der Flier y el cara a cara entre Brodie Retallick, quien llega apenas con 30 minutos como titular en el torneo, y John Ryan.

Formaciones

Nueva Zelanda: 15.Beauden Barrett – 14.Sevu Reece – 13.Jack Goodhue – 12.Anton Lienert-Brown – 11.George Bridge – 10.Richie Mo’unga – 9.Aaron Smith – 8.Kieran Read – 7.Sam Cane – 6.Ardie Savea – 5.Samuel Whitelock – 4.Brodie Retallick – 3.Nepo Laulala – 2.Codie Taylor – 1.Joe Moody.

Irlanda: 15.Rob Kearney – 14.Keith Earls – 13.Garry Ringrose – 12.Robbie Henshaw – 11.Jacob Stockdale – 10.Jonathan Sexton – 9.Connor Murray – 8.Cj Stander – 7.Josh van der Flier – 6.Peter O’Mahony – 5.John Ryan – 4.Iain Henderson – 3.Tadhg Furlong – 2.Rory Best – 1. Clan Healy.

Gales-Francia

Gales recupera a sus lesionados

Jacques Brunel, entrenador francés, fue contundente: “Tener dos conmociones cerebrales significa tres semanas afuera. No debería jugar. Si fuese nuestro jugador, no estaría autorizado a jugar”. Dan Biggar, el apertura estrella de Gales, superó el protocolo de conmoción cerebral después de los golpes en la cabeza que sufrió frente a Australia y Fiji.

Warren Gatland podrá disponer de la misma formación que venció a Australia en su debut. Biggar, especialista con el pie y líder de la avanzada galesa gracias a su creatividad y su ingenio, podrá castigar las espaldas de Damian Penaud en el wing, quien no está en plenitud física. Como no hay mañana, Gatland decidió arriesgar a Biggar y disparó la polémica.

Jonathan Davies, lesionado en una de sus rodillas frente a Fiji, también será de la partida como segundo centro. Es una pieza determinante por su impacto en la distribución y en el apartado defensivo. Su pegada es un plus, un recurso más para la formación galesa que se erige como candidata a levantar el trofeo Webb Ellis después de haber conquistado el Seis Naciones.

Una pareja de Toulouse

Francia está lejos de su mejor versión pero tiene una pareja de jóvenes que ilusiona al país de cara al próximo Mundial que se celebrará justamente en territorio francés. El apertura Romain Ntamack tiene apenas 20 años y el medio-scrum Antoine Dupont cumplirá 23 en noviembre.

Ntamack fue partícipe del título que la selección francesa consiguió en el último Mundial Sub 20. Con personalidad, carácter, frescura y madurez, dirigió a Francia en el complejo debut frente a Los Pumas. También defendió con fiabilidad y acertó la mayoría de sus envíos a palos.

Su intervención será fundamental para las aspiraciones de una Francia deslucida que, amén de 20 minutos determinantes frente a Los Pumas, sufrió exageradamente frente a Tonga y Estados Unidos. El tifón que provocó la cancelación del duelo frente a Inglaterra impidió que los galos demostraran cuál es su verdadero nivel. La lectura de Ntamack para explotar los espacios de una defensa galesa que ha permitido nueve tries puede ser determinante.

Jefferson Poirot será el líder del pack de forwards francés. Con 23 tackles en el torneo, su efectividad del 100% en ese rubro es una de las grandes estadísticas del certamen japonés.

Formaciones

Gales: 15.Liam Williams -14.George North – 13.Jonathan Davies – 12.Hadleigh Parkes – 11.Josh Adams – 10.Dan Biggar – 9.Gareth Davies – 8.Josh Navidi – 7.Justin Tipuric – 6.Aaron Wainwright – 5.Alun Wyn Jones – 4.Jake Ball – 3.Tomas Francis – 2.Ken Owens – 1.Wyn Jones.

Francia: 15.Maxime Médard – 14.Damian Penaud – 13.Virimi Vakatawa – 12.Gaël Fickou – 11.Yoann Huget – 10.Romain Ntamack – 9.Antoine Dupont – 8.Gregory Alldritt – 7.Charles Ollivon – 6.Wenceslas Lauret – 5.Sébastien Vahaamahina – 4.Bernard Le Roux – 3.Rabah Slimani – 2.Guilhem Guirado – 1-Jefferson Poirot.

Japón-Sudáfrica

De sorpresa a amenaza

Japón floreció en su propio Mundial, un vínculo emocional con su pueblo después de la catástrofe natural que supuso el tifón Hagibis. Hasta la Copa del Mundo de Inglaterra 2015, Japón había ganado tan solo un partido: frente a Zimbabwe en el certamen de 1991. Bajo las órdenes de Eddie Jones, el rugby japonés creció en busca de un lugar en el top 10 del ránking y en su debut en Inglaterra protagonizó una de las mayores sorpresas de la historía del rugby internacional: venció a Sudáfrica por 34-32 en Brighton en un inolvidable triunfo agónico.

Cuatro años después, con el neozelandés Jamie Joseph como entrenador, Japón derrotó a Irlanda, a Escocia, finalizó en la cima del grupo y clasificó por primera vez en su historia a los cuartos de final. El rival será, nada más y nada menos, que Sudáfrica.

Los nipones repetirán cuatro jugadores de aquel duelo de hace cuatro años: Shota Horie, Luke Thompson, Michael Leitch y Kotaro Matsushima. Justamente es Matsushima uno de los grandes protagonistas de este Mundial: marcó cinco tries y es el líder en ese rubro junto al galés Josh Adams.

Con su rugby veloz, ágil y creativo, plagado de descargas continuas, Japón representa una amenaza para Sudáfrica. A contramano de la lógica, las fases niponas se construyen jugada tras jugada por sectores diferentes de la cancha. En esa faceta es clave Yu Tamura, el goleador del Mundial, con su talento para la creación. Matsushima y Kenki Fukuoka, imparables desde el wing, se encargan de horadar a las líneas enemigas con su repentina aceleración y su increíble precisión en velocidad: marcaron 9 de los 13 tries de su equipo.

Sudáfrica deberá interrumpir el altísimo ritmo japonés. Será un duelo de estilos, con unos Springboks más pragmáticos y defensivos. Su pack de forwards intentará imponer condiciones, especialmente en la batalla entre Michael Leitch y el sudafricano Siya Kolisi. Desde el wing, Cheslin Kolbe intentará seguir la tradición que impuso Bryan Habana como una punta de lanza que combina un ritmo infernal, una visión completa del juego y un juego de pies indescifrable para los defensores.

Formaciones

Japón: 15.Ryohei Yamanaka – 14.Kotaro Matsushima – 13.Timothy Lafaele – 12.Ryoto Nakamura – 11.Kenki Fukuoka – 10.Yu Tamura – 9.Yutaka Nagare – 8.Kazuki Himeno – 7.Pieter Labuschagne – 6.Michael Leitch – 5.James Moore – 4.Luke Thompson – 3.Jiwon Koo – 2.Shota Horie – 1.Keita Inagaki.

Sudáfrica: 15.Willie le Roux – 14.Cheslin Kolbe – 13.Lukhanyo Am – 12.Damian de Allende – 11.Makazole Mapimpi – 10.Handré Pollard – 9.Faf de Klerk – 8.Duane Vermeulen – 7.Pieter-Steph du Toit – 6.Siya Kolisi – 5.Lood de Jager – 4.Eben Etzebeth – 3.Frans Malherbe – 2.Bongi Mbonambi – 1.Tendai Mtawarira.

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Rugby

Siya Kolisi, entre Mandela y la cuota racial

Es el primer capitán negro en la historia de Sudáfrica. También un héroe moderno.

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Si Sudáfrica vence a Inglaterra en la final del Mundial de Japón, Siya Kolisi, el primer capitán negro de los Springboks, levantará la Copa Webb Ellis junto al presidente sudafricano Cyril Ramaphosa.

“Fue icónico cuando Francois levantó la Copa del Mundo con Madiba, y fue asombroso hacerlo yo también con Thabo. Pero si Siya toca ese trofeo el sábado, será un momento más impactante que en 1995. Mucho más impactante. Cambiaría la trayectoria de nuestro país”. La frase es de John Smit, el capitán que lideró a Sudáfrica en su consagración en 2007, también frente a la Rosa, y recibió el trofeo con Thabo Mbeki, máximo mandatario sudafricano, a su lado.

Bryan Habana, try-man con ocho tries y estrella de aquella selección, coincidió. “Si Sudáfrica gana con Siya Kolisi como capitán será absolutamente monumental. Para nosotros, como país, tener esa inspiración para que nuestra población tenga ese ejemplo, sería inmensamente importante, a la par de Mandela en el 95, o mayor. Sería histórico”.

En caso de que los Springboks derroten nuevamente a los británicos, será el tercer título en la historia de un país que encontró en el rugby un medio de reconciliación después de la etapa más oscura de su historia cuando en 1995 Nelson Mandela y Francois Pienaar celebraron su hazaña frente a los All Blacks ante 63.000 espectadores en el Ellis Park y 46 millones que festejaban en las calles de Sudáfrica, sin distinción de color.

Mandela, prisionero durante 18 años en una celda de cuatro metros cuadrados en Robben Island, una isla a 12 kilómetros de la costa de Ciudad del Cabo, había sido elegido presidente un año antes como candidato del Congreso Nacional Africano (CNA).

El preso 46664 y enemigo número uno del gobierno sudafricano, quien aprendió el idioma, la cultura y la historia de sus captores durante su encarcelación, eligió un camino atípico después de su liberación: el perdón en lugar de la venganza: “Es natural porque para quien estuvo preso no hay tiempo para represalias. Los valientes no temen al perdón si ayuda a fomentar la paz. Yo ya los perdoné y ustedes deberían hacerlo”.

Promulgada la ley para la Promoción de la Unidad Nacional y la Reconciliación, fundó una Comisión para la Verdad y Reconciliación entre las más de 20.000 víctimas del apartheid y sus verdugos. El gobierno de Mandela, respaldado por el legendario arzobispo y activista Desmond Tutu, ofreció amnistía judicial a todos aquellos que confesaran sus crímenes.

La sociedad sudafricana estaba atascada en su evolución y, pese a la caída del apartheid, las diferencias entre blancos y negros parecían insoslayables. Los Springboks, odiados por el pueblo negro hasta el punto de alentar a sus rivales, eran el símbolo de la supremacía blanca, una minoría que ejercía el poder hasta la irrupción de Madiba. Durante el apartheid, los afrikáners descendientes de colonos holandeses convirtieron a los Boks en territorio prohibido para los jugadores negros. La segregación racial alcanzaba todos los estamentos sudafricanos.

Aunque prácticamente desconocía las reglas de juego, un Mandela que había sido boxeador durante su juventud identificó en la Copa del Mundo que Sudáfrica organizó en 1995 una oportunidad de cohesión para un país dividido. Los Boks habían sido prohibidos por World Rugby: no participaron de los dos primeros mundiales y no protagonizaron encuentros frente a otras selecciones entre 1985 y 1991. Recién con la abolición del apartheid en 1991 fueron admitidos en el rugby internacional.

El 24 de junio fue el día más feliz en la vida de Mandela, con blancos y negros respaldando a un equipo que en la final frenó a Jonah Lomu y consiguió su objetivo gracias a un agónico drop de Joel Stransky. “Fue extraordinario lo que pasó, volteó el país, fue una transformación increíble. Mostró que si es posible que podamos ser una nación”, recordó Tutu sobre una victoria que se celebró hasta en Soweto.

En el podio, Mandela le agradeció a Pienaar después de entregarle la Copa: “Francois, gracias por lo que hizo por nuestro país”. El ala, capitán durante 29 encuentros, había sido un aliado indispensable en su lucha para convencer incluso a sus propios compañeros. “No señor presidente”, le respondió, “gracias por lo que usted ha hecho”.

Chester Williams fue el único jugador de color de aquel plantel campeón. Años más tarde, escribió en su biografía que sus propios compañeros lo discriminaban: no lo invitaban a los eventos post partido. También se veía obligado a comer solo y a cambiarse en el micro porque no había lugar para él en los vestuarios. Incluso después del triunfo sudafricano, protagonizó un altercado con su compañero James Small y lo acusó de recurrir a lenguaje abusivo para en un cruce entre ambos. “¿Por qué querés jugar a este deporte? Sabés que no podés jugar”, le habría dicho Small.

Williams, jugador sudafricano del año en 1994, falleció en septiembre. Los Springboks usaron su imagen en la camiseta que vistieron en el debut mundialista frente a los All Blacks. En 1999 fue descartado por el entrenador Nick Mallett, quien deslizó que no necesitaba a Williams porque ya había cumplido con la cuota racial de tres jugadores negros. La nómina del campeón de 2007 constaba de apenas dos negros: uno era Habana.

Las cuotas raciales se instalaron extraoficialmente en 1994 en dos de los bastiones blancos de Sudáfrica: los equipos de rugby y cricket. El fracaso del proyecto concluyó en su derogación, aunque más tarde fueron reinstaladas para la Currie Cup y la Vodacom Cup. Desde 2014, 14 clubes provinciales se ven forzados a usar siete jugadores no blancos en sus planteles de 22 jugadores.

En 2016, el ministro de deportes Fikile Mbalula impuso una nueva cuota racial en cuatro disciplinas como respuesta a la fallida integración en atletismo, cricket, rugby y netball. Su propio gobierno le prohibió a las cuatro asociaciones postularse como sede de eventos internacionales: Sudáfrica tuvo que bajar su candidatura para organizar la edición de 2023 que se celebrará en Francia.

El piso establecido de jugadores negros no se había cumplido en un país con el 80% de población negra o mestiza. Una demanda de la South Africa Trade Union contra el gobierno, acusado de obsesionarse con una lucha racial que consideran inexistente. Su reclamo quedó sin validez porque el sindicato, de mayoría blanca, no tiene jugadores en ninguna de las cuatro asociaciones afectadas.

La Unión Sudafricana y el gobierno nacional acordaron que el 50% del plantel para Japón 2019 debía ser negro. Rassie Erasmus, entrenador y director de todas las selecciones nacionales, entregó una nómina con once jugadores negros dentro de los 31 convocados, el 30% del total: cinco de ellos serán titulares en la final frente a Inglaterra. La cifra no representa una gran mejoría con respecto al 26% negro que integró la lista en 2015. Sin embargo, el presidente de la unión sudafricana de rugby Mark Alexander asegura que la evolución es indiscutible: “Nuestro plan es para 2023, pero en este punto, tenemos cuatro capitanes negros en nuestras selecciones nacionales”.

El sistema de cuotas por raza es ampliamente rechazado en Sudáfrica. El 83% de su población está en contra. También el 82% de su pueblo negro. Kolisi es uno de ellos: “No creo que Mandela hubiera respaldado el sistema de cuotas. No quisiera que me eligieran poe mi color de piel, porque eso no sería bueno para el equipo. No deberían ponerle cifras a un tema como este”.

Sus comentarios encendieron la polémica en un país en el que recrudecieron las tensiones raciales, especialmente en los barrios negros pobres. Pero no le falta razón a Kolisi. Mandela, en su discurso frente al Tribunal Supremo de Pretoria del 20 de abril de 1964, advirtió antes de ser condenado a cadena perpetua: “He luchado contra la dominación de los blancos y he luchado contra la dominación de los negros. He anhelado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que quiero vivir y que espero lograr. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

La transformación del rugby sudafricano, de la sociedad en sí, debe ser estructural según el tercera línea estrella de los Boks: “Si querés hablar de transformación, tiene que comenzar en la base. Imaginen si no hubiera ido a una escuela de inglés en el secundario, si no hubiera comido correctamente, si no hubiera crecido adecuadamente”. El problema no es la participación en los equipos profesionales: sin oportunidades, muchos jugadores negros directamente no encajan en el sistema.

Cada uno de los jugadores negros del plantel actual fue mirado de reojo durante algún punto de su carrera en su Selección: por lo bajo se preguntaban si su talento era suficiente o si su presencia y titularidad correspondía únicamente al sistema de cuotas. Lo sufrió Kolisi en carne propia y también Makazole Mapimpi, una de las figuras de los Springboks con tres tries. Los dos lideraron a Sudáfrica hasta la final de Yokohama.

Kolisi nació en el humilde barrio de Zwide, una región pobre de Port Elizabeth. Fezakel, su padre, también había jugado al rugby. En 2007 miró la final desde un bar porque no tenía televisión en su casa: “Vi la final del 2007 en un bar porque no tenía televisión en casa. Nunca antes había visto tanta gente unida por un deporte”.

Hijo de padres adolescentes y criado por su abuela, recibió una beca para una universidad privada a los 12 años. La final en Japón será su 50° partido, el 20° como capitán. Aquel mismo bar, emplazado en una ciudad que antes abucheaba a los Springboks, será una fiesta el sábado para ver a su selección.

Hanyani Shimange, hooker sudafricano que defendió la camiseta de los Boks entre 2004 y 2006, destacó la singularidad de Kolisi, considerado un héroe moderno en Sudáfrica: “Su historia es única. Las generaciones previas no tuvieron esas mismas oportunidades. Está viviendo el sueño de jugadores a los que no se le dieron las mismas oportunidades”.

Coincidió su compañero Tendai Mtawarira, pilar del conjunto africano: “Lo que logró es extraordinario. Qué un chico de Zwide se haga un hueco en esas circunstancias, se convierta en capitán de los Bocks y lidere al equipo de esa forma, es una fuente de inspiración para todos los sudafricanos”.

Blancos y negros volverán a alentar a Sudáfrica en una definición mundialista. El sueño de Mandela cumplido una vez más, aunque el triunfo podría ser incluso más emblemático que aquel de 1995 si Siya Kolisi levanta la copa.

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Rugby

Inglaterra a la final: historias del Haka

La Rosa vapuleó a los neozelandeses y jugará la final de la Copa del Mundo Japón 2019

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Inglaterra completó una de las mejores actuaciones del rugby moderno y destruyó a Nueva Zelanda en las semifinales del Mundial de Japón 2019. La Rosa se impuso por 19-7 frente a los actuales bicampeones del mundo y le asestaron la primera derrota desde su eliminación frente a Francia en los cuartos de final del certamen de 2007 en Cardiff.

El segundo línea Maro Itoje fue premiado como la figura del partido, con la pareja conformada por Sam Underhill y Tom Curry nuevamente en plan estelar. George Ford, que había sido suplente frente a Australia, recuperó su titularidad, marcó los tiempos del partido con su pegada y marcó doce puntos. Eddie Jones, primer entrenador extranjero en la historia de la Rosa, superó el último desafío de una reconstrucción que comenzó después de la eliminación en su propio mundial, ante su gente, hace cuatro años.

Nueva Zelanda, imbatible hasta la noche de Yokohama, mostró su versión más deslucida con errores impropios del mejor equipo de la historia. Como ante Australia, el reposicionamiento defensivo inglés impuso condiciones y asfixió a unos All Blacks sin ideas. En una final anticipada, los creadores se impusieron a la revolucionaria corriente que representan los neozelandeses.

Inglaterra desafió a Nueva Zelanda desde el primer minuto: durante el Haka se pararon con una formación inédita y amenazaron con una avanzada que obligó a los auxiliares del referí principal a marcar un límite para respetar el espacio neozelandés. La sonrisa de Ford fue el prólogo de su actuación.

No fue la única oportunidad en la que un oponente adoptó una postura fuera de lo normal frente a la tradicional danza maorí.

Francia – 2007

Había sido la última derrota de los AB’s hasta su traspié frente a Inglaterra en Japón. Después de un rendimiento decepcionante en la fase inicial, su caída en el debut frente a Los Pumas provocó que tuvieran que cambiar sus pasajes desde Saint-Denis a Cardiff para enfrentar a Nueva Zelanda. En su Mundial, Les Bleus necesitaban elevar su rendimiento para bajar al mejor equipo del mundo.

La hazaña empezó en el Haka frente a un rival vestido de gris. Los franceses avanzaron hasta quedar cara a cara. Inolvidable fue la intimidante mirada de Sébastien Chabal. “El Haka confirmó que Francia estaba bien y realmente preparado para el partido”, recordó Richie McCaw en su autobiografía.

En la final de 2011, los franceses repitieron con una formación en V que Fabian Barcella explicó: “Era una formación en V por victoria, es bsatante sencillo. Era una chance única en la vida de jugar una final en Eden Park, y no queríamos desperdiciarla”. Francia perdió por 8-7 y fue sancionado con una multa de 10.000 libras.

Gales – 2008

Fue un minuto dramático en el Millennium Stadium. Garren Watland, actual entrenador galés que asumió su cargo en 2007, ingresó al vestuario minutos antes y desafío a sus jugadores: “¿Saben la historia del Haka?”, preguntó e incentivó a un plantel que adoptó una provocadora postura: no se movieron.

Gales había vencido por última vez a Nueva Zelanda en diciembre de 1953, uno de los tres triunfos en su historial frente a los neozelandeses. Después del Haka liderado por Piri Weepu, los galeses permanecieron estoicos. “No esperábamos una reacción como esa”, recordó tiempo después Weepu. El referí Jonathan Kaplan intentaba disuadirlos pero su esfuerzo fue estéril.

La estrategia de Watland no funcionó: Nueva Zelanda se impuso por 29-9 y extendió una racha que se mantiene hasta hoy.

En 2006 ya habían protagonizado una polémica en torno al Haka: Gales pretendía que su himno fuera el último en sonar en la previa. A modo de protesta, Nueva Zelanda realizó su tradicional danza en el vestuario.

Inglaterra – 1997

Inglaterra se paró frente a Nueva Zelanda en Old Trafford pero Richard Cockerill y Norm Hewitt llevaron su rivalidad más allá: un año después de aquel intenso cara a cara, fueron encontrados peleándose borrachos a la salida de un bar. En aquella tarde de Manchester, Nueva Zelanda se impuso por 25-8. Meses después, Cockerill volvió a perder: terminó con un ojo negro.

Australia – 1996

El clásico de Oceanía siempre ofrece capítulos especiales cuando se trata del Haka. Los Wallabies directamente decidieron ignorarlo. Fue en Wellington y ante su gente priorizaron seguir con su calentamiento. John Eales, leyenda del rugby de su país, confesó tiempo después que aquella acción es el principal arrepentimiento de su carrera: “Sentí durante mucho tiempo que no había sido lo correcto. Conozco a otros muchachos en el equipo y sufrimos muchas críticas. Me hubiera gustado hacer las cosas diferente”.

Eales era el capitán australiano. Años después, viajó a Nueva Zelanda para aprender más sobre la historia y el significado de la danza maorí, una especie de redención para quien inmortalizó todo en el documental “John Eales Reveals: The Haka”. La derrota australiana fue categórica: perdieron por 43 a 6.

Irlanda – 1989

Willie Anderson, capitán irlandés, adoptó una postura agresiva y quedó cara a cara con Wayne Shelford, capitán neozelandés, en el partido celebrado en Lansdowne Road en noviembre de 1989. “Ganamos la danza pero perdimos el partido”, recordó Anderson tiempo después. El capitán fue el autor de la idea junto al entrenador Jimmy Davidson. El desafío fue insuficiente a Irlanda cayó por 23 a 6. “No solamente los tenés que igualar durante el Haka: tenés que ir mano a mano durante todo el partido”, agregó Anderson.

Munster – 2008

Munster es un equipo irlandés de rugby profesional que en 1905 fue uno de los primeros desafios en la gira inicial de los All Blacks. “The Originals” se impusieron por 33-0 en aquel primer encuentro que, convertido en tradición, se repitió en ocho oportunidades desde aquel entonces.

En 2008 los All Blacks regresaron a Thomond Park para celebrar los 30 años de un partido histórico: Munster había vencido a Nueva Zelanda por 12-0 en 1978, el primer triunfo de un combinado irlandés frente a los AB’s.

Antes del partido, los cuatro neozelandeses que integraban el plantel de Munster realizaron su propio Haka. Rua Tipoki, Doug Howlett, Lifeimi Mafi y Jeremy Manning lo ejecutaron, incluso antes que su rival de turno. Munster estuvo a minutos de repetir la historia de 1978 pero perdieron en una de las ultimas jugadas gracias a un try de Joe Rokocoko.

David Campese

Semifinales del Mundial, Australia se alinea frente a Nueva Zelanda pero David Campese decide quedarse en su propio campo pateando a sus propios palos. Bob Dwyer, entrenador de los Wallabies, recordó: “Debo decir que durante la Copa del Mundo de 1991, y en esa semifinal en particular, Campo fue uno de los jugadores destacados. Todos sabemos qué gran jugador ha sido durante mucho tiempo, pero estoy seguro que su performance en el primer tiempo nunca ha sido superada”.

Campo, considerado por entonces uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, fue fundamental para que Australia se impusiera por 16-6. Campese apoyó el primer try de las semifinales y después participó en el triunfo frente a Inglaterra en las final.

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Rugby

RWC: cuatro nombres de los cuartos de final

All Blacks, Inglaterra, Gales y Sudáfrica clasificaron a las semifinales del Mundial.

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Inglaterra 40-16 Australia: Tom Curry

Después del estrepitoso fracaso que supuso la eliminación en la primera ronda de su Mundial, en su casa y ante su público, la Rugby Football Union reinició su proyecto y contrató a Eddie Jones como entrenador. Subcampeón con Australia en 2003, había sido la mente brillante detrás del mayor batacazo de su historia en el la victoria de Japón frente a Sudáfrica.

Jones reconstruyó rápidamente al conjunto británico con piezas que encontró en lugares que otros no habían mirado jamás. Sam Underhill fue convocado por primera vez en 2017 para una gira por Argentina y con 23 años se metió en la lista de Jones para el Mundial. Idéntica situación atravesó Tom Curry, quien en junio celebró sus 21 años y fue elegido como MVP del encuentro de cuartos de final frente a Australia.

La nóvel pareja de centros viajó a Japón y Jones apostó por ellos para enfrentar a los Wallabies. El desafío era mayúsculo para una dupla que apenas había compartido 28 encuentros, el primero en un escenario de absoluta presión mundialista. El rival era una de las yuntas más experimentadas del rugby internacional: David Pocock y Michael Hooper compartieron 180 duelos hombro a hombro.

Pero Curry y Underhill fueron los líderes de un pack de forwards que domaron a la avanzada australiana. Haciendo gala de su reposicionamiento defensivo, Inglaterra tuvo un altísimo porcentaje de efectividad en los tackles: concretaron 144 de los 155 que intentaron (95.4%).

Nueve jugadores ingleses superaron los 10 placajes, fundamental para un equipo que dispuso del 36% de posesión: Sam Underhill y Tom Curry fueron dos de ellos. La Rosa se afianzó como un equipo paciente y maduro para defender sin infracciones, para utilizar el pie con constancia y para capitalizar sus chances.

El capitán Owen Farrell, designado por Jones como apertura en lugar de George Ford, fue el líder de un equipo que se enfrentará a los All-Blacks en una final anticipada.

Nueva Zelanda 46-14 Irlanda: Aaron Smith

Irlanda construyó durante los últimos dos años una ilusión: superar por primera vez los cuartos de final de un Mundial, vencer a los inevitables All-Blacks en su camino y conquistar la Copa del Mundo. El Trébol edificó su esperanza con dos triunfos inolvidables, en Chicago 2016 y en Dublin 2018, frente a Nueva Zelanda. Incluso ingresó a Japón 2019 como el líder del ranking por encima de los propios AB’s.

Pero como los grandes equipos, Nueva Zelanda aumenta exponencialmente su producción en los escenarios más exigentes. La Bestia Negra perdió su último encuentro mundialista el 6 de octubre de 2007 frente a Francia en el Millennium Stadium de Cardiff. Son 18 triunfos consecutivos -amén del juego suspendido frente a Italia- y dos copas Webb Ellis.

En busca de su tercer trofeo consecutivo, los All-Blacks destruyeron en veinte minutos los argumentos que Irlanda había construido durante más de 700 días. No existieron equivalencias entre un equipo y otro. Brodie Rettalick, Kieran Read, Richie Mo’unga, Anton Lienert-Brown y Beauden Barrett fueron los nombres propios más destacados de la constelación que es el plantel neozelandés.

Fue una clase maestra de Aaron Smith: autor de dos tries en los primeros minutos, fue el engranaje que dictaminó el destino de cada ataque neozelandés. Sus decisiones fueron determinantes para escribir el desenlace de la enésima prueba de absoluto dominio del mejor equipo de todos los tiempos del rugby internacional.

Gales 20-19 Francia: Sebastien Vahaamahina

Les Bleus aterrizaron en cuartos de final plagados de dudas. La escuadra de Jacques Brunel no transmitía garantías después de sus triunfos excesivamente dramáticos frente a Tonga y Estados Unidos. Cancelado el partido frente a Inglaterra por el tifón Hagibis, Francia era un equipo deslucido, sin identidad y con rendimientos decepcionantes.

Pero Francia es otra Francia en el mata-mata. Aunque sus resultados suelen ser disímiles, compite siempre. Semifinalista en 2007 y finalista en 2011, desplegó su mejor versión en el momento justo y arrolló a Gales desde el vestuario: a los siete minutos ya había convertido dos try y ganaba por 12-0. Aunque los Dragones Rojos reaccionaron a partir de su defensa, con los recuerdos sobre la mesa de su remontada de 16 puntos en el Seis Naciones, la formación francesa tenía el trámite bajo control.

Gael Fickou capitalizaba la ausencia por lesión de Jonathan Davies y las ventajas físicas que ofrecía Dan Biggar. El pie de Maxime Medard dominaba el trámite desde el fondo de la cancha y su dupla con el joven Romain Ntamack causaba estragos en la defensa galesa.

Ntamack cumplirá 21 años en mayo y demostró en Japón que tiene a su disposición una paleta de recursos ofensivos para consolidarse como el apertura del próximo organizador mundialista. Con carácter y personalidad, durante la primera mitad marcó los tiempos del partido y los caminos de su equipo hasta que debió ser reemplazado en el entretiempo por una lesión.

Gales se encaminaba a la frustración, coqueteaba con la resignación y navegaba hacia el naufragio. Francia era inexpugnable hasta que Sebastien Vahaamahina estropeó su noche perfecta. El segundo línea, que había apoyado el primer try francés, le asestó un codazo artero en la mejilla a Aaron Wainwright durante un maul.

“Creo que perdí completamente la cabeza. Es difícil. Francamente es indefendible”, reflexionó el propio Vahaamahina post partido. Francia combatió con uno menos durante media hora hasta que Gales volvió a pesar una pelota cerca del ingoal y apoyó el try que Biggar convirtió para otra épica remontada Dragona. Defender tanto tiempo con un jugador menos y salir airoso en un encuentro de primer nivel entre dos equipos del Tier 1 utópico.

Les Bleus redondearon una actuación memorable pero se quedaron afuera de las semifinales de la Copa del Mundo. “Creo que el mejor equipo perdió hoy. La tarjeta roja fue significativa”, analizó el técnico galés Warren Gatland. El rugby es un deporte colectivo que a veces se decide por la indisciplina de un jugador. Francia y Vahaamahina lo saben.

Sudáfrica 26-3 Japón: Makazole Mapimpi

Sepultar el sueño japonés fue un trabajo de demolición que duró sesenta minutos. La resistencia nipona, audaz y relampagueante, cedió con el try de Faf De Klerk. El medio scrum fue el director de la sinfónica Springbok que ofició como gota malaya hasta quebrar la ilusión de un país hundido en la tristeza que encontró consuelo en su equipo.

De Klerk fue elegido MVP pero Makazole Mapimpi podría haberse quedado con el premio. El wing es dueño de una historia inspiradora: no creía en su futuro en el deporte y recién comenzó a participar del rugby profesional en 2014 a los 24 años. Un lustro después, se ganó un lugar en la nómina del coach Rassie Erasmus para Japón 2019 aunque muchos dudaban de sus méritos: señalaban que su convocatoria respondía únicamente a la cuota racial que el Ministerio de Deportes le impuso a la South African Rugby Union.

Mapimpi, considerado por Erasmus como uno de los definidores más implacables del rugby internacional, desestimó rápidamente los rumores inherentes a su presencia. Si aún existían escépticos, su actuación frente a Japón debería haber convertido a los herejes en religiosos.

El wing de Sharks horadó rápidamente el ingoal japonés y estiró la diferencia después del try de Faf de Klerk pero su impacto fue más allá de sus apoyos en la zona prohibida del anfitrión. Mapimpi, uno de los tres trymans del Mundial junto al galés Josh Adams y el japonés Kotaro Matsushima, fue líder en metros recorridos (111), en quiebres limpios (4) y en defensores vencidos (5).

Sudáfrica hizo trizas la épica nipona, una cabal demostración de un equipo rocoso que aparece como máxima alternativa a la hegemonía de Nueva Zelanda.

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