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Fútbol

En primera persona: la odisea de Colón

Francisco vivió un sueño que, aunque no terminó en final feliz, será eterno.

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Podría pasar un largo rato contándoles cómo un 19 de septiembre, después de sumar la lápida de Atlético Mineiro a la colección del Cementerio de los Elefantes, reservé un departamento en Asunción haciendo caso omiso a todos los manuales del hincha: recién era el partido de ida.

También podría ahondar en los detalles de la reacción de mis amigos cuando les conté que ya había reservado el alojamiento para la gran final, mientras nos abrazábamos al grito de “¡nos vamos a Paraguay!”. Fueron apenas unos segundos después de que Leo Burián atajara el penal que nos dio un triunfo épico en Brasil y esperara con una sonrisa socarrona a sus compañeros, para fundirse en un abrazo similar al que nos estábamos dando nosotros en Santa Fe. Ese abrazo no era nuestro, ni de los jugadores: era el abrazo de todo el pueblo sabalero.

Me detendré en la que me animo a arriesgar que fue la mayor movilización de hinchas a otro país en el mundo. El gobierno de Paraguay publicó la cifra oficial de 40.000 hinchas dentro de La Nueva Olla, pero en Asunción éramos más, muchos más. No todos tenían su ticket, pero todos querían ser parte de este momento. El éxodo sabalero sorprendió a propios y extraños: ni siquiera nosotros, sabiendo de la capacidad de nuestra hinchada para movilizarse popularmente, éramos capaces de creer lo que veían nuestros ojos. No había lugar de la ruta que no tuviera una bandera o una camiseta. No había rincón de Asunción en el que no hubiera un sabalero con su ilusión a cuestas, con ansias por conseguir la preciada estrella, la que se nos negó por 114 años y todavía se nos sigue negando.  

La Olla repleta de hinchas de Colón.

Llegamos el viernes temprano, luego de pasar la noche en Formosa y tras evitar los más de 20 kilómetros de cola que se llegaron a formar en el paso fronterizo de San Ignacio de Loyola que llevó a esperas de más de ocho horas. La gente empujaba su auto para avanzar, porque no valía la pena encenderlo por unos metros. Eso es Colón. Colón es su gente. Colón es el pueblo. Colón es soportar estoicamente filas de 13 horas para retirar un ticket ya pagado vía web y luego pasar ocho horas de aduana. Es copar cada rincón de una ciudad que, por momentos, parecía ser Santa Fe. Pero no era Santa Fe, era Asunción, era otro país, era la sede del éxodo de hinchas mas grande jamás visto.  

La aventura del sábado es difícil de poner en palabras. Desde la peregrinación al estadio a lo acontecido en la Olla. Nunca vi ni viví algo igual porque más de una vez el marco quebraba la propia razón y los sentimientos, provocando lágrimas en nuestros ojos. Lágrimas que contenían incredulidad, alegría pero sobre todo, ilusión. Es hoy. Es ahora. Mira lo que es esto, no se nos puede escapar. Eramos locales en otro país.

Cuarenta mil almas poniéndole color a una fiesta que todos esperábamos que sea nuestra. Familias, adultos mayores, niños, todos abrazados y hermanados bajo la misma ilusión. Detrás nuestro se ubicaba el pequeño grupo de 500 hinchas ecuatorianos que, ante la inmensidad de su hinchada rival, sólo atinaban a cantar el clásico “¡si se puede! ¡si se puede!”. Y pudieron, vaya que pudieron. Nos dejaron con las manos, la ilusión y el alma vacíos porque de este lado “no se pudo”. No se pudo pese a la “localía” de 40.000 personas y su aliento ensordecedor.  

Dije que no iba a hablar de lo deportivo pero sólo diré que Independiente del Valle fue un justo ganador, que supo sobreponerse a la adversidad de tener todo un estadio en contra para jugar un gran partido. Dicho eso, vuelvo a la gente. A la que siempre da todo sin esperar nada, como dice nuestra canción, porque eso nos describe a la perfección.

Alguna vez les dije a unos amigos hinchas de Boca y River: “no saben lo que es ser de Colón. Es saber que te vas a morir sin festejar un título”. Por algún momento lo pensé distinto. Me ilusioné como todos los que estuvimos ahí y todos los que no pudieron, que se juntaron hermanados en Santa Fe, de que ahora era posible tener la tan ansiada estrella en el pecho. Pero no pudo ser. Será la próxima, si es que la hay. Hasta entonces, Colón, “te pido que pongas huevos y vayas al frente, que desde la tribuna (siempre) va a estar tu gente”.  

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Fútbol

El desembarco del súper-agente Bragarnik en el fútbol español

El representante argentino compró Elche, un club endeudado pero con un buen activo futbolístico

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Bragarnik

El escueto comunicado de prensa no dice mucho más que las formalidades del caso, pero resulta suficiente para darle el puntapié inicial a un nuevo proyecto en el fútbol español. “El Elche CF SAD comunica a todos los accionistas y a los aficionados en general que TENAMA INVERSIONES SL y SCORE CLUB 2019 SL, grupo inversor liderado por el empresario argentino Christian Bragarnik, han cerrado el acuerdo sobre la compraventa del paquete accionarial mayoritario del club. Con la mencionada operación, ambas partes esperan dotar al Elche CF SAD de los recursos necesarios para la estabilidad y crecimiento del Club”, cuentan. Así, se confirmó el desembarco: el súper-agente del fútbol argentino abrió sus oficinas en el sudeste ibérico.

El acuerdo se selló en las primeras horas de diciembre, pero la negociación se inició en el verano europeo y tuvo un punto llamativo en septiembre, en la previa de un partido de la selección argentina en Elche: Bragarnik apareció en un palco privado del estadio Martínez Valero junto a Daniel Angelici, presidente de Boca.

Por entonces, se sabía que el poderoso agente llevaba varias semanas en España negociando su entrada al club de Alicante. El hombre que llevó a Diego Maradona a Dorados de Sinaloa y que influyó en la posterior contratación por parte de Gimnasia y Esgrima se juntó con José Sepulcre, el máximo accionista del club ilicitano, y fue tejiendo una alianza hasta llegar al acuerdo definitivo. Eso sí, en el mercado de pases ya había dado un primer paso futbolístico: llevó al paraguayo Danilo Ortíz (exRacing, Godoy Cruz, Banfield y Dorados) con un acuerdo de “mínimo costo salarial” y “sin comisiones de por medio, y colaboró con dos millones de euros para poder inscribir el plantel en las oficinas de la Liga. Un claro mensaje de quién se hacía cargo de las contrataciones y el artilugio perfecto para saltar el control económico impuesto sobre el club de Segunda división.

Los principales reportes de la prensa española destacan una operación de 22 millones de euros por el 70% de las acciones de Sepulcre y el supuesto acuerdo ante dos causas que ponían en jaque la economía del club: la posible decisión de recuperación de dinero público de la Comisión Europea (4.1 millones de euros) y la causa judicial con la mercantil Eventos Petxina, que hasta noviembre tenía el derecho del 50% de los traspasos de Elche.

La gran incóngita es si Bragarnik llega solo junto al abogado Ricardo Pini (estuvo cerca de comprar Girona en 2015) o si también se suma Angelici como socio del grupo Score Club 2019. Este último termina su mandato como presidente de Boca este año y quedaría libre de poder sumarse al proyecto. Algo está claro: ya no causaría sorpresa.

Hoy con traje de “súper-agente” y ya con un pie en España, la carrera de Bragarnik tuvo su clic desde un videoclub, más allá de haber tenido un contacto efímero con el fútbol de ascenso, donde integró planteles e hizo inferiores como un volante de marca que sufría de las continuas lesiones. Trabajó en un supermercado chino, fue telefonista en una red de farmacias y después tuvo un videoclub, donde grababa partidos enteros y contaba con una envidiable videoteca. Un día armó un video de un jugador para un representante y después no paró más.

¿Qué objetivos tiene Bragarnik a corto plazo? El club necesita oxígeno en sus arcas y algo más de puntos en la tabla de Segunda. Al momento de la compra, Elche marcha séptimo, 27 puntos y a 12 del líder Cádiz. En la división de plata hay cierta paridad en el primer pelotón, con Almería, Huesca, Fuenlabrada y los siempre complicados Girona y Zaragoza dando pelea. Atrás de ese grupo está Elche, que tendría apuntar a tres o cuatro contrataciones clave durante el mercado invernal para apuntarle al ascenso o, al menos, a los playoffs (suben directo los dos primeros y del 3° al 6° buscan una tercera plaza).

Con el arribo de Bragarnik se produce la segunda inversión argentina en 2019 en el fútbol de España. El primero fue Antonio Caselli, quien tomó las riendas del Burgos CF, de Segunda B. Caselli desembarcó a mitad de 2019 y el consejo ya está presidido por Franco, su hijo. En la última asamblea no solo aprobaron el ejercicio anterior sino que también dieron luz verde al presupuesto más ambicioso de la historia reciente del club. Caselli invertirá 4.3 millones de euros y construirá una ciudad deportiva, con cinco canchas de fútbol, un gimnasio, un centro médico, un hotel y un restaurante. El Burgos, desde la tercera división, también quiere hacer ruido con una abultada billetera albiceleste.

Imperio Bragarnik: el informe especial de TyC Sports

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Fútbol

Flamengo campeón: el mundo en dos jugadas

El Mengao consiguió su segunda Copa Libertadores en una definición dramática.

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Si Flamengo iba a conquistar la segunda Copa Libertadores de su historia, exactamente 38 años después de ganar la primera, tenía que ser así. Si River, la dinastía sudamericana del último lustro, iba a perder una final tenía que ser así. El Millonario de Marcelo Gallardo maniató al indomable Mengao de Jorge Jesús, lo redujo a su mínima expresión, Rafael Santos Borré capitalizó un error defensivo y durante 89 minutos construyó méritos para quedarse con su quinto trofeo continental.

Pero Flamengo obró el milagro: su peor jugador de la tarde convirtió dos goles en tres minutos. Las dos dianas de Gabriel Barbosa, Gabigol para la ocasión, dinamitaron las ilusiones riverplatenses. El fútbol es así, lo sabe Filipe Luis y lo explicó a la perfección, sobre el campo de juego, ni bien consumada su consagración: “Jugamos muy mal, esa es la verdad. Si me preguntas si merecíamos la copa, tengo que ser honesto, diría que no. River hizo todo para ganarla, fue un gran equipo que nos cortaba todo, pero tal vez el destino tenía la gloria preparada para nosotros. Así es el fútbol”.

River borra a Flamengo

Marcelo Gallardo volvió a descifrar el antídoto para frustrar la ingeniería de un rival aplastante. La clásica presión alta de River interrumpió los circuitos de juego de un Flamengo que no tenía un plan alternativo. En cuatro meses, Jorge Jesús consiguió la utopía de afianzar una identidad que generalmente necesita más tiempo pero le faltaron semanas para diseñar un segundo sistema.

Las virtudes del Millonario desnudaron un sistema defensivo endeble que, sin la pelota ni la posibilidad de dominar a partir de la posesión, nunca resolvió la asfixiante presión alta riverplatense. Con las líneas adelantadas, River propuso duelos individuales en campo contrario para domar a los laterales e impedir su proyección. En una mitad de cancha atiborrada, Rafinha, Rodrigo Caio, Pablo Marí y Filipe Luis no encontraban desahogo. Los movimientos de salida habituales, con Willian Arāo metido entre los centrales abiertos para empezar a construir su avanzada, eran imposibles de ejecutar. El pelotazo en largo, fuera del libreto habitual, era la única solución.

Flamengo estaba incómodo pero no claudicaba: arriesgaba, sin éxito desde el fondo, jugada tras jugada. Sin embargo, le faltaba tensión, superado por el contexto, el escenario y principalmente por el rival. Todas las divididas eran de River. El carácter probado en múltiples finales, la mística construida durante el último lustro, marcaba la diferencia.

Mientras Rafinha duplicaba y triplicaba sus esfuerzos para superar líneas en conducción, la espalda de Filipe Luis era una invitación para un River que lastimaba por su flanco derecho. En el tercer ataque consecutivo por su sector llegó el gol en una jugada clásica del conjunto riverplatense: Enzo Pérez recuperó en tres cuartos, encaró y filtró un pase para Nacho Fernández que lanzó el centro atrás. Borré aprovechó la confusión de un área colmada de camisetas rubro-negras para recibir, girar y marcar el 1-0.

Con la ventaja en el marcador, River se adueñó definitivamente del trámite. Flamengo estaba desconcertado y no encontraba una solución. Jorge Jesús se enfurecía en el banco de suplentes porque Gabriel Barbosa no participaba pero era una víctima más de la superioridad Millonaria durante un primer tiempo en el que el Mengao no conseguía desplegar su arsenal ofensivo.

No fue un primer tiempo perfecto porque le faltó ser más incisivo. El despliegue descomunal de Exequiel Palacios, Nicolás De la Cruz y Borré condicionaba al Flamengo pero el equipo de Gallardo reprodujo las falencias ofensivas que evidenció durante todo el semestre: la ausencia de un creativo le impidió exprimir al máximo cada pérdida del elenco brasileño. Enzo Pérez, en una de las mejores producciones de su carrera, fue el metrónomo rojiblanco. Todo, como siempre durante el último año, pasaba por él.

River limitó y desdibujó a Flamengo pero le faltó pericia para liquidar a un rival al borde del nocaut. En un primer tiempo de guión similar a aquel clásico frente a Racing por la Superliga, al Millonario le faltó desplegar su versión más sanguinaria. Rodrigo Caio, Pablo Marí y Willian Arao sostuvieron una resistencia in extremis.

Diego como respuesta

El segundo tiempo ofreció un semblante similar aunque el desgaste de la incesante presión desplegada durante la primera etapa empezó a pasarle factura a un River que, aunque no producía en cantidad, tenía el partido bajo control. Parecía la tarde indicada para el gigante argentino cuando Franco Armani apareció en todo su esplendor para obrar su enésimo milagro ante Éverton Ribeiro en la primera jugada colectiva de Flamengo en todo el partido.

Para colmo, justo cuando Gerson empezaba a influir en el partido, el crack sufrió una lesión y tuvo que salir de la cancha. Era la peor noticia para Jorge Jesús: con su impresionante facilidad para proteger la pelota, había asumido el liderazgo de su equipo. Todas las señales eran negativas para Flamengo. Pero desde el banco emergió Diego, con sus 34 años a cuestas, y reescribió la historia.

El ex Juventus y Atlético Madrid hizo gala de su experiencia y jerarquía para asumir la conducción en el momento más caliente del partido, justo cuando la hinchada más numerosa del mundo empezaba a dudar. Bajo su dirección, apuntalado por Willian Arao, creció su equipo. Por primera vez, después de setenta minutos, Flamengo se instaló con consistencia en el campo contrario: Bruno Henrique recibía con ventaja de frente al arco y Éverton Ribeiro había encontrado a un socio que lo auxiliara en la gestación.

Mientras tanto, River empezaba a fundirse. Los últimos quince minutos, aunque con dificultades en el último tramo, el Mengao sometió a la formación de un Gallardo que no encontró respuestas en los cambios. Primero sacó a Nacho Fernández por Julián Álvarez, después confió en Lucas Pratto para ocupar el lugar de Borré y finalmente se vio forzado a reemplazar a Milton Casco con Paulo Díaz. Tal vez por primera vez en su ciclo, su mano fue contraproducente para un equipo que perdía cada vez más terreno.

“Nos faltó defendernos con la pelota de mejor manera y nada más. Estas son las derrotas que duelen, porque estuviste a nada de quedarte con el trofeo, y se te escapa. Y eso genera angustia. Nos ha tocado ganar muchas veces, y cuando te toca perder hay que saber hacerlo”, reflexionó después del partido.

Diego marcaba el pulso. Un pase en profundidad suyo y una arremetida de Bruno Henrique condicionaron a Enzo Pérez, amonestado a los 70′ después de otra infracción, un recurso sistemático para interrumpir la avanzada rival. Cinco minutos más tarde, Diego robó en campo propio y escaló hasta el área en una jugada que terminó con una chilena de Giorgian de Arrascaeta. Inmediatamente, siempre Diego, filtró un pase por la izquierda para encontrar a Gabriel Barbosa en soledad. Sin convicción, en una tarde para el olvido, lanzó un centro débil que terminó en frustración.

Gabriel Barbosa había sido el peor de los 87 minutos iniciales. Desconectado, fuera de tiempo, encarcelado por Javier Pinola y Lucas Martínez Quarta, casi no participó. Cada una de sus intervenciones terminaba en decepción. Su producción en la final parecía una frustración más en su carrera. Pero cuando ya nadie creía, Gabigol mantuvo intacta su fe, apareció por el segundo palo para empatar y aprovechó el primer error de la dupla central para el segundo.

Giorgian de Arrascaeta construyó el primer gol: le robó la pelota a Lucas Pratto en su propio campo y le sirvió el 1-1 a Gabigol después de una fantástica arremetida de Bruno Henrique. El delantero brasileño, reconvertido después de vivir toda una vida en el extremo izquierdo, fue merecidamente premiado como el mejor jugador de la Copa Libertadores.

El empate agónico hundió a un River sin reacción. Pinola falló en el cálculo ante un pelotazo de Diego y Gabigol, optimista como pocos, impuso su fortaleza física y castigó con un poderoso zurdazo que reescribió su historia, la historia de su club, en tres minutos. En su zurda vivía el milagro del Flamengo campeón.

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Fútbol

Flamengo-River: Jorge Jesús atiza el sueño del Mengao

El conjunto brasileño intentará ganar la segunda Copa Libertadores de su historia.

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Flamengo es una excepción: los proyectos faraónicos del fútbol brasileño han fracasado sistemáticamente durante el último lustro. Los millones de dólares invertidos por la economía más poderosa del continente sudamericano no eran suficientes para equipos como Palmeiras y el propio Flamengo que acumulaban nombres propios sin identidad ni sentido colectivo. Únicamente Gremio, antítesis del modelo multimillonario, levantó la Copa Libertadores y se mantuvo como protagonista durante las últimas cinco ediciones en las que cinco de los diez finalistas fueron argentinos.

La torcida más popular del mundo celebró el retorno del Mengao a una final de Copa Libertadores después de 38 años. La interminable vigilia llegará a su fin este sábado para un gigante que intentará conquistar su segundo trofeo continental frente a otro grande que tiranizó América desde 2015.

Será una de las definiciones futbolísticamente más apasionantes entre dos de las mayores fuerzas dominantes Sudamérica: River trazó una hegemonía en la Libertadores sacándose el estigma que representaba su clásico rival y Flamengo es el equipo más en forma del segundo semestre, con un invicto de 25 partidos y a las puertas de celebrar su consagración en el Brasileirao.

Para el River de Gallardo será su tercera final en los últimos cinco años: el Rubro-Negro será su mayor desafío futbolístico desde el Barcelona de Luis Enrique en Yokohama. Jorge Jesús convirtió a un grupo plagado de individualidades en un equipo formidable que encontró su mejor versión después de sobrevivir a la amenaza que representó Emelec en octavos de final.

O Mais Querido do Brasil recuperó un estilo similar a la identidad histórica del fútbol brasileño combinando a un técnico experimentado y ganador, jugadores con pasado en Europa y una de las canteras más prolíficas de Brasil: después de vender a Vinicius Junior (Real Madrid), Lucas Paquetá (Milan), Léo Duarte (Milan) y Felipe Vizeu (Udinese, hoy en Gremio) por cifras cercanas a los 100 millones de euros, Lincoln y Reinier aparecen como las nuevas estrellas surgidas desde sus entrañas.

Flamengo afrontará una oportunidad histórica ante un rival que lo supera en experiencia en situaciones decisivas, prácticamente imbatible en el mata-mata y con un carácter único en escenarios de altísima presión.

El sello de Jorge Jesús

Después de convertirse en el entrenador más ganador del fútbol portugués y tras una breve experiencia en el Al-Hilal de Arabia Saudita, en junio tomó una decisión audaz y se mudó a Río de Janeiro con un único objetivo: convertirse en el segundo entrenador no americano en ganar la Copa Libertadores. El croata Mirko Jozic, campeón con Colo Colo en 1991, es el único hasta la fecha. Jesús tendrá su oportunidad, como Bela Guttman, Renato Cesarini y el propio Jozic, este sábado frente a River.

El portugués causó una revolución en Flamengo. Sustituyó a Abel Braga y rápidamente dotó al equipo de una identidad afianzada que ejecuta con perfecta consistencia. Jesús superó la dramática serie de octavos de final contra Emelec y, con la tranquilidad de la clasificación, diseñó su genética mientras acumulaba victorias a diestra y siniestra.

Es un genio táctico: no por nada lo apodan Mestre da Táctica. Obsesivo, respira fútbol las 24 horas del día: no deja ningún detalle librado al azar. Su sello, de innegociable corte ofensivo, no es novedad: fue una característica común en todos los equipos de su carrera.

“Yo llevaba nueve años con la idea de ir hacia atrás, no hacia delante. Cerrar espacios y esperar tu momento. Descubrir a mi edad otro fútbol me viene fenomenal para apuntar en mi libreta: aprendí del Cholo, de Mourinho, ahora de Jorge Jesus… Los mejores maestros para ser un entrenador más completo”, lo elogió Filipe Luis en una jugosa entrevista con El Mundo.

Además de entrenador, es formador: deja una marca indeleble en cada uno de sus dirigidos. Pablo Aimar, su niño mimado, lo elogia permanentemente: “Para mí los grandes entrenadores son los que enseñan. Los jugadores que pasan por entrenadores así, y a mi me tocaron José (Pekerman), Bielsa y Jorge Jesús, después de un tiempo son mejores jugadores. Cada uno que pasó por sus manos se fue siendo mejor”.

Bruno Henrique, quien desde el aterrizaje de Jesús en Río de Janeiro encontró su mejor versión como segundo delantero, coincidió: “Si yo hubiera tenido un entrenador así antes de ir a Europa, todo habría sido diferente”.

Bien lo sabe Enzo Pérez, el hombre clave en la estructura de Marcelo Gallardo que se transformó en el corazón de River como único cinco. Fue justamente el portugués quien lo ubicó en esa posición durante su etapa en el Benfica: “En el Benfica comencé jugando de volante por la derecha y me propuso jugar como doble cinco. Yo no quería saber nada, prefería no cambiar de posición. No me veía ahí, pero él me dijo que me quedara tranquilo, que íbamos a ensayar mucho y que me iba a mostrar videos. También nos quedamos trabajando mucho después de hora. Jorge Jesús tenía razón: terminé siendo elegido el mejor futbolista del año. Es un monstruo tácticamente”, confesó Pérez en una entrevista con TNT Sports.

“El arribo de Jorge Jesús transformó la forma en la que Flamengo juega y, en cierto sentido, como se presenta el fútbol brasileño. Mucho tiene que ver con la personalidad de Jesús. Como muy pocos otros entrenadores, no solo sabe cómo preparar a su equipo, también sabe cómo leer a sus oponentes. Cuando salimos a la cancha, sabemos qué tenemos que hacer. Jorge quiere que Flamengo se convierta en una marca, en un modelo de cómo jugar al fútbol. Y su modelo tiene un estilo: apretar al oponente. Nos dice: ‘Hoy vamos a jugar como el Flamengo'”, escribió Diego Alves en The Players Tribune.

Jorge Jesús potenció a los jugadores que integraban el plantel, involucró a los nuevos y amalgamó a un equipo que irá en busca de la segunda Libertadores de su historia en Lima.

En ataque

Antes de Pep Guardiola, antes de Johan Cruyff y de Rinus Michels, Jimmy Hogan fue el primer gran revolucionario del fútbol mundial. Hogan sentó las bases en la década de 1920 de un sistema moderno e inédito, los cimientos del fútbol total. Sobre sus mandamientos se construyó el Wunderteam de Hugo Meisl, aquella Austria que en la década del 30 alcanzó las semifinales del Mundial de 1934 y dos años más tarde conquistó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Berlín.

Hungría recogió el testimonio con sus Magiares Mágicos. Con Puskas, Bozsik y Kocsis como emblemas consiguieron el oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, vapulearon a Inglaterra en Wembley, se mantuvieron invictos durante cuatro años y alcanzaron el subcampeonato en el Mundial de Suiza 1954. “Hogan nos enseñó todo lo que sabemos sobre el fútbol”, confesó Sándor Barcs, presidente de la Federación húngara, después de su inolvidable triunfo frente a los ingleses.

La misma frase podría repetir Jorge Jesús. Casi un siglo más tarde, los conceptos de Hogan sobresalen en un Flamengo que recuperó síntomas de la raigambre del fútbol brasileño: menos riguroso, menos disciplinado, más alegre.

El ecosistema Mengao gira en torno a la pelota. Su máxima es el ataque funcional. En contraposición con el ataque posicional en donde cada jugador ocupa un lugar definido en la cancha, en el ataque funcional es la pelota la que define el posicionamiento de las piezas rubro-negras en ataque.

Posible desenlace del ataque funcional: flamengo acumula jugadores y resuelve por el lado débil

Es un sistema idéntico al del Ajax que sorprendió a Europa en la última Champions League, aunque Jesús tiene una virtud aún mayor: mientras el combinado holandés pertenece a una escuela histórica con lineamientos similares, el portugués instauró sus ideas en menos de seis meses.

Todos sus integrantes se agrupan en espacios reducidos y se acercan permanentemente a jugar, pasando y desmarcándose, asociándose para avanzar en campo contrario. Flamengo es una máquina de jugar al fútbol: es el equipo con más pases de la Libertadores con 4.756 pases y promedia un 60% de posesión en los seis partidos de la fase final.

La misión permanente es generar superioridad en todos los sectores de la cancha, siempre en base a triangulaciones y sociedades que se generan desde su propia defensa con el zurdo Pablo Marí y Rodrigo Caio en la conducción para saltear las líneas de presión rival. En la salida, Willian Arao se mete entre los centrales y los laterales empiezan a emprender su avanzada.

Rafina y Filipe Luis cumplen una función asimétrica: si uno se abre y se proyecta, el otro se cierra e integra una línea de tres con los dos centrales siempre atento a involucrarse también en ataque si la jugada cambia repentinamente de banda. En ataque se integran, alternadamente, al mediocampo, ofrecen amplitud y ocupan pasillos interiores. Los cuatro defensores del Flamengo pueden conducir y quebrar la presión alta que ejercerá River.

El 4-4-2 que instaló Jesús se transforma cuando Flamengo ataca. Arao se mantiene como único equilibrista y permite que Gerson se sume a la sinfonía colectiva que desata el caos en el campo rival. Es un ataque sin posiciones, con los laterales, Gerson, De Arrascaeta, Ribeiro y los dos puntas moviéndose de acuerdo a la gravedad que genera la pelota. Con los automatismos afianzados en apenas semanas, cada jugador interpreta que rol ocupar en cada escenario.

Gerson, apuntalado por Arao, aporta verticalidad con su cambio de ritmo y su buen manejo de la pelota. De Arrascaeta y Ribeiro cumplen papeles disímiles: el uruguayo suele ser más agresivo mientras que el brasileño se involucra con mayor asiduidad en la gestación.

Bruno Henrique y Gabriel Barbosa se complementan a la perfección, una sociedad letal que participó en 17 de los 22 goles de su equipo en el torneo. En el juego funcional, uno de los dos se involucra en el circuito y el otro fija sistemáticamente a los centrales a la espera del pase a la espalda de los centrales. Si Flamengo recupera en campo contrario, la fulgurante rapidez de Henrique y Gabigol destrozan la resistencia oponente: ejecutan con precisión y a la velocidad de la luz. Sin egos, el entendimiento entre ambos es ideal.

Inter buscaba el empate pero Henrique y Gabigol enterraron sus sueños en una contra letal

En defensa

La respuesta natural tras pérdida en el ataque funcional es la presión asfixiante para recuperar en segundos en campo contrario. Con muchos jugadores cerca de la pelota, atacan inmediatamente con Bruno Henrique y Gabigol como primeros defensores.

Si la presión inicial falla, con tantos jugadores involucrados en la fase ofensiva, aumentan los problemas en el retroceso. Willian Arao es un pilar fundamental, líder en recuperaciones y equilibrista de un equipo eminentemente ofensivo que marcó más de 100 goles en 2019. Si Flamengo logra desbaratar la transición inicial, se acomoda en un bloque defensivo en la zona media que adquiere mayor fortaleza gracias a la seguridad de sus centrales.

Flamengo tiene problemas en transiciones rápidas

Marcelo Gallardo sonríe al ver las debilidades de Flamengo, ideales para aprovechar las principales fortalezas de un River que se alimenta de sus recuperaciones en campo contrario y de su eximio juego directo en transiciones rápidas de defensa-ataque. Diego Alves, Rodrigo Caio y Pablo Marí no podrán desconcentrarse ante un equipo que recuperará y pondrá a correr a la dupla Suárez-Borre. Si el Millonario ha mostrado su versión más frustrada ante rivales que se abroquelan en defensa, el estilo ofensivo de Jorge Jesús es ideal para el vigente campeón de América.

el gol de romario caicedo en la ida de los octavos de final desnudó las falencias de flamengo

El uno por uno

Diego Alves (34 años / 11 partidos y 9 goles en contra)

Después de tres años en Atlético Mineiro, se marchó a Europa para defender el arco del Almería primero y del Valencia después. Durante su etapa en España mostró una impresionante efectividad bajo los tres palos en los penales y se convirtió en la bestia negra de Cristiano Ronaldo: según Opta, atajó 32 de los 77 remates desde los doce pasos (42%). Dueño del récord de penales atajados en la historia de La Liga (22 de 49) y de penales atajados en una misma temporada con 6 en 2016-17, en la definición frente a Emelec atajó un remate.

Es un arquero ideal para la propuesta de Jesús, gracias a su capacidad de anticipar jugadas, sus rápidas salidas y su concentración. Además tiene un buen manejo de la pelota, fundamental para la gestación. Con grandes reflejos, tal vez su punto más débil radique en el juego aéreo.

Rafinha (34 años / 6 partidos – 1 asistencia)

Después de ocho años consecutivos en el Bayer Munich, el lateral derecho regresó a un país que había abandonado en 2005 después de dos temporadas en el Coritiba. Llegó en junio y jerarquizó rápidamente al lateral derecho, donde se volvió un indiscutido. Rafinha es fuerte en el uno contra uno, garantiza profundidad en ataque y calidad para asociarse cuando se cierra para generar superioridad.

Rodrigo Caio (26 años / 11 partidos – 1 gol)

Tras siete años en San Pablo y un pase frustrado al Valencia en 2015 por no haber superado superado los exámenes médicos tras romperse la rótula de la rodilla derecha a los 15 años y el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda a los 21, Caio pasó a Flamengo y se asentó en la dupla central al lado de Pablo Marí. Inexpugnable en el juego aéreo, hábil con la pelota, domina con maestría la temporización defensiva.

Pablo Marí (26 años / 5 partidos – 1 gol)

En 2016 aterrizó en Manchester para sumarse a las filas del City de Pep Guardiola pero Marí automáticamente se fue cedido al Girona, propiedad del grupo empresarial dueño de los Ciudadanos. Sin oportunidades reales, fue una inversión que había llegado desde el Gimnastic y más tarde siguió su travesía en el NAC de Holanda y Deportivo La Coruña. En julio de 2019 firmó un contrato hasta 2022 con el Mengao y se convirtió en el segundo eslabón de la columna vertebral de Jesús. Hábil en el mano a mano, según Opta ningún rival pudo eludirlo. Su zurda es el primer engranaje del fútbol rubro-negro.

Filipe Luis (34 años / 4 partidos)

Durante años fue el dueño del lateral izquierdo del Atlético Madrid del Cholo Simeone. En Flamengo demostró su adaptación automática a un sistema intrínsecamente opuesto al del combinado Colchonero. Al igual que Rafinha, ofrece una salida clara y constante por el carril izquierdo, amplitud en ataque, un elemento ofensivo más en pasillos interiores y calidad para involucrarse en la elaboración.

Everton Ribeiro (30 años / 11 partidos – 3 goles – 3 asistencias)

De larga recorrida en el fútbol brasileño y con apenas experiencia fuera del país en el Al-Ahli de Emiratos Árabes, llegó a Flamengo en 2017. Constante durante los últimos tres años, suele arrancar desde la derecha a pierna cambiada para ampliar sus opciones: puede hacer gala de su creatividad e ingenio como usina futbolística o definir con su talentosa zurda. Es el capitán del equipo.

Willian Arao (26 años / 11 partidos – 2 asistencias)

El jugador más posicional de un equipo sin posiciones definidas. Surgido del Corinthians y tras cuatro cesiones en el fútbol de su país, se sumó en 2016 a Flamengo. En julio de 2018 estuvo a punto de cruzar al Viejo Continente para vestir la camiseta del Olympiacos pero no arregló su sueldo y finalmente se quedó en el Mengao. Bajo las órdenes de Jorge Jesús desplegó su mayor rendimiento. Es el jugador que más recuperaciones tiene de su equipo, el balance de un equipo de semblante ofensivo. Su dinámica es permanente y construye un escenario propicio para desatar el vendaval en ataque.

Gerson (22 años / 6 partidos – 1 asistencia)

El complemento perfecto de Arao. Si Arao brilla con su despliegue horizontal, Gerson se distingue por su verticalidad: puede saltar las líneas del rival tanto en conducción con su potente cambio de ritmo como con la precisión de sus pases. Un prodigio físico, box to box moderno, aporta remate desde media distancia y -custodiado por Arao- ataca con consistencia el área.

gerson aparece en el área y le entrega el gol a bruno henrique

Giorgian de Arrascaeta (25 años / 10 partidos – 1 gol – 2 asistencias)

Es el protagonista del pase más caro de la historia entre clubes brasileños: Flamengo desembolsó 15 millones de euros para quedarse con el mediocampista ofensivo que jugaba en el Cruzeiro. El uruguayo, mundialista en Rusia, ocupa la posición izquierda del mediocampo también a pierna cambiada. Su diestra es un peligro permanente, durante el juego y en cada pelota parada. A diferencia de Everton Ribeiro, de Arrascaeta se involucra menos en la gestación pero ataca con mayor consistencia el área.

Bruno Henrique (28 años / 12 partidos – 5 goles – 6 asistencias)

Desperdiciado como extremo izquierdo, Jesús lo reconvirtió en un segundo punta que causa estragos gracias a su velocidad y su lectura para tomar la decisión correcta en el momento indicado. Construyó una sociedad ideal con Gabriel Barbosa, principalmente como punta de lanza para horadar la línea defensiva del rival. Ejecuta con precisión a una altísima velocidad gracias a su insondable talento. Es una preocupación permanente para los centrales rivales que no consiguen domarlo. Además se ha ganado un aura místico después de sus intervenciones decisivas en los últimos cruces coperos. Aportó 31 dianas en 56 partidos durante la temporada.

Gabriel Barbosa (23 años / 11 partidos – 7 goles – 2 asistencias)

Un goleador formidable que se fue rápido a Europa después de romper redes con el Santos. Sin lugar en el Inter después de varias actuaciones decepcionantes, salió cedido primero al Benfica, después al Santos y por último al Flamengo. En el Mengao se convirtió en ídolo y referente de un equipo que sueña con la Libertadores. Indomable a campo abierto en sociedad con Bruno Henrique, en los ataques funcionales suele retroceder para involucrarse como un eslabón más del fútbol mengao, de espaldas al área y lejos de los centrales. Ostenta un repertorio insondable de recursos para definir. Evolucionó en su juego, convertido en centrodelantero y con una capacidad formidable de aguantar y proteger la pelota de espaldas al arco. Es el máximo goleador del Brasileirao (22), de la Copa Libertadores (7) y acumula 38 tantos en 2019.

Gabriel barbosa recibe de espaldas, gira y clava la daga para el gol de bruno henrique
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