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Los Palmeras fueron la banda sonora de los 40.000 hinchas de Colón que cruzaron la frontera paraguaya rumbo a la tierra prometida en busca de un sueño que terminó en frustración: en el paso aduanero del Puente Internacional San Ignacio de Loyola un fanático con un bafle bluetooth al hombro ingresó a las oficinas para cumplir con su trámite y pasó la frontera cantando, medio cuerpo afuera por la ventana de su auto, con el mismo bafle ocupando un asiento trasero y asegurado por el cinturón de seguridad.

“Es música obligada en toda previa. Vas a una reunión o te encontrás con un grupo de gente de Colón y siempre está sonando en algún auto”, explica Francisco Carballo, uno de los tantos sabaleros que se emocionó durante la apertura de la final de la Copa Sudamericana frente a Independiente del Valle. Como en toda previa, sonaron Los Palmeras.

Fueron apenas dos minutos de show de la banda santafesina, después de los ecuatorianos La Vagancia y antes de Luis Fonsi. Primero sonó su clásico Bombón Asesino pero fue El Sabalero el tema que desató el momento más emotivo de la noche para las 35 mil almas que convirtieron al Estadio General Pablo Rojas en una embajada del Cementerio de los Elefantes. La voz de Rubén Deicas y el llanto de los hinchas recorrió rápidamente el mundo en la enésima demostración de que el fútbol es más que fútbol.

Es Darío Genolet, un hombre que se secaba como podía las lágrimas, quien se convirtió en la cara de la emoción. “Son 38 años de ver a Colón. Me acordé de los viajes, de las copas y de las finales perdidas. Voy a la cancha desde los dos años”, confesó a Aire de Santa Fe. Genolet no iba a viajar pero su padre le insistió: “Lo que vas a vivir vos, no lo vio nadie. Son cientos de generaciones que murieron sin ver a Colón campeón”.

La letra no suena todos los fines de semana en el Cementerio de los Elefantes. “Es un tema muy conocido de ellos, con la letra adaptada a Colón”, advirtió Carballo. La versión pertenece al Lado A del disco Fiesta Descontrolada, un enganchado de marchas futboleras dedicado al club para celebrar su ascenso a Primera División después de haber vencido a a San Martín de Tucumán en la final del reducido por el segundo boleto a la máxima división.

En 1997 lanzaron una nueva versión del tema: El Parrandero apareció por primera vez como la sexta canción del disco Un toque diferente de 1997 y se convirtió en un sencillo emblemático de Los Palmeras.

Los Palmeras son una de las bandas históricas de la cumbia santafesina. Identificados con Colón, también cumplieron su sueño en la final de la Copa Sudamericana. Vestidos de rojo y negro, sonorizaron el capítulo más glorioso de la historia de su club aunque Independiente del Valle se quedó con el trofeo por 3-1. 40 mil razas, una misma voz, atronaron en la Nueva Olla: “Yo soy sabalero”.

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Fútbol

La situación de Messi en Barcelona: Abidal, Setién y el contrato

Escuchá el Lado Baldo Daily del 13 de febrero de 2020. ¿Qué pasará con el crack rosarino?

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Lionel Messi podcast

El año no empezó de la mejor manera en Barcelona: más allá de seguir dando pelea en Liga y con vida en la Champions League, las eliminaciones en semifinales de la Supercopa de España (Atlético de Madrid) y cuartos de final de Copa del Rey (Athletic Bilbao) sacudieron al mundo blaugrana. Se fue Ernesto Valverde y llegó Quique Setién, pero la dinámica no cambió demasiado. Para colmo, Eric Abidal, director deportivo del club, lavó los trapos sucios fuera de casa e hizo estallar a Lionel Messi. ¿Qué pasará con Leo en junio de 2020? Todos se lo preguntan en Europa, más allá de los resultados que siempre pueden torcer los planes. El invierno catalán dejó varios heridos en el Camp Nou, y de eso hablamos en el primer Lado Baldo Daily, un podcast más corto que los audio-documentales con el foco puesto en el análisis de los especialistas.

“La situación de Messi en Barcelona” está disponible en Spotify y otras plataformas de podcast, además de nuestro canal de Youtube.

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Fútbol

Martin Ødegaard: el segundo tren

Fue un niño prodigio pero su carrera estuvo a punto de truncarse en el Real Madrid. Regresó en silencio a España y ahora brilla a kilómetros del Bernabéu.

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Martin Ødegaard comprobó en primera persona que todo, la fama y el fracaso, es atropellado y desmedido en la vida de los prodigios: “A veces es duro (ser Ødegaard). Como empecé tan joven, existían expectativas irreales. Se han dicho mentiras sobre mí, cosas locas. Pero cuando estoy jugando al fútbol es cuando más disfruto de la vida. Es lo más importante para mí. Quiero hacer todo lo posible para alcanzar mi potencial”.

Fue el futbolista más precoz en debutar en la primera de Noruega en enero de 2014, con apenas 15 años y 118 días, frente al Aalesund. 25 partidos, 5 goles y 7 asistencias después, tras consumar su presentación con la selección mayor de su país, ya se había transformado en una estrella global cuando aún no había superado el ecuador de su adolescencia.

Los gigantes europeos se disputaban al pequeño genio con un juego de seducción que se repetía día tras día en el tour del nuevo rockstar noruego: lo invitaban a entrenar, lo tentaban con los lujos de sus instalaciones, lo hipnotizaban con su historia y lo cautivaban con sus figuras antes de extenderle una propuesta económica.

Durante sus nueve meses con el humilde Strømsgodset, más de treinta ojeadores viajaron a Drammen para evaluar en persona sus condiciones. Eran los primeros días de la guerra moderna que actualmente afrontan los magnates del Viejo Continente: el objetivo es llegar antes a las gemas ocultas.

Liverpool, Arsenal, Bayern Munich, Barcelona, Manchester United y Manchester City se arrodillaban ante el Messi vikingo. Los clubes más grandes del mundo rezaban por la decisión de un chico que aún no había cumplido la mayoría de edad. Aunque su físico lógicamente era endeble para ganarse un lugar en el máximo nivel, su talento era insondable.

Martin es el hijo de Hans Erik Ødegaard, quien había sido jugador profesional y por entonces ejercía como asistente en el Mjøndalen IF. Además de sus responsabilidades parentales, Hans Erik era su consejero y su representante. Después de reunirse con un grupo de agentes, había llegado a una conclusión que le transmitió a Martin: “Elegi un equipo como el Ajax, será lo mejor para vos”.

El plan de Hans era continuar con la progresión de su hijo en un club sin grandes presiones, en una de las mejores academias de desarrollo del mundo. El Stuttgart alemán apareció como alternativa: sería traspasado a un equipo de mitad de tabla de la Bundesliga y regresaría a préstamo a Noruega.

Pero Martin no escuchó. Nueve meses después de su presentación en sociedad con el Stromsgodset fue transferido al poderoso Real Madrid a cambio de cuatro millones de libras. Ya no era un proyecto: ahora pertenecía a la constelación del club más importante del planeta. Desde ese día en que Emilio Butragueño le dio la bienvenida a un nene con marcas de acné en su cara, Ødegaard se enfrenta a un fantasma bajo una presión asfixiante: la desagradable perspectiva de ser siempre juzgado por lo que pudo haber sido, no por lo que es.

“El plan no era ir directamente al primer equipo. Sabía que me iba a tomar tiempo”, reconoció Ødegaard en una entrevista reciente con ESPN. Su experiencia terminó en decepción. Pese a su inscripción en la Champions League, rápidamente fue alineado a las filas del Castilla bajo las órdenes de Zinedine Zidane.

Naturalmente inmaduro, confundido por el exitismo en torno a su figura y la fama relampagueante de los genios prematuros, exigía mayor participación y rápidamente empezaron los problemas con sus compañeros. El recelo era evidente: el noruego cobraba casi un millón de euros de salario y en el vestuario garantizaban que jugaba por decreto. El idioma también representaba una barrera infranqueable.

Jamás pudo acostumbrarse a sus compañeros, a la Segunda B ni al Castilla. Disputó 62 encuentros y aportó cinco goles en apenas dos años con el filial, una aventura cargada de negatividad. Con el primer equipo, apenas sumó dos pretemporadas, 32 minutos por liga y 90′ por Copa del Rey. La nueva joya se había convertido en un paria. Tampoco hubo paciencia con su talento: arribó con 16 años como el mayor prospecto del fútbol internacional y con 18 fue juzgado como un fracaso. En enero de 2017, convencido por su padre, se fue a préstamo a Holanda.

Su primera experiencia fuera de Madrid, con altibajos, fue en el Heerenveen durante 18 meses. Después de una pretemporada con Julen Lopetegui, volvió a marcharse rumbo al Vitesse: sumó minutos, explotó como extremo por derecha y fue el único integrante del equipo ideal de la temporada en no vestir la camiseta del Ajax ni del PSV. “Aún no hemos hablado con el Madrid y no se qué pensarán de mí. Lo realmente importante para mi formación es tener minutos y en el Madrid se que eso es difícil”, asumía como demostración de su madurez.

Regresó en silencio a España, después de la peor temporada del Real Madrid en la última década. Zinedine Zidane había regresado al club y su rendimiento en el fútbol holandés le auguraba mayores chances en la Casa Blanca. Sin embargo, y tras extender su vínculo hasta 2023, volvió a irse cedido como otras joyas que el Merengue tiene diseminadas por el continente: Achraf Hakimi en Borussia Dortmund, Sergio Reguilón en Sevilla, Dani Ceballos en Arsenal, Jesús Vallejos en Wolverhampton, Takefusa Kubo en Mallorca y Andriy Lunin en Valladolid.

En su horizonte aparecieron tres opciones: Ajax, Bayer Leverkusen y Real Sociedad. “Hubo muchos equipos interesados, pero para mí es importante tener la sensación de que el club realmente me quiere y de que su estilo de fútbol se adapta a mis características. Este tipo de cosas son más importantes que jugar la Champions League en esta etapa de mi vida. Es más importante el entrenador, la filosofía y el proyecto. Eso fue realmente lo que me inspiró para venir aquí. Sentí que el proyecto era perfecto para mí. Acostumbrarme a la liga y al lenguaje. Era la combinación perfecta para mí”, detalló en ESPN.

Ya nadie esperaba nada de Ødegaard cuando aterrizó en San Sebastián y rubricó su firma en un vínculo de dos años. Muchos lo consideraban una causa perdida pese a sus jóvenes 20 años. Pero en Anoeta estaban convencidos de que era la pieza que podía transformar a la Real Sociedad en un equipo competitivo. El tiempo le dio la razón a la arriesgada apuesta: es el epicentro de un equipo que marcha en quinta posición en La Liga de España. Ødegaard fue premiado como el mejor jugador de España durante el mes de septiembre.

Más allá de su notable y lógica evolución futbolística, Martin es otro. Domó su carácter y dispuso su talento al servicio del equipo. Su compromiso es absoluto y lo demuestra en el día a día, según su entrenador Imanol Alguacil: “Es un chico que sabe lo que quiere y lo que cuesta, y es un ejemplo para todos nuestros jugadores porque es un futbolista con mucho talento y ese talento lo trabaja todos lo días. Trabaja además todo lo demás, está bien que el resto de compañeros aprecien también su compromiso y trabajo, y él se lo ha ganado. Sabe lo que quiere y está habituado a esto, para nada eso le va a hacer descentrarse”.

“Aún es muy joven aunque parezca un veterano. Sigamos ayudándolo a crecer con paciencia, perseverancia y afecto”, reflexionó el director deportivo Roberto Olabe.

Ødegaard, quien después de cada entrenamiento extiende sus jornadas en el gimnasio, está feliz: “Siento que estoy creando más ocasiones, corriendo más, siendo más fuerte físicamente y que esto es parte de mi crecimiento como jugador. Por supuesto que quiero jugar en el Real Madrid, pero todavía soy joven, así que en este momento estoy feliz acá. Estaré dos años y luego veremos“.

En Anoeta sueñan con la promesa del vikingo para sorprender en una liga monopolizada por Barcelona y Real Madrid durante la última década. El camino será largo y espinoso, pero el noruego es el líder del equipo más vistoso de la incipiente temporada del fútbol español.


Ødegaard fue humilde, admitió su error, dio un paso atrás y regresó fortalecido a España. Después de actuaciones sobresalientes con las camisetas de la Real Sociedad y de la Selección de Noruega, la prensa comenzó a especular con su potencial candidatura al Balón de Oro. Al margen del exitismo, Martin realmente está siendo uno de los mejores jugadores de Europa. Absolutamente determinante, le agregó madurez e inteligencia a su talento natural. No es solo su espectacularidad la que atrapa: el noruego despliega un entendimiento acabado y general de cada una de las facetas del juego.

Su posición

“No sé cuál es mi posición favorita. Estoy jugando como 10 o como 8 en el centro del campo. Realmente no me importa. Solo quiero jugar donde el entrenador quiera que juegue. Para mí, no es tan importante: puedo jugar en un lado, en el medio, atrás, más adelante. Para el futuro, me veo más como un mediocampista que como un extremo. Depende del sistema. Si jugás con 4-4-2, los extremos juegan más como centrocampistas, si jugás con un 4-3-3, los extremos son más atacantes. Así que me veo como mediocampista”, explicó sobre su puesto actual.

Es cierto: puede ocupar diferentes posiciones con total naturalidad. En la formación de Alguacil ocupa la posición de interior derecho en el 4-3-3. En Noruega, cuya fisonomía habitual es un 4-4-1-1, ocupa la posición de mediapunta, moviéndose con total libertad por detrás del único nueve y retrocediendo como un quinto mediocampista cuando su equipo se repliega.

En ataque

Ødegaard es el amperímetro y el GPS de cada una de las avanzadas de su equipo. Hipotecó su insondable talento al servicio del colectivo y se transformó en el alma de la Real Sociedad y de Noruega, dos conjuntos que juegan a su ritmo. Con su perfil zurdo, siempre desde la derecha, goza de mayor panorama para encontrar el pase correcto.

Director de orquesta, es su usina futbolística. El inicio de todo. No importa su posición en la cancha porque no puede vivir sin la pelota: interior, mediapunta o segundo delantero, bajará hasta los centrales para involucrarse en la gestación y empezar a elaborar, pase a pase, el camino hacia el arco rival involucrándose en diferentes alturas del campo. Es capaz de desatar una jugada que él mismo define, como en el triunfo frente a Mallorca.

Frente al Atlético Madrid de Diego Simeone montó un monólogo inusitado y vapuleó casi en soledad a un Atleti deslucido como pocas veces en el ciclo del Cholo. Fue el noruego quien inauguró el marcador.

Cuando retrocede hasta tres cuartos de su propio campo, se adueña de la salida ordenada e innegociable, especialmente en su Real Sociedad. Cuando recibe de espaldas al campo rival, es la calma que antecede al huracán. Gira con facilidad para cualquiera de sus dos costados y desata el caos aunque su primer pase parezca estéril: es el puntapié inicial para marcar el camino de una jugada que inevitablemente terminará siendo peligrosa para el rival de turno.

Ødegaard juega como si hubiera visto el futuro gracias a su visión para ordenar el sentido de cada ataque. Cuando recibe en la mitad de la cancha, sus opciones son múltiples: puede tocar hacia un costado para integrar compañeros a su incursión o para desconcertar al adversario hasta que detecte el carril indicado para clavar una daga en profundidad. Si no encuentra a un socio en condiciones de superioridad, puede guardarse la pelota durante tanto tiempo como haga falta.

Aunque puede saltar la presión con gambetas en situaciones de uno contra uno, casi siempre optará por un pase. Toca continuamente hasta descifrar el momento indicado, hasta encontrar aquellos pasillos que son imperceptibles para el ojo humano. Su efectividad, en corto y en largo, es sorprendente.

Pases en La Liga: 381 concretados en 450 intentos (84.66%)

Una de las características distintivas de Ødegaard es que siempre recibe en ventaja, con espacio, con tiempo y con comodidad. Su despliegue permanente e incansable, su lectura y su inteligencia le permiten encontrar huecos en cada escenario. Su interpretación del juego, con y sin la pelota, es de élite. Su crecimiento táctico ha sido sustancial.

Otra virtud singular del joven noruego es que se acomoda a la perfección a cualquier escenario. Puede ser letal en ataques estacionados frente a rivales que se abroquelan o mortífero para dinamitar con su velocidad, su criterio y sus conducciones los espacios que permite un rival ofensivo. España lo sufrió en carne propia y Ødegaard fue capaz de generar múltiples chances en situaciones de aparente desventaja.

  • Ødegaard vs España: 65 toques. 39 pases (90% de efectividad)
  • Ødegaard vs Atlético de Madrid: 77 toques. 44 pases (84% de efectividad)

Se ha convertido en una amenaza indefendible en el último tercio de la cancha gracias a sus pases en filtrado y su creciente cuota goleadora. Llega con consistencia al área y, aunque su nula utilización de la derecha le saca posibilidades en la definición, su influencia ha sido determinante: participó en seis de los trece goles del Txuriurdin en el torneo local.

La pelota parada es propiedad exclusiva de Ødegaard: cada corner o tiro libre es una situación de peligro real para su enemigo. Su zurda es una delicia, precisa y perniciosa. Su único déficit es, a fin de cuentas, su diestra.

En defensa

La disciplina es su rasgo más sorprendente. Un talento como el suyo tiende a ser díscolo, pero el noruego acepta el plan de su entrenador y se sacrifica para cumplirlo a la perfección. Ødegaard nunca está en reposo. Semejante despliegue demuestra su evolución física, ahora si a la altura del primer nivel europeo.

Su actuación frente a España fue una demostración cabal de su crecimiento en el apartado defensivo. Noruega recibió a España en la última jornada eliminatoria rumbo a la Euro 2020 con una propuesta simple pero efectiva: ejercer una presión alta ante la primera línea de salida y replegarse rápidamente en un bloque bajo si lograban quebrar esa presión inicial.

Ødegaard detectó a la perfección cuando activar su tensión sobre los centrales y cuando retroceder. En el bloque bajo, ejerció una marca personal sobre Sergio Busquets para evitar que tomara contacto con la pelota. Su función fue determinante en el empate agónico frente a España. También fue el líder en ese apartado, entregándose por la causa de un país que sueña con volver a un Mundial después de 24 años a un Mundial y tras dos décadas a un certamen continental.


Martin Ødegaard comprobó en primera persona que todo, la fama y el fracaso, es atropellado y desmedido en la vida de los prodigios pero pudo resurgir del ostracismo al que estaba destinado. Tenía 16 años cuando el tren pasó por primera vez e intentó subirse sin éxito. Con 20, entre sus clases de español y sus partidas de Fornite, capitalizó su segunda oportunidad: “Estoy orgulloso de que el Real Madrid no pagase mucho por mí. Es una locura las cifras a las que se llega hoy en día. Siento que no valgo ese dinero, es demasiado”.

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Fútbol

Lado Baldo S01E01: Los días de Román

Juan Román Riquelme hizo gozar durante tres años al Villarreal de España.

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Juan Román Riquelme es el mejor jugador de la historia del Villarreal. Mientras combate en otras trincheras, viajamos al pasado para recorrer aquellos años inolvidables en este estreno de Lado Baldo, el podcast-documental de vedobleve.com

https://open.spotify.com/episode/7KWc6cumJMxVKqqPDn4vm8

Invitados

Rodolfo Arruabarrena, referente histórico del Villarreal que compartió equipo con Riquelme. 

Javier Pérez (@javperez11), periodista de El País. 

Abrahán Guirao (@TurboLover1984), integrante del podcast Riquelmes y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Unai Macias (@UnaiMacias), periodista e integrante del podcast Riquelme y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

El podcast documental “Los días de Román” está disponible en Spotify y otras plataformas de podcast, además de nuestro canal de Youtube.

Los momentos inolvidables de Román en Villarreal

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