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Fútbol

River sobrevivió en La Boca: jugará su tercera final de Copa Libertadores

El conjunto de Marcelo Gallardo extiende su imperio más allá de lo imaginado.

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River atraviesa el ciclo más exitoso de su historia, una etapa inédita dentro de su gloriosa historia: eliminó a Boca por quinta ocasión y se clasificó a su tercera final de Copa Libertadores en el último lustro. El Millonario, vigente campeón, viajará a Chile el próximo 23 de noviembre en busca de su tercer título continental, el quinto de su historia.

Marcelo Gallardo saldó las únicas dos deudas del siglo de historia Millonaria: convirtió al combinado de Núñez en una fuerza dominante a nivel internacional y se sacó el estigma que representaba el clásico rival en sus desafíos continentales. River construyó su indiscutido cetro como el mejor equipo de América mientras transformaba a su antiguo verdugo en víctima.

Con la ventaja conseguida en el Monumental a partir de los goles de Rafael Santos Borré e Ignacio Fernández, River desplegó su versión más pragmática. También fue la más deslucida ante un Boca con otro semblante. Obligado por las circunstancias, Gustavo Alfaro abandonó su identidad para ir en busca de una remontada con aroma a milagro.

Ante una Bombonera enardecida, el Xeneize impuso condiciones, desbarató el circuito futbolístico de River al anular a su mediocampo y con más corazón que fútbol generó múltiples chances para atizar su ilusión pero el descuento llegó demasiado tarde: Lisandro López bajó el enésimo centro sobre el área de Franco Armani y Jan Hurtado la empujó por el segundo palo.

El reloj se consumió y no le quedó tiempo a Boca para empatar la serie, la quinta en la que sucumbe frente a la formación de Gallardo: River hincó a su máximo adversario en las semifinales de la Sudamericana 2014, en los octavos de la Libertadores 2015, en la Supercopa Argentina de 2018 y en la final de la Libertadores 2018.

Nuevo ADN, mismo desenlace

Después de un primer semestre en el que navegó entre remiendos, Gustavo Alfaro por fin había podido imprimirle a Boca su genética. Era un equipo de autor que superaba con éxito prueba tras prueba en la Superliga y principalmente en una Copa Libertadores en la que resolvió sus retos frente a Athletico Paranaense y Liga de Quito con incuestionable determinación.

Pero el penal de Emanuel Más a los tres minutos del partido de ida obligó al entrenador a guardar su libreto, la mejor opción para incomodar a River, y adoptar una postura agresiva para la que no estaba preparado. En pronta desventaja, buscó anotar como visitante y le entregó al elenco riverplatense la posibilidad de liquidar la serie. La impericia de sus delanteros y las intervenciones heroicas de Esteban Andrada mantuvieron con vida a Boca.

Alfaro probó decenas de combinaciones durante veintidós días y finalmente tomó una decisión: priorizó la experiencia de Carlos Tevez por sobre Mauro Zárate y apostó por la frescura de Agustín Almendra en la mitad de la cancha. La inclusión de ambos fue una sorpresa observada con desconfianza por los hinchas y especialistas. Pero el técnico azul y oro acertó: ambos fueron dos de los nombres más destacados en la noche de Buenos Aires.

El local salió con sus líneas adelantadas, ejerciendo una presión asfixiante sobre la salida de River y planteando duelos individuales en defensa con Andrada como líbero. Alfaro también plasmó su vocación ofensiva con el perfil de la regenerada banda derecha: Julio Buffarini ingresó en lugar de Marcelo Weigandt y Eduardo Salvio relevó a Franco Soldano.

River no necesitó mayores retoques y Gallardo apostó por la fisonomía que mayores éxitos le entregó durante la temporada: el clásico 4-1-3-2 con Enzo Pérez como único cinco, Exequiel Palacios ubicado apenas unos metros por delante y con Nicolás de la Cruz e Ignacio Fernández levemente escorados como interiores.

Pero Boca maniató al Millonario desde el primer minuto con su espíritu salvaje, lo incomodó y lo forzó a abandonar sus convicciones negándole la pelota a sus receptores. Armani no tenía otra opción que sacar en largo y dividir en campo rival. Con la pelota en sus pies, Almendra rompió líneas con sus pases y se asoció con Carlos Tevez, el eje ofensivo de su equipo.

El Apache, cuestionado por sus últimos rendimientos y lejos de sus mejores días, entregó una de sus mejores actuaciones de su último año combinando su sapiencia para conducir con su sacrificio para luchar en cada metro de la cancha. Tevez jugó los 90 minutos y, aunque ya no goza del impacto de antaño, lideró la misión azul y oro.

Plantado en campo contrario, Eduardo Salvio plasmaba su categoría con intervenciones que electrizaban el ambiente, como cuando a los dos minutos movió la pelota de pie a pie para dejar en el camino a tres rivales. Pero un Wanchope Ábila desconectado no se involucraba en el entramado colectivo y el área era un páramo para Boca.

River encontró oxígeno con las incursiones de De la Cruz, el mejor de la vuelta, a espaldas de Julio Buffarini. Esteban Andrada exudaba ansiedad y por primera vez en mucho tiempo dejó de ser una garantía. Tras semanas después, los roles se habían invertido y el campeón de América esperaba agazapado para salir de contra. Boca generaba poco para su dominio.

Su único camino era la perniciosa pegada de Alexis Mac Allister: un centro suyo al corazón del área concluyó en gol de Salvio a los 22 minutos, pero la acción fue anulada correctamente por una mano previa de Emmanuel Más. Otro centro suyo casi termina en blooper: Enzo Pérez intentó despegar y Franco Armani debió hacer gala de sus reflejos para evitar la caída de su arco. Cada sociedad entre Tevez, Mac Allister y Salvio a espaldas de Enzo Pérez se convertía en una acción de riesgo para River durante los últimos minutos del primer tiempo. Sus vínculos eran pocos pero efectivos.

Poco cambió en el segundo tiempo. Buffarini corrigió en defensa y se convirtió en conductor desde la banda derecha. En la primera jugada dejó mano a mano a Wanchope con un pelotazo que Ábila no capitalizó: el nueve redondeó otra actuación decepcionante en un historial cada vez más negativo como nueve Xeneize.

Fueron 77 toques de Buffarini, el segundo que más intervenciones tuvo en el encuentro por detrás de Nicolás de la Cruz (78)

La arena caía en el reloj y Boca no encontraba el camino hacia el gol. Mauro Zárate y Jan Hurtado ingresaron a los 60 minutos en lugar de Almendra y Wanchope. Alfaro partió al mediocampo: Izquierdoz y López sostuvieron al equipo con una actuación descomunal mientras el ataque se atascaba. Un centro, el milésimo de la noche, horadó finalmente la inexpugnable resistencia de Armani: Alexis ejecutó, López ganó en el aire y Hurtado marcó.

La reacción de ambos combinados tras el gol fue a contramano de lo esperado. River gozó de sus mejores minutos y Boca regresó a su versión más frustrada, sin elaboración y con intermitentes ataques directos que no causaban real peligro al fondo Millonario. Javier Pinola fue un bastión y Armani se quedó con el último cabezazo de López, con los sueños Xeneizes y con la clasificación a la final de la Copa Libertadores.

Fueron 9 intervenciones de Carlos Izquierdoz, una actuación descomunal del líder defensivo de Boca. También fue el jugador que más duelos aéreos ganó: fueron 13 en total.

El factor Sampaio

La vuelta de las semifinales frente a Boca supuso un récord para el River de Gallardo: nunca en los 60 partidos que disputó durante el último lustro había cometido más infracciones. Fueron 27 en total durante los 90 minutos de juego.

Wilton Sampaio, el árbitro brasileño de 37 años que impartió justicia, estuvo en el ojo de la tormenta. “Vos, lamentable”, le recriminó Marcelo Gallardo después del partido, ya consumada la clasificación de su equipo. Las redes sociales estallaron en contra del referí en una era en la que hinchas y medios discuten polémicas en vez de centrarse en el fútbol: Sampaio fue acusado de inclinar la cancha en favor de Boca. ¿Pero fue así?

Tres polémicas

– Codazo de Javier Pinola a Eduardo Salvio: recién empezaba el partido y el zaguero central fue en busca de la pelota con su brazo extendido. Con el codo, Pinola aparenta impactar sobre la sien del Toto. Sampaio no sancionó infracción y el VAR no recomendó su revisión. Aunque la acción no parece suficiente para ser cobrada, la reacción de Sampaio fue curiosa: advirtió al ex Rosario Central.

– Gol anulado a Eduardo Salvio: acierto del brasileño, quien no necesitó recurrir al VAR para ver la mano de Más. El cambio de reglamento impulsado por la International Board es contundente: “un gol conseguido directamente con la mano o el brazo (aunque sea de manera accidental) o un jugador que marque o se fabrique una ocasión de gol después de haber obtenido la posesión o el control del balón con la mano o el brazo, aunque sea de forma accidental, ya no será tolerado”. El impacto en la mano de Más, después de que la pelota rebotara en Almendra, fue involuntaria pero indispensable para que el rebote le quedara servido a Salvio.

– Mano de Lisandro López en el área: la televisión no repitió la acción y la transmisión no aportó más que confusión. Es indispensable que la CONMEBOL exponga con claridad cada vez que se revisa una jugada y que precise qué es lo que el VAR está revisando. En la mano de López, Sampaio consultó a Mauro Vigliano pero desestimaron el reclamo.

Falta tras falta

Todas las infracciones del Boca-River

Fue una batalla en La Bombonera. Sampaio sancionó 48 infracciones, 27 de River y 21 de Boca. La sensación que recorrió las redes sociales tras la clasificación Millonaria fue similar a la que suele divulgarse cada vez que se analiza la cantidad de penales a favor que recibe River: que los árbitros o el VAR inclinan la cancha. En este caso, que Sampaio encerró al combinado de Gallardo contra su propio arco con faltas cercanas al área. Como suele suceder, el fanatismo convertido en maniqueísmo futbolístico entierra al análisis.

Fueron 15 faltas a favor de Boca en territorio riverplatense, 12 de ellas en tres cuartos. La mayoría fueron en el flanco derecho, el sector favorito del ataque Xeneize con Buffarini, Salvio y Mac Allister triangulando por aquel sector. La más dudosa fue la que terminó en el gol anulado a Salvio: debería haber cobrado retención de Buffarini.

Es cierto que Sampaio estuvo excesivamente celoso al rigor físico, tanto como que River apela sistemáticamente a las infracciones para cortar los circuitos futbolísticos del rival siempre que su primera línea de presión es superada. Por caso, River es el equipo que más faltas cometió en la actual Copa Libertadores con 224 infracciones frente a 197 de Boca, 140 de Gremio y 138 de Flamengo. El equipo de Gallardo convirtió a los foules tácticos en una virtud de su juego para impedir ser superado en una mitad de cancha que únicamente cuenta con Enzo Pérez como volante central.

Para terminar de desarticular el recelo en torno a la actuación de Sampaio, un par de datos podrían definir la polémica aunque cada uno seguirá creyendo en lo que quiera creer. Sampaio sancionó cinco infracciones en ataque de los delanteros de Boca (cuatro de Hurtado y una de Mauro Zárate) durante el último cuarto de hora y en los seis minutos agregados sancionó una única falta a favor de Boca en las cercanías del área de Armani: fue a instancias del línea que Gallardo felicitó en la previa de su reproche al árbitro brasileño.

El origen

La quinta derrota consecutiva de Boca en cruces frente a River no empezó en el Monumental. Daniel Angelici como presidente y Nicolás Burdisso como manager fueron los principales responsables de la última decepción azul y oro. La eliminatoria evidenció un secreto a voces que maquillaban los resultados: la errática construcción del plantel.

Durante el último mercado, el Xeneize incorporó a Alexis Mac Allister, Jan Hurtado y Eduardo Salvio para potenciar su nómina en busca de la Copa Libertadores. Alfaro había pedido a Maximiliano Meza, a Marcos Acuña y a Éver Banega pero la dirigencia decidió no invertir en ellos pese a haber vendido por 76 millones de dólares en los últimos dos años. Mac Allister rindió por encima de lo esperado en sus primeros partidos, pero Hurtado demostró que aún es demasiado joven y Salvio fue víctima de la plaga de lesiones que provocó su regreso a la Argentina.

Más tarde, inmerso en una movida mediática, sumó a Daniele de Rossi mientras buscaba con urgencia un nueve más: finalmente llegó Franco Soldano para reemplazar a uno de los mejores delanteros del fútbol argentino.

Boca debió salir repentinamente al mercado a causa de otro error fatal de planificación: las partidas de Nahitán Nández y Darío Benedetto, ambos con destino europeo tras el cruce de octavos de final frente a Paranaense, dejaron desguarnecido al plantel. También dejaron ir a Cristian Pavón, hoy en Los Angeles Galaxy, y se quedaron con Sebastián Villa.

Alfaro maquilló los errores apelando al ingenio. Paolo Goltz y Junior Alonso fueron la dupla de centrales en Brasil en la ida de los octavos de final, afianzó a Nicolás Capaldo en la mitad de la cancha y fue edificando certezas en torno a un equipo que se construía de atrás para adelante. Pero las lesiones diezmaron aún más al equipo y tuvo que improvisar. Soldano de ocho en el Monumental, por ejemplo.

Boca empeoró su plantel con respecto a la final en Madrid, en calidad y en profundidad. Ninguno de los laterales ofrece garantías y los centrales suplentes están muy lejos del nivel de los titulares. En el mediocampo tal vez se encuentren las mayores certezas, aunque irregulares, en Iván Marcone, Alexis Mac Allister y Nicolás Capaldo. Salvio acusa lesión tras lesión, Villa no rubrica lo que genera y Bebelo Reynoso nunca alcanza el potencial que promete a cuentagotas.

La rotación en la posición de nueve es aún más limitada, sin Benedetto y con Wanchope en permanente fuera de estado, un nóvel Hurtado y un Soldano que aún no ha demostrado si existen las virtudes que lo llevaron a vestir la camiseta azul y oro. Zárate sigue sin transformarse en el ícono que Boca esperaba tras su contratación. Tevez, lejos de su prime, es la sombra del jugador que supo ser.

En definitiva, y aunque Boca siga siendo uno de los dos mejores planteles de la Argentina, no parece suficiente para cumplir su sueño copero. River demostró, con una identidad afianzada después de un lustro de trabajo, que también es más que Boca nombre por nombre.

Insana obsesión

La conferencia de prensa de Gustavo Alfaro, consumada la eliminación, tuvo aroma a despedida: “Quiero terminar con estos jugadores los partidos que nos faltan y después irme a mi casa y recuperar mi vida”.

El ciclo Bianchi acostumbro al hincha de Boca a ser protagonista a nivel internacional y transformó a la Copa Libertadores en una obsesión permanente. Ser campeón del fútbol local no alcanza: es un medio para su fin continental. Todo en el club se mueve en función del trofeo americano. Alfaro lo sabe: “En la finitud de los resultados dirán que esto es un fracaso. Entonces Boca viene fracasando desde el 2007 para acá porque no se ganó la Copa Libertadores. Pero hubo procesos muy buenos como el de Guillermo (Barros Schelotto) y el Vasco Arruabarrena”.

La comparación con el glorioso momento que atraviesa River aumenta la urgencia que se transforma en desesperación: ante cada eliminación, un volantazo. Después de la final perdida en Madrid, Boca decidió separarse de Barros Schelotto en una determinación que pareció acertada por el significado que tuvo aquella definición en el Santiago Bernabéu para el técnico y para varios jugadores que ya no están.

Alfaro puso de pie rápidamente al equipo: en los primeros seis meses, con un plantel heredado que no se adaptaba a su juego, clasificó a la Libertadores de 2020 en la Superliga, aseguró su boleto para los octavos de final de la presente edición y alcanzó la final de la Copa de la Superliga. Además de los objetivos cumplidos, recuperó a varios jugadores (Esteban Andrada y Carlos Izquierdoz, principalmente) y consolidó a un par de juveniles en el primer equipo (Nicolás Capaldo y Marcelo Weigandt).

En el segundo semestre pudo plasmar su idea y convirtió a Boca en protagonista: líder en el torneo local, superó con facilidad sus cruces de octavos y cuartos de final. El duelo frente a River terminó siendo más parejo de lo esperado después del 2-0 en el Monumental e incluso Boca podría haber forzado los penales. El resultado, sin dudas una decepción, podría desembocar en su salida en un año en el que también se juega el partido más importante que tiene Boca en el corto plazo: habrá elecciones a fin de año.

Boca se fue aplaudido de La Bombonera pese a la derrota. Alfaro también. El técnico tiene paño para seguir y tal vez sea hora de que en La Boca entierren su insana obsesión para algún día volver a ganar la Copa Libertadores.

El imperio avanza

Marcelo Gallardo consiguió que el mapa de poder del fútbol latinoamericano tenga una nueva capital: Núñez. En apenas un lustro, el Muñeco transformó la historia de uno de los gigantes de la Argentina. Con un semblante similar al Boca de Carlos Bianchi, este River es una garantía a nivel internacional: es candidato en cualquier cancha, ante cualquier rival y con cualquier resultado. Mística le dicen.

Tan afianzados están los pilares de la era Gallardo que ni siquiera necesitó grandes trucos para dejar otra vez a Boca en el camino. De las cinco series que River celebró frente a su eterno rival en los últimos cinco años, tal vez haya sido en la que menos influyó la mano del Muñeco porque esta versión del Millonario es la más pulida de todas. El exitoso entrenador, que tendrá la posibilidad de ganar su tercera Copa Libertadores, fue encontrando las piezas y forjando su infalible 4-1-3-2 durante el camino.

Aún así, su gestión del plantel es fundamental: mantener en el banco de suplentes a dos delanteros como Lucas Pratto e Ignacio Scocco para sostener a Rafael Santos Borré y a Matías Suárez como titulares es una decisión por la que cualquier entrenador sería cuestionado. Los pergaminos de Gallardo explican el silencio en torno a sus determinaciones: siempre tiene razón.

No fue la mejor actuación de River en La Bombonera, superado por un rival sediento y obligado al protagonismo. Pero en el aire siempre se respiró una misma sensación: que Gallardo y su nuevo imperio tenían todo bajo control.

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Fútbol

Lado Baldo S01E01: Los días de Román

Juan Román Riquelme hizo gozar durante tres años al Villarreal de España.

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Juan Román Riquelme es el mejor jugador de la historia del Villarreal. Mientras combate en otras trincheras, viajamos al pasado para recorrer aquellos años inolvidables. 

Invitados

Rodolfo Arruabarrena, referente histórico del Villarreal que compartió equipo con Riquelme. 

Javier Pérez (@javperez11), periodista de El País. 

Abrahán Guirao (@TurboLover1984), integrante del podcast Riquelmes y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Unai Macias (@UnaiMacias), periodista e integrante del podcast Riquelme y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Los momentos inolvidables de Román en Villarreal:

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Riquelme se escapa del Inter

El penal atajado por Jens Lehmann, el momento más triste de la carrera de Román

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Fútbol

El desembarco del súper-agente Bragarnik en el fútbol español

El representante argentino compró Elche, un club endeudado pero con un buen activo futbolístico

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Bragarnik

El escueto comunicado de prensa no dice mucho más que las formalidades del caso, pero resulta suficiente para darle el puntapié inicial a un nuevo proyecto en el fútbol español. “El Elche CF SAD comunica a todos los accionistas y a los aficionados en general que TENAMA INVERSIONES SL y SCORE CLUB 2019 SL, grupo inversor liderado por el empresario argentino Christian Bragarnik, han cerrado el acuerdo sobre la compraventa del paquete accionarial mayoritario del club. Con la mencionada operación, ambas partes esperan dotar al Elche CF SAD de los recursos necesarios para la estabilidad y crecimiento del Club”, cuentan. Así, se confirmó el desembarco: el súper-agente del fútbol argentino abrió sus oficinas en el sudeste ibérico.

El acuerdo se selló en las primeras horas de diciembre, pero la negociación se inició en el verano europeo y tuvo un punto llamativo en septiembre, en la previa de un partido de la selección argentina en Elche: Bragarnik apareció en un palco privado del estadio Martínez Valero junto a Daniel Angelici, presidente de Boca.

Por entonces, se sabía que el poderoso agente llevaba varias semanas en España negociando su entrada al club de Alicante. El hombre que llevó a Diego Maradona a Dorados de Sinaloa y que influyó en la posterior contratación por parte de Gimnasia y Esgrima se juntó con José Sepulcre, el máximo accionista del club ilicitano, y fue tejiendo una alianza hasta llegar al acuerdo definitivo. Eso sí, en el mercado de pases ya había dado un primer paso futbolístico: llevó al paraguayo Danilo Ortíz (exRacing, Godoy Cruz, Banfield y Dorados) con un acuerdo de “mínimo costo salarial” y “sin comisiones de por medio, y colaboró con dos millones de euros para poder inscribir el plantel en las oficinas de la Liga. Un claro mensaje de quién se hacía cargo de las contrataciones y el artilugio perfecto para saltar el control económico impuesto sobre el club de Segunda división.

Los principales reportes de la prensa española destacan una operación de 22 millones de euros por el 70% de las acciones de Sepulcre y el supuesto acuerdo ante dos causas que ponían en jaque la economía del club: la posible decisión de recuperación de dinero público de la Comisión Europea (4.1 millones de euros) y la causa judicial con la mercantil Eventos Petxina, que hasta noviembre tenía el derecho del 50% de los traspasos de Elche.

La gran incóngita es si Bragarnik llega solo junto al abogado Ricardo Pini (estuvo cerca de comprar Girona en 2015) o si también se suma Angelici como socio del grupo Score Club 2019. Este último termina su mandato como presidente de Boca este año y quedaría libre de poder sumarse al proyecto. Algo está claro: ya no causaría sorpresa.

Hoy con traje de “súper-agente” y ya con un pie en España, la carrera de Bragarnik tuvo su clic desde un videoclub, más allá de haber tenido un contacto efímero con el fútbol de ascenso, donde integró planteles e hizo inferiores como un volante de marca que sufría de las continuas lesiones. Trabajó en un supermercado chino, fue telefonista en una red de farmacias y después tuvo un videoclub, donde grababa partidos enteros y contaba con una envidiable videoteca. Un día armó un video de un jugador para un representante y después no paró más.

¿Qué objetivos tiene Bragarnik a corto plazo? El club necesita oxígeno en sus arcas y algo más de puntos en la tabla de Segunda. Al momento de la compra, Elche marcha séptimo, 27 puntos y a 12 del líder Cádiz. En la división de plata hay cierta paridad en el primer pelotón, con Almería, Huesca, Fuenlabrada y los siempre complicados Girona y Zaragoza dando pelea. Atrás de ese grupo está Elche, que tendría apuntar a tres o cuatro contrataciones clave durante el mercado invernal para apuntarle al ascenso o, al menos, a los playoffs (suben directo los dos primeros y del 3° al 6° buscan una tercera plaza).

Con el arribo de Bragarnik se produce la segunda inversión argentina en 2019 en el fútbol de España. El primero fue Antonio Caselli, quien tomó las riendas del Burgos CF, de Segunda B. Caselli desembarcó a mitad de 2019 y el consejo ya está presidido por Franco, su hijo. En la última asamblea no solo aprobaron el ejercicio anterior sino que también dieron luz verde al presupuesto más ambicioso de la historia reciente del club. Caselli invertirá 4.3 millones de euros y construirá una ciudad deportiva, con cinco canchas de fútbol, un gimnasio, un centro médico, un hotel y un restaurante. El Burgos, desde la tercera división, también quiere hacer ruido con una abultada billetera albiceleste.

Imperio Bragarnik: el informe especial de TyC Sports

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Fútbol

Flamengo campeón: el mundo en dos jugadas

El Mengao consiguió su segunda Copa Libertadores en una definición dramática.

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Si Flamengo iba a conquistar la segunda Copa Libertadores de su historia, exactamente 38 años después de ganar la primera, tenía que ser así. Si River, la dinastía sudamericana del último lustro, iba a perder una final tenía que ser así. El Millonario de Marcelo Gallardo maniató al indomable Mengao de Jorge Jesús, lo redujo a su mínima expresión, Rafael Santos Borré capitalizó un error defensivo y durante 89 minutos construyó méritos para quedarse con su quinto trofeo continental.

Pero Flamengo obró el milagro: su peor jugador de la tarde convirtió dos goles en tres minutos. Las dos dianas de Gabriel Barbosa, Gabigol para la ocasión, dinamitaron las ilusiones riverplatenses. El fútbol es así, lo sabe Filipe Luis y lo explicó a la perfección, sobre el campo de juego, ni bien consumada su consagración: “Jugamos muy mal, esa es la verdad. Si me preguntas si merecíamos la copa, tengo que ser honesto, diría que no. River hizo todo para ganarla, fue un gran equipo que nos cortaba todo, pero tal vez el destino tenía la gloria preparada para nosotros. Así es el fútbol”.

River borra a Flamengo

Marcelo Gallardo volvió a descifrar el antídoto para frustrar la ingeniería de un rival aplastante. La clásica presión alta de River interrumpió los circuitos de juego de un Flamengo que no tenía un plan alternativo. En cuatro meses, Jorge Jesús consiguió la utopía de afianzar una identidad que generalmente necesita más tiempo pero le faltaron semanas para diseñar un segundo sistema.

Las virtudes del Millonario desnudaron un sistema defensivo endeble que, sin la pelota ni la posibilidad de dominar a partir de la posesión, nunca resolvió la asfixiante presión alta riverplatense. Con las líneas adelantadas, River propuso duelos individuales en campo contrario para domar a los laterales e impedir su proyección. En una mitad de cancha atiborrada, Rafinha, Rodrigo Caio, Pablo Marí y Filipe Luis no encontraban desahogo. Los movimientos de salida habituales, con Willian Arāo metido entre los centrales abiertos para empezar a construir su avanzada, eran imposibles de ejecutar. El pelotazo en largo, fuera del libreto habitual, era la única solución.

Flamengo estaba incómodo pero no claudicaba: arriesgaba, sin éxito desde el fondo, jugada tras jugada. Sin embargo, le faltaba tensión, superado por el contexto, el escenario y principalmente por el rival. Todas las divididas eran de River. El carácter probado en múltiples finales, la mística construida durante el último lustro, marcaba la diferencia.

Mientras Rafinha duplicaba y triplicaba sus esfuerzos para superar líneas en conducción, la espalda de Filipe Luis era una invitación para un River que lastimaba por su flanco derecho. En el tercer ataque consecutivo por su sector llegó el gol en una jugada clásica del conjunto riverplatense: Enzo Pérez recuperó en tres cuartos, encaró y filtró un pase para Nacho Fernández que lanzó el centro atrás. Borré aprovechó la confusión de un área colmada de camisetas rubro-negras para recibir, girar y marcar el 1-0.

Con la ventaja en el marcador, River se adueñó definitivamente del trámite. Flamengo estaba desconcertado y no encontraba una solución. Jorge Jesús se enfurecía en el banco de suplentes porque Gabriel Barbosa no participaba pero era una víctima más de la superioridad Millonaria durante un primer tiempo en el que el Mengao no conseguía desplegar su arsenal ofensivo.

No fue un primer tiempo perfecto porque le faltó ser más incisivo. El despliegue descomunal de Exequiel Palacios, Nicolás De la Cruz y Borré condicionaba al Flamengo pero el equipo de Gallardo reprodujo las falencias ofensivas que evidenció durante todo el semestre: la ausencia de un creativo le impidió exprimir al máximo cada pérdida del elenco brasileño. Enzo Pérez, en una de las mejores producciones de su carrera, fue el metrónomo rojiblanco. Todo, como siempre durante el último año, pasaba por él.

River limitó y desdibujó a Flamengo pero le faltó pericia para liquidar a un rival al borde del nocaut. En un primer tiempo de guión similar a aquel clásico frente a Racing por la Superliga, al Millonario le faltó desplegar su versión más sanguinaria. Rodrigo Caio, Pablo Marí y Willian Arao sostuvieron una resistencia in extremis.

Diego como respuesta

El segundo tiempo ofreció un semblante similar aunque el desgaste de la incesante presión desplegada durante la primera etapa empezó a pasarle factura a un River que, aunque no producía en cantidad, tenía el partido bajo control. Parecía la tarde indicada para el gigante argentino cuando Franco Armani apareció en todo su esplendor para obrar su enésimo milagro ante Éverton Ribeiro en la primera jugada colectiva de Flamengo en todo el partido.

Para colmo, justo cuando Gerson empezaba a influir en el partido, el crack sufrió una lesión y tuvo que salir de la cancha. Era la peor noticia para Jorge Jesús: con su impresionante facilidad para proteger la pelota, había asumido el liderazgo de su equipo. Todas las señales eran negativas para Flamengo. Pero desde el banco emergió Diego, con sus 34 años a cuestas, y reescribió la historia.

El ex Juventus y Atlético Madrid hizo gala de su experiencia y jerarquía para asumir la conducción en el momento más caliente del partido, justo cuando la hinchada más numerosa del mundo empezaba a dudar. Bajo su dirección, apuntalado por Willian Arao, creció su equipo. Por primera vez, después de setenta minutos, Flamengo se instaló con consistencia en el campo contrario: Bruno Henrique recibía con ventaja de frente al arco y Éverton Ribeiro había encontrado a un socio que lo auxiliara en la gestación.

Mientras tanto, River empezaba a fundirse. Los últimos quince minutos, aunque con dificultades en el último tramo, el Mengao sometió a la formación de un Gallardo que no encontró respuestas en los cambios. Primero sacó a Nacho Fernández por Julián Álvarez, después confió en Lucas Pratto para ocupar el lugar de Borré y finalmente se vio forzado a reemplazar a Milton Casco con Paulo Díaz. Tal vez por primera vez en su ciclo, su mano fue contraproducente para un equipo que perdía cada vez más terreno.

“Nos faltó defendernos con la pelota de mejor manera y nada más. Estas son las derrotas que duelen, porque estuviste a nada de quedarte con el trofeo, y se te escapa. Y eso genera angustia. Nos ha tocado ganar muchas veces, y cuando te toca perder hay que saber hacerlo”, reflexionó después del partido.

Diego marcaba el pulso. Un pase en profundidad suyo y una arremetida de Bruno Henrique condicionaron a Enzo Pérez, amonestado a los 70′ después de otra infracción, un recurso sistemático para interrumpir la avanzada rival. Cinco minutos más tarde, Diego robó en campo propio y escaló hasta el área en una jugada que terminó con una chilena de Giorgian de Arrascaeta. Inmediatamente, siempre Diego, filtró un pase por la izquierda para encontrar a Gabriel Barbosa en soledad. Sin convicción, en una tarde para el olvido, lanzó un centro débil que terminó en frustración.

Gabriel Barbosa había sido el peor de los 87 minutos iniciales. Desconectado, fuera de tiempo, encarcelado por Javier Pinola y Lucas Martínez Quarta, casi no participó. Cada una de sus intervenciones terminaba en decepción. Su producción en la final parecía una frustración más en su carrera. Pero cuando ya nadie creía, Gabigol mantuvo intacta su fe, apareció por el segundo palo para empatar y aprovechó el primer error de la dupla central para el segundo.

Giorgian de Arrascaeta construyó el primer gol: le robó la pelota a Lucas Pratto en su propio campo y le sirvió el 1-1 a Gabigol después de una fantástica arremetida de Bruno Henrique. El delantero brasileño, reconvertido después de vivir toda una vida en el extremo izquierdo, fue merecidamente premiado como el mejor jugador de la Copa Libertadores.

El empate agónico hundió a un River sin reacción. Pinola falló en el cálculo ante un pelotazo de Diego y Gabigol, optimista como pocos, impuso su fortaleza física y castigó con un poderoso zurdazo que reescribió su historia, la historia de su club, en tres minutos. En su zurda vivía el milagro del Flamengo campeón.

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