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Fútbol

Flamengo campeón: el mundo en dos jugadas

El Mengao consiguió su segunda Copa Libertadores en una definición dramática.

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Si Flamengo iba a conquistar la segunda Copa Libertadores de su historia, exactamente 38 años después de ganar la primera, tenía que ser así. Si River, la dinastía sudamericana del último lustro, iba a perder una final tenía que ser así. El Millonario de Marcelo Gallardo maniató al indomable Mengao de Jorge Jesús, lo redujo a su mínima expresión, Rafael Santos Borré capitalizó un error defensivo y durante 89 minutos construyó méritos para quedarse con su quinto trofeo continental.

Pero Flamengo obró el milagro: su peor jugador de la tarde convirtió dos goles en tres minutos. Las dos dianas de Gabriel Barbosa, Gabigol para la ocasión, dinamitaron las ilusiones riverplatenses. El fútbol es así, lo sabe Filipe Luis y lo explicó a la perfección, sobre el campo de juego, ni bien consumada su consagración: “Jugamos muy mal, esa es la verdad. Si me preguntas si merecíamos la copa, tengo que ser honesto, diría que no. River hizo todo para ganarla, fue un gran equipo que nos cortaba todo, pero tal vez el destino tenía la gloria preparada para nosotros. Así es el fútbol”.

River borra a Flamengo

Marcelo Gallardo volvió a descifrar el antídoto para frustrar la ingeniería de un rival aplastante. La clásica presión alta de River interrumpió los circuitos de juego de un Flamengo que no tenía un plan alternativo. En cuatro meses, Jorge Jesús consiguió la utopía de afianzar una identidad que generalmente necesita más tiempo pero le faltaron semanas para diseñar un segundo sistema.

Las virtudes del Millonario desnudaron un sistema defensivo endeble que, sin la pelota ni la posibilidad de dominar a partir de la posesión, nunca resolvió la asfixiante presión alta riverplatense. Con las líneas adelantadas, River propuso duelos individuales en campo contrario para domar a los laterales e impedir su proyección. En una mitad de cancha atiborrada, Rafinha, Rodrigo Caio, Pablo Marí y Filipe Luis no encontraban desahogo. Los movimientos de salida habituales, con Willian Arāo metido entre los centrales abiertos para empezar a construir su avanzada, eran imposibles de ejecutar. El pelotazo en largo, fuera del libreto habitual, era la única solución.

Flamengo estaba incómodo pero no claudicaba: arriesgaba, sin éxito desde el fondo, jugada tras jugada. Sin embargo, le faltaba tensión, superado por el contexto, el escenario y principalmente por el rival. Todas las divididas eran de River. El carácter probado en múltiples finales, la mística construida durante el último lustro, marcaba la diferencia.

Mientras Rafinha duplicaba y triplicaba sus esfuerzos para superar líneas en conducción, la espalda de Filipe Luis era una invitación para un River que lastimaba por su flanco derecho. En el tercer ataque consecutivo por su sector llegó el gol en una jugada clásica del conjunto riverplatense: Enzo Pérez recuperó en tres cuartos, encaró y filtró un pase para Nacho Fernández que lanzó el centro atrás. Borré aprovechó la confusión de un área colmada de camisetas rubro-negras para recibir, girar y marcar el 1-0.

Con la ventaja en el marcador, River se adueñó definitivamente del trámite. Flamengo estaba desconcertado y no encontraba una solución. Jorge Jesús se enfurecía en el banco de suplentes porque Gabriel Barbosa no participaba pero era una víctima más de la superioridad Millonaria durante un primer tiempo en el que el Mengao no conseguía desplegar su arsenal ofensivo.

No fue un primer tiempo perfecto porque le faltó ser más incisivo. El despliegue descomunal de Exequiel Palacios, Nicolás De la Cruz y Borré condicionaba al Flamengo pero el equipo de Gallardo reprodujo las falencias ofensivas que evidenció durante todo el semestre: la ausencia de un creativo le impidió exprimir al máximo cada pérdida del elenco brasileño. Enzo Pérez, en una de las mejores producciones de su carrera, fue el metrónomo rojiblanco. Todo, como siempre durante el último año, pasaba por él.

River limitó y desdibujó a Flamengo pero le faltó pericia para liquidar a un rival al borde del nocaut. En un primer tiempo de guión similar a aquel clásico frente a Racing por la Superliga, al Millonario le faltó desplegar su versión más sanguinaria. Rodrigo Caio, Pablo Marí y Willian Arao sostuvieron una resistencia in extremis.

Diego como respuesta

El segundo tiempo ofreció un semblante similar aunque el desgaste de la incesante presión desplegada durante la primera etapa empezó a pasarle factura a un River que, aunque no producía en cantidad, tenía el partido bajo control. Parecía la tarde indicada para el gigante argentino cuando Franco Armani apareció en todo su esplendor para obrar su enésimo milagro ante Éverton Ribeiro en la primera jugada colectiva de Flamengo en todo el partido.

Para colmo, justo cuando Gerson empezaba a influir en el partido, el crack sufrió una lesión y tuvo que salir de la cancha. Era la peor noticia para Jorge Jesús: con su impresionante facilidad para proteger la pelota, había asumido el liderazgo de su equipo. Todas las señales eran negativas para Flamengo. Pero desde el banco emergió Diego, con sus 34 años a cuestas, y reescribió la historia.

El ex Juventus y Atlético Madrid hizo gala de su experiencia y jerarquía para asumir la conducción en el momento más caliente del partido, justo cuando la hinchada más numerosa del mundo empezaba a dudar. Bajo su dirección, apuntalado por Willian Arao, creció su equipo. Por primera vez, después de setenta minutos, Flamengo se instaló con consistencia en el campo contrario: Bruno Henrique recibía con ventaja de frente al arco y Éverton Ribeiro había encontrado a un socio que lo auxiliara en la gestación.

Mientras tanto, River empezaba a fundirse. Los últimos quince minutos, aunque con dificultades en el último tramo, el Mengao sometió a la formación de un Gallardo que no encontró respuestas en los cambios. Primero sacó a Nacho Fernández por Julián Álvarez, después confió en Lucas Pratto para ocupar el lugar de Borré y finalmente se vio forzado a reemplazar a Milton Casco con Paulo Díaz. Tal vez por primera vez en su ciclo, su mano fue contraproducente para un equipo que perdía cada vez más terreno.

“Nos faltó defendernos con la pelota de mejor manera y nada más. Estas son las derrotas que duelen, porque estuviste a nada de quedarte con el trofeo, y se te escapa. Y eso genera angustia. Nos ha tocado ganar muchas veces, y cuando te toca perder hay que saber hacerlo”, reflexionó después del partido.

Diego marcaba el pulso. Un pase en profundidad suyo y una arremetida de Bruno Henrique condicionaron a Enzo Pérez, amonestado a los 70′ después de otra infracción, un recurso sistemático para interrumpir la avanzada rival. Cinco minutos más tarde, Diego robó en campo propio y escaló hasta el área en una jugada que terminó con una chilena de Giorgian de Arrascaeta. Inmediatamente, siempre Diego, filtró un pase por la izquierda para encontrar a Gabriel Barbosa en soledad. Sin convicción, en una tarde para el olvido, lanzó un centro débil que terminó en frustración.

Gabriel Barbosa había sido el peor de los 87 minutos iniciales. Desconectado, fuera de tiempo, encarcelado por Javier Pinola y Lucas Martínez Quarta, casi no participó. Cada una de sus intervenciones terminaba en decepción. Su producción en la final parecía una frustración más en su carrera. Pero cuando ya nadie creía, Gabigol mantuvo intacta su fe, apareció por el segundo palo para empatar y aprovechó el primer error de la dupla central para el segundo.

Giorgian de Arrascaeta construyó el primer gol: le robó la pelota a Lucas Pratto en su propio campo y le sirvió el 1-1 a Gabigol después de una fantástica arremetida de Bruno Henrique. El delantero brasileño, reconvertido después de vivir toda una vida en el extremo izquierdo, fue merecidamente premiado como el mejor jugador de la Copa Libertadores.

El empate agónico hundió a un River sin reacción. Pinola falló en el cálculo ante un pelotazo de Diego y Gabigol, optimista como pocos, impuso su fortaleza física y castigó con un poderoso zurdazo que reescribió su historia, la historia de su club, en tres minutos. En su zurda vivía el milagro del Flamengo campeón.

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Fútbol

Martin Ødegaard: el segundo tren

Fue un niño prodigio pero su carrera estuvo a punto de truncarse en el Real Madrid. Regresó en silencio a España y ahora brilla a kilómetros del Bernabéu.

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Martin Ødegaard comprobó en primera persona que todo, la fama y el fracaso, es atropellado y desmedido en la vida de los prodigios: “A veces es duro (ser Ødegaard). Como empecé tan joven, existían expectativas irreales. Se han dicho mentiras sobre mí, cosas locas. Pero cuando estoy jugando al fútbol es cuando más disfruto de la vida. Es lo más importante para mí. Quiero hacer todo lo posible para alcanzar mi potencial”.

Fue el futbolista más precoz en debutar en la primera de Noruega en enero de 2014, con apenas 15 años y 118 días, frente al Aalesund. 25 partidos, 5 goles y 7 asistencias después, tras consumar su presentación con la selección mayor de su país, ya se había transformado en una estrella global cuando aún no había superado el ecuador de su adolescencia.

Los gigantes europeos se disputaban al pequeño genio con un juego de seducción que se repetía día tras día en el tour del nuevo rockstar noruego: lo invitaban a entrenar, lo tentaban con los lujos de sus instalaciones, lo hipnotizaban con su historia y lo cautivaban con sus figuras antes de extenderle una propuesta económica.

Durante sus nueve meses con el humilde Strømsgodset, más de treinta ojeadores viajaron a Drammen para evaluar en persona sus condiciones. Eran los primeros días de la guerra moderna que actualmente afrontan los magnates del Viejo Continente: el objetivo es llegar antes a las gemas ocultas.

Liverpool, Arsenal, Bayern Munich, Barcelona, Manchester United y Manchester City se arrodillaban ante el Messi vikingo. Los clubes más grandes del mundo rezaban por la decisión de un chico que aún no había cumplido la mayoría de edad. Aunque su físico lógicamente era endeble para ganarse un lugar en el máximo nivel, su talento era insondable.

Martin es el hijo de Hans Erik Ødegaard, quien había sido jugador profesional y por entonces ejercía como asistente en el Mjøndalen IF. Además de sus responsabilidades parentales, Hans Erik era su consejero y su representante. Después de reunirse con un grupo de agentes, había llegado a una conclusión que le transmitió a Martin: “Elegi un equipo como el Ajax, será lo mejor para vos”.

El plan de Hans era continuar con la progresión de su hijo en un club sin grandes presiones, en una de las mejores academias de desarrollo del mundo. El Stuttgart alemán apareció como alternativa: sería traspasado a un equipo de mitad de tabla de la Bundesliga y regresaría a préstamo a Noruega.

Pero Martin no escuchó. Nueve meses después de su presentación en sociedad con el Stromsgodset fue transferido al poderoso Real Madrid a cambio de cuatro millones de libras. Ya no era un proyecto: ahora pertenecía a la constelación del club más importante del planeta. Desde ese día en que Emilio Butragueño le dio la bienvenida a un nene con marcas de acné en su cara, Ødegaard se enfrenta a un fantasma bajo una presión asfixiante: la desagradable perspectiva de ser siempre juzgado por lo que pudo haber sido, no por lo que es.

“El plan no era ir directamente al primer equipo. Sabía que me iba a tomar tiempo”, reconoció Ødegaard en una entrevista reciente con ESPN. Su experiencia terminó en decepción. Pese a su inscripción en la Champions League, rápidamente fue alineado a las filas del Castilla bajo las órdenes de Zinedine Zidane.

Naturalmente inmaduro, confundido por el exitismo en torno a su figura y la fama relampagueante de los genios prematuros, exigía mayor participación y rápidamente empezaron los problemas con sus compañeros. El recelo era evidente: el noruego cobraba casi un millón de euros de salario y en el vestuario garantizaban que jugaba por decreto. El idioma también representaba una barrera infranqueable.

Jamás pudo acostumbrarse a sus compañeros, a la Segunda B ni al Castilla. Disputó 62 encuentros y aportó cinco goles en apenas dos años con el filial, una aventura cargada de negatividad. Con el primer equipo, apenas sumó dos pretemporadas, 32 minutos por liga y 90′ por Copa del Rey. La nueva joya se había convertido en un paria. Tampoco hubo paciencia con su talento: arribó con 16 años como el mayor prospecto del fútbol internacional y con 18 fue juzgado como un fracaso. En enero de 2017, convencido por su padre, se fue a préstamo a Holanda.

Su primera experiencia fuera de Madrid, con altibajos, fue en el Heerenveen durante 18 meses. Después de una pretemporada con Julen Lopetegui, volvió a marcharse rumbo al Vitesse: sumó minutos, explotó como extremo por derecha y fue el único integrante del equipo ideal de la temporada en no vestir la camiseta del Ajax ni del PSV. “Aún no hemos hablado con el Madrid y no se qué pensarán de mí. Lo realmente importante para mi formación es tener minutos y en el Madrid se que eso es difícil”, asumía como demostración de su madurez.

Regresó en silencio a España, después de la peor temporada del Real Madrid en la última década. Zinedine Zidane había regresado al club y su rendimiento en el fútbol holandés le auguraba mayores chances en la Casa Blanca. Sin embargo, y tras extender su vínculo hasta 2023, volvió a irse cedido como otras joyas que el Merengue tiene diseminadas por el continente: Achraf Hakimi en Borussia Dortmund, Sergio Reguilón en Sevilla, Dani Ceballos en Arsenal, Jesús Vallejos en Wolverhampton, Takefusa Kubo en Mallorca y Andriy Lunin en Valladolid.

En su horizonte aparecieron tres opciones: Ajax, Bayer Leverkusen y Real Sociedad. “Hubo muchos equipos interesados, pero para mí es importante tener la sensación de que el club realmente me quiere y de que su estilo de fútbol se adapta a mis características. Este tipo de cosas son más importantes que jugar la Champions League en esta etapa de mi vida. Es más importante el entrenador, la filosofía y el proyecto. Eso fue realmente lo que me inspiró para venir aquí. Sentí que el proyecto era perfecto para mí. Acostumbrarme a la liga y al lenguaje. Era la combinación perfecta para mí”, detalló en ESPN.

Ya nadie esperaba nada de Ødegaard cuando aterrizó en San Sebastián y rubricó su firma en un vínculo de dos años. Muchos lo consideraban una causa perdida pese a sus jóvenes 20 años. Pero en Anoeta estaban convencidos de que era la pieza que podía transformar a la Real Sociedad en un equipo competitivo. El tiempo le dio la razón a la arriesgada apuesta: es el epicentro de un equipo que marcha en quinta posición en La Liga de España. Ødegaard fue premiado como el mejor jugador de España durante el mes de septiembre.

Más allá de su notable y lógica evolución futbolística, Martin es otro. Domó su carácter y dispuso su talento al servicio del equipo. Su compromiso es absoluto y lo demuestra en el día a día, según su entrenador Imanol Alguacil: “Es un chico que sabe lo que quiere y lo que cuesta, y es un ejemplo para todos nuestros jugadores porque es un futbolista con mucho talento y ese talento lo trabaja todos lo días. Trabaja además todo lo demás, está bien que el resto de compañeros aprecien también su compromiso y trabajo, y él se lo ha ganado. Sabe lo que quiere y está habituado a esto, para nada eso le va a hacer descentrarse”.

“Aún es muy joven aunque parezca un veterano. Sigamos ayudándolo a crecer con paciencia, perseverancia y afecto”, reflexionó el director deportivo Roberto Olabe.

Ødegaard, quien después de cada entrenamiento extiende sus jornadas en el gimnasio, está feliz: “Siento que estoy creando más ocasiones, corriendo más, siendo más fuerte físicamente y que esto es parte de mi crecimiento como jugador. Por supuesto que quiero jugar en el Real Madrid, pero todavía soy joven, así que en este momento estoy feliz acá. Estaré dos años y luego veremos“.

En Anoeta sueñan con la promesa del vikingo para sorprender en una liga monopolizada por Barcelona y Real Madrid durante la última década. El camino será largo y espinoso, pero el noruego es el líder del equipo más vistoso de la incipiente temporada del fútbol español.


Ødegaard fue humilde, admitió su error, dio un paso atrás y regresó fortalecido a España. Después de actuaciones sobresalientes con las camisetas de la Real Sociedad y de la Selección de Noruega, la prensa comenzó a especular con su potencial candidatura al Balón de Oro. Al margen del exitismo, Martin realmente está siendo uno de los mejores jugadores de Europa. Absolutamente determinante, le agregó madurez e inteligencia a su talento natural. No es solo su espectacularidad la que atrapa: el noruego despliega un entendimiento acabado y general de cada una de las facetas del juego.

Su posición

“No sé cuál es mi posición favorita. Estoy jugando como 10 o como 8 en el centro del campo. Realmente no me importa. Solo quiero jugar donde el entrenador quiera que juegue. Para mí, no es tan importante: puedo jugar en un lado, en el medio, atrás, más adelante. Para el futuro, me veo más como un mediocampista que como un extremo. Depende del sistema. Si jugás con 4-4-2, los extremos juegan más como centrocampistas, si jugás con un 4-3-3, los extremos son más atacantes. Así que me veo como mediocampista”, explicó sobre su puesto actual.

Es cierto: puede ocupar diferentes posiciones con total naturalidad. En la formación de Alguacil ocupa la posición de interior derecho en el 4-3-3. En Noruega, cuya fisonomía habitual es un 4-4-1-1, ocupa la posición de mediapunta, moviéndose con total libertad por detrás del único nueve y retrocediendo como un quinto mediocampista cuando su equipo se repliega.

En ataque

Ødegaard es el amperímetro y el GPS de cada una de las avanzadas de su equipo. Hipotecó su insondable talento al servicio del colectivo y se transformó en el alma de la Real Sociedad y de Noruega, dos conjuntos que juegan a su ritmo. Con su perfil zurdo, siempre desde la derecha, goza de mayor panorama para encontrar el pase correcto.

Director de orquesta, es su usina futbolística. El inicio de todo. No importa su posición en la cancha porque no puede vivir sin la pelota: interior, mediapunta o segundo delantero, bajará hasta los centrales para involucrarse en la gestación y empezar a elaborar, pase a pase, el camino hacia el arco rival involucrándose en diferentes alturas del campo. Es capaz de desatar una jugada que él mismo define, como en el triunfo frente a Mallorca.

Frente al Atlético Madrid de Diego Simeone montó un monólogo inusitado y vapuleó casi en soledad a un Atleti deslucido como pocas veces en el ciclo del Cholo. Fue el noruego quien inauguró el marcador.

Cuando retrocede hasta tres cuartos de su propio campo, se adueña de la salida ordenada e innegociable, especialmente en su Real Sociedad. Cuando recibe de espaldas al campo rival, es la calma que antecede al huracán. Gira con facilidad para cualquiera de sus dos costados y desata el caos aunque su primer pase parezca estéril: es el puntapié inicial para marcar el camino de una jugada que inevitablemente terminará siendo peligrosa para el rival de turno.

Ødegaard juega como si hubiera visto el futuro gracias a su visión para ordenar el sentido de cada ataque. Cuando recibe en la mitad de la cancha, sus opciones son múltiples: puede tocar hacia un costado para integrar compañeros a su incursión o para desconcertar al adversario hasta que detecte el carril indicado para clavar una daga en profundidad. Si no encuentra a un socio en condiciones de superioridad, puede guardarse la pelota durante tanto tiempo como haga falta.

Aunque puede saltar la presión con gambetas en situaciones de uno contra uno, casi siempre optará por un pase. Toca continuamente hasta descifrar el momento indicado, hasta encontrar aquellos pasillos que son imperceptibles para el ojo humano. Su efectividad, en corto y en largo, es sorprendente.

Pases en La Liga: 381 concretados en 450 intentos (84.66%)

Una de las características distintivas de Ødegaard es que siempre recibe en ventaja, con espacio, con tiempo y con comodidad. Su despliegue permanente e incansable, su lectura y su inteligencia le permiten encontrar huecos en cada escenario. Su interpretación del juego, con y sin la pelota, es de élite. Su crecimiento táctico ha sido sustancial.

Otra virtud singular del joven noruego es que se acomoda a la perfección a cualquier escenario. Puede ser letal en ataques estacionados frente a rivales que se abroquelan o mortífero para dinamitar con su velocidad, su criterio y sus conducciones los espacios que permite un rival ofensivo. España lo sufrió en carne propia y Ødegaard fue capaz de generar múltiples chances en situaciones de aparente desventaja.

  • Ødegaard vs España: 65 toques. 39 pases (90% de efectividad)
  • Ødegaard vs Atlético de Madrid: 77 toques. 44 pases (84% de efectividad)

Se ha convertido en una amenaza indefendible en el último tercio de la cancha gracias a sus pases en filtrado y su creciente cuota goleadora. Llega con consistencia al área y, aunque su nula utilización de la derecha le saca posibilidades en la definición, su influencia ha sido determinante: participó en seis de los trece goles del Txuriurdin en el torneo local.

La pelota parada es propiedad exclusiva de Ødegaard: cada corner o tiro libre es una situación de peligro real para su enemigo. Su zurda es una delicia, precisa y perniciosa. Su único déficit es, a fin de cuentas, su diestra.

En defensa

La disciplina es su rasgo más sorprendente. Un talento como el suyo tiende a ser díscolo, pero el noruego acepta el plan de su entrenador y se sacrifica para cumplirlo a la perfección. Ødegaard nunca está en reposo. Semejante despliegue demuestra su evolución física, ahora si a la altura del primer nivel europeo.

Su actuación frente a España fue una demostración cabal de su crecimiento en el apartado defensivo. Noruega recibió a España en la última jornada eliminatoria rumbo a la Euro 2020 con una propuesta simple pero efectiva: ejercer una presión alta ante la primera línea de salida y replegarse rápidamente en un bloque bajo si lograban quebrar esa presión inicial.

Ødegaard detectó a la perfección cuando activar su tensión sobre los centrales y cuando retroceder. En el bloque bajo, ejerció una marca personal sobre Sergio Busquets para evitar que tomara contacto con la pelota. Su función fue determinante en el empate agónico frente a España. También fue el líder en ese apartado, entregándose por la causa de un país que sueña con volver a un Mundial después de 24 años a un Mundial y tras dos décadas a un certamen continental.


Martin Ødegaard comprobó en primera persona que todo, la fama y el fracaso, es atropellado y desmedido en la vida de los prodigios pero pudo resurgir del ostracismo al que estaba destinado. Tenía 16 años cuando el tren pasó por primera vez e intentó subirse sin éxito. Con 20, entre sus clases de español y sus partidas de Fornite, capitalizó su segunda oportunidad: “Estoy orgulloso de que el Real Madrid no pagase mucho por mí. Es una locura las cifras a las que se llega hoy en día. Siento que no valgo ese dinero, es demasiado”.

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Fútbol

Lado Baldo S01E01: Los días de Román

Juan Román Riquelme hizo gozar durante tres años al Villarreal de España.

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Juan Román Riquelme es el mejor jugador de la historia del Villarreal. Mientras combate en otras trincheras, viajamos al pasado para recorrer aquellos años inolvidables. 

Invitados

Rodolfo Arruabarrena, referente histórico del Villarreal que compartió equipo con Riquelme. 

Javier Pérez (@javperez11), periodista de El País. 

Abrahán Guirao (@TurboLover1984), integrante del podcast Riquelmes y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Unai Macias (@UnaiMacias), periodista e integrante del podcast Riquelme y Morlanes (@RiquelMorlanes). 

Los momentos inolvidables de Román en Villarreal:

La venganza de Román: Villarreal 3-0 Barcelona, un taco increíble para asistir a Diego Forlán

La mejor sociedad de la historia del Villarreal: Riquelme y Forlán destrozan a la Real Sociedad

Riquelme se escapa del Inter

El penal atajado por Jens Lehmann, el momento más triste de la carrera de Román

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Fútbol

El desembarco del súper-agente Bragarnik en el fútbol español

El representante argentino compró Elche, un club endeudado pero con un buen activo futbolístico

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Bragarnik

El escueto comunicado de prensa no dice mucho más que las formalidades del caso, pero resulta suficiente para darle el puntapié inicial a un nuevo proyecto en el fútbol español. “El Elche CF SAD comunica a todos los accionistas y a los aficionados en general que TENAMA INVERSIONES SL y SCORE CLUB 2019 SL, grupo inversor liderado por el empresario argentino Christian Bragarnik, han cerrado el acuerdo sobre la compraventa del paquete accionarial mayoritario del club. Con la mencionada operación, ambas partes esperan dotar al Elche CF SAD de los recursos necesarios para la estabilidad y crecimiento del Club”, cuentan. Así, se confirmó el desembarco: el súper-agente del fútbol argentino abrió sus oficinas en el sudeste ibérico.

El acuerdo se selló en las primeras horas de diciembre, pero la negociación se inició en el verano europeo y tuvo un punto llamativo en septiembre, en la previa de un partido de la selección argentina en Elche: Bragarnik apareció en un palco privado del estadio Martínez Valero junto a Daniel Angelici, presidente de Boca.

Por entonces, se sabía que el poderoso agente llevaba varias semanas en España negociando su entrada al club de Alicante. El hombre que llevó a Diego Maradona a Dorados de Sinaloa y que influyó en la posterior contratación por parte de Gimnasia y Esgrima se juntó con José Sepulcre, el máximo accionista del club ilicitano, y fue tejiendo una alianza hasta llegar al acuerdo definitivo. Eso sí, en el mercado de pases ya había dado un primer paso futbolístico: llevó al paraguayo Danilo Ortíz (exRacing, Godoy Cruz, Banfield y Dorados) con un acuerdo de “mínimo costo salarial” y “sin comisiones de por medio, y colaboró con dos millones de euros para poder inscribir el plantel en las oficinas de la Liga. Un claro mensaje de quién se hacía cargo de las contrataciones y el artilugio perfecto para saltar el control económico impuesto sobre el club de Segunda división.

Los principales reportes de la prensa española destacan una operación de 22 millones de euros por el 70% de las acciones de Sepulcre y el supuesto acuerdo ante dos causas que ponían en jaque la economía del club: la posible decisión de recuperación de dinero público de la Comisión Europea (4.1 millones de euros) y la causa judicial con la mercantil Eventos Petxina, que hasta noviembre tenía el derecho del 50% de los traspasos de Elche.

La gran incóngita es si Bragarnik llega solo junto al abogado Ricardo Pini (estuvo cerca de comprar Girona en 2015) o si también se suma Angelici como socio del grupo Score Club 2019. Este último termina su mandato como presidente de Boca este año y quedaría libre de poder sumarse al proyecto. Algo está claro: ya no causaría sorpresa.

Hoy con traje de “súper-agente” y ya con un pie en España, la carrera de Bragarnik tuvo su clic desde un videoclub, más allá de haber tenido un contacto efímero con el fútbol de ascenso, donde integró planteles e hizo inferiores como un volante de marca que sufría de las continuas lesiones. Trabajó en un supermercado chino, fue telefonista en una red de farmacias y después tuvo un videoclub, donde grababa partidos enteros y contaba con una envidiable videoteca. Un día armó un video de un jugador para un representante y después no paró más.

¿Qué objetivos tiene Bragarnik a corto plazo? El club necesita oxígeno en sus arcas y algo más de puntos en la tabla de Segunda. Al momento de la compra, Elche marcha séptimo, 27 puntos y a 12 del líder Cádiz. En la división de plata hay cierta paridad en el primer pelotón, con Almería, Huesca, Fuenlabrada y los siempre complicados Girona y Zaragoza dando pelea. Atrás de ese grupo está Elche, que tendría apuntar a tres o cuatro contrataciones clave durante el mercado invernal para apuntarle al ascenso o, al menos, a los playoffs (suben directo los dos primeros y del 3° al 6° buscan una tercera plaza).

Con el arribo de Bragarnik se produce la segunda inversión argentina en 2019 en el fútbol de España. El primero fue Antonio Caselli, quien tomó las riendas del Burgos CF, de Segunda B. Caselli desembarcó a mitad de 2019 y el consejo ya está presidido por Franco, su hijo. En la última asamblea no solo aprobaron el ejercicio anterior sino que también dieron luz verde al presupuesto más ambicioso de la historia reciente del club. Caselli invertirá 4.3 millones de euros y construirá una ciudad deportiva, con cinco canchas de fútbol, un gimnasio, un centro médico, un hotel y un restaurante. El Burgos, desde la tercera división, también quiere hacer ruido con una abultada billetera albiceleste.

Imperio Bragarnik: el informe especial de TyC Sports

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